¿Son demasiado altos los salarios en Uruguay?
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La pregunta aparece cada tanto en el debate económico uruguayo, a veces formulada de manera directa y otras bajo nombres cercanos: costos altos, Uruguay caro, pérdida de competitividad o rigideces del mercado laboral. En 2025, por ejemplo, la discusión sobre las pautas salariales volvió a poner sobre la mesa si los aumentos reales debían acompasarse más estrictamente a la productividad. La misma preocupación aparece en columnas y notas de prensa sobre competitividad: para algunos, Uruguay necesita salarios altos sostenibles; para otros, esto resta competitividad al país.[1]
Conviene evitar una respuesta rápida. La pregunta no es si el salario real creció, porque efectivamente creció; la pregunta más importante es si ese crecimiento parece haberse desacoplado de la capacidad de la economía para generar valor. Por otro lado, hay que resaltar que, si bien la situación puede variar según empresas y sectores, la pregunta de si los costos laborales en Uruguay son altos, es intrínsecamente macro, por lo que la respuesta debe centrarse en el agregado.
Veinte años de recuperación del salario real
La trayectoria de largo plazo tiene un punto de partida claro. Luego de la crisis del 2002, el salario real uruguayo cayó con fuerza y comenzó una recuperación sostenida desde 2004. Esa recuperación fue especialmente intensa en la primera década posterior a la crisis, en un contexto de crecimiento económico, reactivación del empleo, reinstalación de la negociación colectiva y mejoras del salario mínimo. Hacia 2014-2015 el ritmo se moderó, y entre 2020 y 2022 el salario real volvió a perder dinamismo, afectado por la pandemia, la inflación y la política salarial aplicada en ese periodo. Luego se observa una nueva fase de recuperación: según datos del INE el Índice Medio de Salarios Real acumuló una variación positiva de 2,26% en 2025. Mirado desde 2004, entonces, el poder de compra del salario medio está claramente por encima del piso de la salida de la crisis.
Gráfico 1. Salario real, horas asalariadas e índice de masa salarial.
Fuente: elaboración propia en base a INE y BCU.
El punto de comparación: salarios versus productividad
El crecimiento del salario real no alcanza, por sí sólo, para concluir que los salarios son demasiado altos. En una economía donde la productividad del trabajo aumenta, los salarios reales pueden crecer sin erosionar necesariamente la rentabilidad ni la competitividad. El problema aparece cuando las remuneraciones crecen de forma persistente por encima del valor que genera el trabajo, especialmente en sectores expuestos a la competencia internacional o con poco margen para trasladar costos a precios.
Evaluar la tendencia de los salarios en comparación con la productividad de los trabajadores es una tarea compleja que requiere de supuestos arbitrarios e información que es difícil homogeneizar. Una forma simple de aproximar esta relación es mirar la participación de la masa salarial en el producto.[2] Este indicador compara el salario real promedio con la productividad media del trabajo a nivel agregado y puede calcularse con datos de Cuentas Nacionales.[3] Si la participación salarial sube, el salario promedio sube más que el producto por trabajador, si baja, el escenario es el opuesto.
La evidencia agregada no respalda la conclusión de 'salarios desbordados' en los últimos años. La participación de la masa salarial en el PIB ha presentado una tendencia a la baja en la última década. En 2023 se recuperó parcialmente, pero todavía se ubicaba por debajo del nivel de 2019. La actualización difundida para 2024 ubicó la participación en torno a 40,1% del PIB, un nivel similar al de 2021 y menor al de 2019. El mismo indicador tiene valores similares en Argentina y Brasil.
Gráfico 2. participación salarial como aproximación a salarios respecto a productividad media.
Fuente: elaboración propia en base a datos de Cuentas Nacionales del BCU.
Lo agregado puede esconder diferencias sectoriales
La conclusión agregada debe leerse con cuidado porque las realidades sectoriales en Uruguay son bastante heterogéneas. Hay sectores con fuerte exposición externa, sectores no transables, ramas intensivas en capital, actividades muy reguladas y servicios donde la medición del valor agregado es más compleja. Por eso, aunque el promedio no muestre una presión salarial generalizada sobre el producto, puede haber ramas donde el salario haya aumentado más que la productividad o donde la rentabilidad se haya comprimido por otros costos.
