"Que hay que empezar, un día más”: los cuidados y la propuesta de los feminismos
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Las políticas de cuidado fueron el camino más novedoso y potente por el que en los últimos 20 años ingresaron en la agenda pública demandas sobre la equidad de género. En la región Uruguay fue pionero, y al impulso de activistas y académicas feministas tuvo lugar un proceso de trabajo y diseño de política que buscó que los cuidados se asumieran como un derecho social y formaran parte de nuestra matriz de protección social.
Sin embargo, la propuesta feminista no se agota en la agenda de cuidados. Tampoco el diseño de nuevas políticas- aunque importantes para resolver urgencias sociales postergadas –avanzó siempre en la dirección de la equidad de género. Se pueden ampliar servicios de cuidado sin alterar la feminización de este trabajo o sus condiciones, sin modificar la organización de los tiempos, sin cuestionar el modo en que se distribuyen los ingresos, sin desafiar un sistema económico que desvaloriza aquello que no pasa por el mercado y se reproduce en base a desigualdades.
Pasado el tiempo, el saldo muestra que la implementación de políticas contempló objetivos valiosos para la protección social, pero los cambios sustantivos hacia la igualdad de género fueron mucho menos visibles[1]. Entonces, ¿sigue siendo la agenda de cuidados una plataforma para impulsar la transformación de las relaciones económicas, sociales y de género que reivindica el feminismo? ¿Puede servir de base para reposicionar las demandas del feminismo en la escena pública?
El agua… Con la ley de creación del “Sistema Nacional Integrado de Cuidados” (2015), los cuidados adquirieron permanencia e identidad como problema de la política pública. Se generaron organismos y formas de coordinación propias en un proceso de construcción participativa, que se ha trasladado a otras esferas de la acción pública[2]. Hoy, tras varios años de estancamiento, las propuestas sobre este tema han vuelto a formar parte de las acciones de gobierno y el Plan de Cuidados (2026-2030), recientemente aprobado, los proclama como “derecho, como trabajo de calidad y guiado hacia la corresponsabilidad”[3].
Son algo más de dos décadas en que nuevos “sentidos comunes” fueron permeando a la sociedad y al discurso político y este es un activo clave del qué partir. Por un lado, la familia y los hogares ahora pueden verse como ámbitos de generación de valor vía trabajos que no reciben remuneración y realizan, fundamentalmente, las mujeres. Por otro, se reconoce que el tiempo dedicado a estas tareas se distribuye en forma desigual (y los números que nos trajo la utilización de encuestas de uso del tiempo son materia de referencia frecuente). Y, si bien aún no del todo difundida en el dominio público, en ámbitos de gestión e incidencia política comienza a permear la idea de que los cuidados no sólo involucran actividades domésticas, de los hogares: comprenden a la educación, la salud, y a todas las áreas que nos permiten sostener y recrear vínculos sociales y sostener y reproducir la vida en condiciones dignas (CEPAL, 2022).
El sol… Desde estos consensos básicos, contamos con las piezas para construir una mirada alternativa. Cuando el centro de las políticas está en la producción y el funcionamiento de los mercados, las condiciones de vida son una variable de resultado y la reproducción de la fuerza de trabajo se asocia a un costo para el sistema. Pero, si alteramos el punto de mira y colocamos el foco en sostener las condiciones para la reproducción social (es decir, en el mantenimiento de la sociedad misma), la producción y el funcionamiento de los mercados son un medio para lograrlo (Pérez Orozco, 2014).
Desde aquí, es más claro ver que los procesos económicos y sociales que sostienen la vida en sociedad están atravesados por desigualdades de género, que las relaciones e instituciones de mercado interactúan con esos procesos y que en esa relación se reproducen estructuras de subordinación y privilegio de género, de ingresos, de clase, de etnia (Pérez Orozco y Agenjo, 2020). La producción y sus frutos, el empleo, el acceso al consumo, al ingreso, al crédito, a las oportunidades, las actividades de cuidados están atravesadas por este orden de género desigual que permite el funcionamiento de las economías tal como las conocemos.
El barro… La agenda de cuidados puede expresar una propuesta alternativa de organización social y económica centrada en el sostenimiento de la vida. Los cuidados involucran no sólo aspectos materiales (actividades de producción de bienes y servicios y el tiempo para realizarlas), sino también dimensiones morales (responsabilidad por otros, cercanía para transmitir valores y principios) y afectivas (preocupación por el otro, por convivir con menos conflictos) (Aguirre y Ferrari, 2014).
