El Uruguay Afro Que Todavía Cuesta Ver
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La forma en que solemos contar nuestra historia dice mucho sobre cómo nos pensamos como país. Si uno le pidiera a una persona promedio que describiera el origen de Uruguay, probablemente escucharía una historia conocida: un país construido, sobre todo, por la inmigración europea. Quizás aparezcan también referencias a los pueblos indígenas, generalmente asociadas a un pasado remoto y casi desaparecido.
Mucho menos frecuente sería escuchar que Uruguay también es un país afrodescendiente. Sin embargo, hoy más de una de cada diez personas en Uruguay se reconoce como afrodescendiente. Y, mucho más importante aún, buena parte de nuestra historia, nuestra cultura, nuestra economía y nuestra formación como país no pueden entenderse sin la presencia afro.
Esa distancia entre la historia que solemos contarnos y la historia que realmente construyó al país ayuda a entender por qué las desigualdades raciales siguen siendo, para muchos, un problema secundario o ajeno. En gran medida, seguimos siendo una sociedad que no termina de verse a sí misma como realmente es.
Paradójicamente, mientras el imaginario colectivo seguía sin incorporar la desigualdad racial como un problema central del país, durante las últimas dos décadas el Estado uruguayo experimentó una transformación profunda en la forma de medirla, reconocerla y abordarla.
Julio, mes de la afrodescendencia en Uruguay, invita cada año a hacer un balance de ese recorrido. Un ejercicio necesario, que hoy extiendo desde el balance hacia la reflexión sobre la próxima etapa de la agenda de equidad racial en Uruguay.
Un Cambio Que Muchas Veces Pasa Desapercibido
Hace apenas dos décadas Uruguay casi no medía las desigualdades étnico-raciales. Durante buena parte del siglo XX predominó la idea de un país relativamente homogéneo, donde el racismo era visto como un problema ajeno o marginal. Si no existían datos, parecía difícil demostrar que existieran desigualdades persistentes.
Sin embargo, durante las últimas dos décadas ocurrió una transformación profunda dentro del Estado que pasó casi inadvertida para buena parte de la sociedad.
Primero, comenzó a incorporarse de forma sistemática la variable étnico-racial en las estadísticas oficiales. Por primera vez fue posible dimensionar con mayor precisión el peso de la población afrodescendiente en el país y las brechas que enfrentaba en educación, empleo, ingresos, salud y vivienda. Después llegaron las acciones afirmativas. La Ley 19.122, aprobada en 2013, reconoció explícitamente la discriminación histórica hacia la población afrodescendiente y estableció, entre otras medidas, cupos para el ingreso al empleo público y becas educativas. Paralelamente comenzaron a crearse espacios permanentes dentro del Estado dedicados específicamente a la equidad racial. Lo que inicialmente fueron pequeñas unidades dispersas evolucionó hacia una institucionalidad con mayor capacidad de coordinación, incluyendo un Consejo Nacional de Equidad Racial y Afrodescendencia y una división especializada dentro del MIDES con funciones de rectoría y transversalización de políticas. Finalmente, el país pasó de desarrollar acciones puntuales a pensar una agenda de largo plazo. El Plan Nacional de Equidad Racial y Afrodescendencia (2019-2022) dio lugar a un proceso de evaluación y actualización que hoy busca extender esa planificación hacia 2030, incorporando evidencia reciente, mayor trabajo territorial y coordinación entre educación, salud, empleo y vivienda.
Nada de esto ocurrió espontáneamente. Fue el resultado de décadas de movilización del movimiento afrodescendiente, de una creciente apertura institucional y de compromisos internacionales que Uruguay fue incorporando gradualmente.
En otras palabras, mientras buena parte de la sociedad todavía discuta si el racismo constituye un problema central del país, el Estado hace tiempo dejó de discutir su existencia y comenzó, con avances, limitaciones y muchas tareas pendientes, a construir herramientas para enfrentarlo.