La desagregación sectorial del indicador anterior refleja cierta heterogeneidad en el panorama. En la mayoría de los sectores sin embargo, la relación entre masa salarial y valor agregado se mantiene relativamente estable o cae entre 2016 y 2022. Esto ocurre, con distinta intensidad, en actividades como agropecuaria, pesca y minería; construcción; servicios financieros; actividades inmobiliarias; y algunas actividades profesionales y de arrendamiento. En industria manufacturera y transporte se observan movimientos relevantes, pero sin una tendencia ascendente. El caso que aparece más claramente al alza es energía eléctrica, gas y agua, aunque se trata de un sector con características muy particulares: alta intensidad de capital, fuerte presencia pública y precios regulados por el gobierno.[4]
Esta dispersión sectorial es clave para ordenar el debate. Si una empresa exportadora afirma que enfrenta costos laborales difíciles de sostener, esa experiencia puede ser real a nivel micro, aunque el promedio agregado no muestre un problema general. Pero también vale la inversa: casos puntuales de tensión no autorizan a concluir que el conjunto de los salarios uruguayos este por encima de la productividad.
Grafico 3. participación salarial por sector de actividad.
Fuente: elaboración propia en base a Cuentas Nacionales por sectores del BCU.
En suma
Los datos agregados no muestran que los salarios sean demasiado altos en Uruguay. Partiendo de niveles bajos en 2004, los salarios reales crecieron en las últimas dos décadas, pero la participación de la masa salarial en el producto no muestra un aumento sostenido que sugiera que el trabajo asalariado este absorbiendo una fracción cada vez mayor del valor generado. De hecho, la participación salarial acumula una reducción en la última década.
Esto no significa que cualquier aumento salarial sea inocuo. En una economía con productividad estancada en varios sectores, los salarios no pueden independizarse del crecimiento de la productividad sin efectos sobre empleo, informalidad, inversión o precios. Pero tampoco conviene invertir la causalidad: si Uruguay es caro o si algunos sectores pierden competitividad, no se deduce automáticamente que la causa principal sean los salarios. En el debate sobre costos pesan también la escala del mercado, la ubicación del país en las redes de comercio internacionales, el tipo de cambio real, tarifas, impuestos, logística y competencia internas, apertura comercial, regulaciones, tecnología, estructura empresarial y capacidad de innovación.[5]
La pregunta de fondo, entonces, debería desplazarse. En lugar de preguntar si los salarios son demasiado altos, conviene preguntar qué productividad, qué estructura de costos y qué modelo productivo se necesitan para sostener salarios altos. Un país de ingresos medios-altos no debería aspirar a competir por salarios bajos. El desafío es que el crecimiento de las remuneraciones descanse sobre mejoras persistentes de productividad, y no sólo sobre distribución, protección o puja nominal.
[1] Ver por ejemplo este ejemplo reciente.
[2] Si definimos el producto real como Y, el nivel de precios como P, el empleo como L, el salario medio nominal como w y la productividad media como A = Y/L, entonces la participación salarial puede expresarse como wL/(PY), o de manera equivalente como w/(P.A), por lo que refleja la relación entre el salario medio real y la productividad.
[3] El indicador combina salarios, empleo y horas trabajadas. Técnicamente, una caída de la participación puede deberse a salarios más bajos, menos empleo asalariado o menos horas, no necesariamente a una mejora genuina de productividad. No obstante, los indicadores de empleo total y de horas trabajadas no muestran cambios sustantivos en el período analizado.
[4] A nivel de sector, el uso de la masa salarial en el producto como aproximación al ratio salario/productividad, es más matizable aún dado que los sectores son bien diferentes en términos de cómo usan al factor trabajo. En particular la masa salarial excluye ingresos laborales de trabajadores independientes y puede subestimar parte del ingreso del trabajo en sectores con mucho cuentapropismo. No obstante, es importante recordar que el análisis hecho aquí se concentra en las tendencias temporales dentro de cada sector y no se hacen comparaciones entre sectores.
Tomado de Razones y Personas. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 No portada.