Las Brechas Persisten
Los avances institucionales no significan que el problema haya desaparecido. Por el contrario, hoy sabemos mucho mejor dónde están las desigualdades, precisamente porque empezamos a medirlas. Los indicadores siguen mostrando diferencias importantes entre la población afro y no afro en pobreza, educación, empleo, calidad del trabajo y otras dimensiones del bienestar. En muchos casos las brechas se redujeron; en otros persisten con notable estabilidad. En todos, sin embargo, la conclusión es la misma: no se trata de una única desigualdad, sino de varias desigualdades que se refuerzan mutuamente.
Los datos muestran, por ejemplo, que la población afrodescendiente no se distribuye homogéneamente en el territorio. Como muestra la Figura 1, su presencia es particularmente importante en departamentos del norte y noreste del país: supera el 20% en Artigas y Rivera, alcanza entre el 12% y el 15% en Tacuarembó, Salto, Cerro Largo y Treinta y Tres, y también presenta una presencia significativa en Montevideo, donde distintos estudios han mostrado una mayor concentración en barrios periféricos (Johnson et al., 2019; Cabella, Nathan y Tenenbaum, 2013).
Figura 1. Porcentaje de la población con ascendencia afrodescendiente, por departamento (Censo 2023).
Fuente: MIDES (2025), con base en datos del Instituto Nacional de Estadística, Censo 2023.
Como muestra la Figura 2, la pobreza cayó de manera muy importante durante las últimas dos décadas para toda la población uruguaya, incluida la afrodescendiente. Sin embargo, la brecha no desapareció: en 2024 la incidencia de la pobreza continúa siendo aproximadamente el doble entre la población afro que entre la no afro.
Fuente: MIDES (2025), con base en datos de la Encuesta Continua de Hogares, Instituto Nacional de Estadística.
En momentos en que la pobreza infantil ocupa un lugar central en el debate público, vale la pena recordar que también tiene un fuerte componente étnico-racial. Como muestra la Figura 3, en 2024, la incidencia de la pobreza entre los menores de seis años afrodescendientes alcanzó el 45,9%, frente al 31,8% entre los no afro. Esa desigualdad no desaparece al crecer: la brecha permanece elevada durante toda la infancia y la adolescencia, y recién comienza a reducirse en la adultez.
Figura 3. Incidencia de la pobreza por grupos de edad, según ascendencia (2024).
Fuente: MIDES (2025), con base en datos de la Encuesta Continua de Hogares, Instituto Nacional de Estadística.
Reducir esta discusión únicamente a la pobreza sería un error. Las brechas aparecen de manera consistente en prácticamente todos los indicadores sociales y comienzan mucho antes del mercado de trabajo. Empiezan en las condiciones en que nacen y crecen muchos niños y niñas afrodescendientes; continúan en sus trayectorias educativas; y se reflejan más tarde en la calidad del empleo, la informalidad, el acceso a estudios terciarios y las condiciones de vivienda. Más que un conjunto de problemas aislados, lo que muestran los datos es una acumulación de desventajas que comienza temprano y se refuerza a lo largo del ciclo de vida.
Una Agenda Que También Está Cambiando
Uruguay recorrió un camino importante durante las últimas dos décadas. Pasó de invisibilizar la desigualdad racial a construir una agenda pública para enfrentarla. Ese recorrido merece ser reconocido. Hoy esa agenda muestra un talante distinto. Ya no se trata solamente de crear nuevas herramientas, sino también de consolidar las existentes. El creciente énfasis en la evaluación del Plan Nacional, su actualización hacia 2030, el uso de la evidencia proveniente del Censo 2023 para orientar decisiones, y el fortalecimiento del trabajo territorial y la coordinación entre organismos muestran una política pública crecientemente orientada al aprendizaje, la evaluación y la mejora continua.
Ese cambio de énfasis es una buena noticia. Apunta a una agenda que busca comprender qué herramientas están funcionando, cuáles necesitan fortalecerse y dónde siguen reproduciéndose las mayores brechas. Esto, en conjunción con la persistencia de las desigualdades, no implica necesariamente que las políticas hayan fracasado, sino que quizás estemos entrando en una segunda etapa en la construcción de políticas de equidad racial en el país. Esto es consistente con lo que muestra la investigación comparada: las desigualdades estructurales rara vez desaparecen rápidamente y requieren políticas sujetas a aprendizaje, evaluación y ajuste continuo. Cambiar una ley puede llevar meses; modificar trayectorias educativas, mercados laborales o mecanismos de discriminación suele llevar generaciones.
Central, entonces, es aprovechar la evidencia acumulada, incorporar la experiencia de las comunidades involucradas y de quienes han trabajado en estas políticas durante años, y seguir fortaleciendo una agenda de equidad racial integrada al conjunto de las políticas públicas, desde un universalismo sensible a las diferencias.
Dicho esto, existe un desafío que trasciende incluso a las políticas públicas. Mientras el Estado avanzó significativamente en el reconocimiento de estas desigualdades y del hecho que Uruguay es un país racialmente diverso, esa transformación todavía no parece haber permeado con la misma fuerza en el imaginario colectivo. Seguimos recordando la afrodescendencia principalmente en julio o a través del candombe, cuando en realidad forma parte de la historia, la cultura y el presente del país de una forma mucho más profunda y durante todo el año.
Las políticas públicas pueden reducir desigualdades. Pero también necesitan una sociedad que reconozca (por) qué existen esas desigualdades y por qué vale la pena enfrentarlas. Quizás la siguiente etapa no consista solamente en fortalecer las respuestas del Estado, sino también en construir una comprensión más completa de quiénes somos como país.
Referencias
Cabella, W., Nathan, M. y Tenenbaum, M. (2013). La población afro-uruguaya en el Censo 2011. Atlas sociodemográfico y de la desigualdad del Uruguay, Fascículo 2. Montevideo: Programa de Población (FCS-Udelar) e Instituto Nacional de Estadística.
Johnson, N., Carbajal, F., Olaza, M., Maciel, N. y Etchevarren Acquarone, I. (2019). Estrategia Nacional de Políticas Públicas para la Población Afrouruguaya y Afrodescendiente hacia 2030 (ENPPPAA/30). Informe técnico elaborado para la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo. Documento no publicado.
Ministerio de Desarrollo Social (2025). Visibilizar las desigualdades y fortalecer las acciones: datos estadísticos sobre la población afrodescendiente. Disponible en: https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/comunicacion/noticias/visibilizar-desigualdades-fortalecer-acciones-datos-estadisticos-poblacion
Otras fuentes de interés
Ministerio de Desarrollo Social (2019). Construyendo políticas públicas hacia los niños, niñas y adolescentes afrodescendientes de las Américas y el Caribe. Montevideo: Ministerio de Desarrollo Social. Disponible en: https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/sites/ministerio-desarrollo-social/files/documentos/publicaciones/Infancia%2C%20afrodescendencia.pdf
Ministerio de Desarrollo Social (2019). Plan Nacional de Equidad Racial y Afrodescendencia 2019–2022. Disponible en: https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/sites/ministerio-desarrollo-social/files/2019-09/Plan%20Nacional%20de%20Equidad%20Racial%20y%20Afrodescendencia_2.pdf
Ministerio de Desarrollo Social (2025). Avances del Proyecto de Fortalecimiento de Políticas y Planes Nacionales y Locales para la Población Afrodescendiente. División de Promoción de Políticas Públicas para Afrodescendientes, Dirección Nacional de Desarrollo Social. Disponible en: https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/comunicacion/noticias/avanza-proyecto-fortalecimiento-politicas-para-poblacion-afrodescendiente
Ministerio de Desarrollo Social (2025). División de Promoción de Políticas Públicas para Afrodescendientes. Gobierno de Uruguay. Disponible en: https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/politicas-y-gestion/division-promocion-politicas-publicas-para-afrodescendientes

Tomado de Razones y Personas. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 No portada.