Por esto, la agenda de cuidados no debería tratarse únicamente de un programa de provisión de servicios o prestaciones económicas para personas en situación de dependencia, con todo lo importante que es incluir estos aspectos en los sistemas de protección[4]. Puede ser el fundamento para construir una nueva ciudadanía, que -en los hogares- requiere el compromiso de mujeres tanto como de varones, de las familias, que necesitan apoyos y regulaciones del Estado y la coordinación con el sector privado.
Pero si falta Ud… Vivimos tiempos de polarización política y económica, de conflictos de convivencia, violencia e incertidumbre y parecemos cada vez menos sensibles frente a la situación de los otros. Recuperar el cuidado y la sostenibilidad de la vida puede ser el centro de un nuevo consenso que, desde los feminismos, contribuya a rescatar para las agendas progresistas la defensa de las democracias, de la cooperación frente a la competencia y la convicción de que la construcción de sociedades más justas requiere una redistribución del poder, los recursos y las oportunidades (son “sociedades del cuidado”, como se propuso en la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe).
No merecemos bellos milagros (sic). Los cuidados pueden ir más allá de los esquemas de protección social y las visiones feministas sobre este tema pueden escurrirse en múltiples ámbitos de reflexión y propuesta política. Las alianzas son claras con quienes se movilizan por problemas de convivencia y combate a las violencias —machistas, institucionales y territoriales—, pero también, con otros colectivos interesados, por ejemplo, en la educación, para apoyar estrategias que atiendan las históricas demandas de reconocimiento material y social del trabajo docente; o la salud, para poner foco en cómo mejorar las carencias en la atención y relaciones entre pacientes, personal sanitario y equipos de trabajo. La discusión fiscal también está involucrada, en la medida que repensar los gastos públicos y procurar una tributación progresiva son condiciones para sostener políticas que garanticen la sostenibilidad de la vida y para desconcentrar la riqueza.
Imaginar estas propuestas requiere una masa crítica de feministas capaces de dinamizar el cambio y ejercer influencia en las organizaciones sociales, en los partidos políticos, en la gestión de gobierno y en la creación de conocimiento. Es verdad que los frentes abiertos para la incidencia son muy amplios, pero eso mismo renueva los desafíos para la generación de ideas y y saberes técnicos. Puede ser una vía para que el activismo feminista, desde el movimiento, las estructuras de partidos y desde los centros que generan pensamiento e información permeen con su discurso en las agendas políticas públicas y construyan desde allí una nueva relación con la ciudadanía.
“Si te paras en
defensa de la vida, y empiezas a ver el mundo desde ahí, se te aparecen otras
aristas de lo que no está bien, de lo que tenemos que pensar, deliberar,
discutir y de los límites que hay que poner a los aspectos más vitalmente
destructivos [de proyectos económicos que van en contra de la vida]” (Raquel
Gutiérrez, 2021)[5].
Referencias
Aguirre, R. y Ferrari, F. (2014) “La construcción del sistema de
cuidados en el Uruguay. En busca de consensos para una protección social más
igualitaria”. CEPAL, Serie Políticas
Sociales N° 192.
Azar, P. y Espino, A. (2026) “Identifying Barriers to Feminist Economic Ideas: Debates on Care Policies in Latin America”, International Association for Feminist Economics (IAFFE). https://www.iaffe.org/barriers-to-feminist-economics-feminist-economists
CEPAL (2022). La sociedad del cuidado: horizonte para una
recuperación sostenible con igualdad de género (LC/CRM.15/3),
Santiago, 2022
Pérez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía. Aportes
para un debate sobre el conflicto capital-vida. Traficantes de Sueños.
Pérez Orozco, A. y
Agenjo Calderón, A. (2020). “Hacia una
economía más justa. Manual de corrientes heterodoxas. Economistas Sin
Frontera”. Disponible en
https://www.researchgate.net/publication/318240690_HACIA_UNA_ECONOMIA_MAS_JUSTA_Manual_de_corrientes_heterodoxas_2_Edicion
[1] En Azar y Espino (2026) se analizan las barreras que enfrentaron las
ideas de la economía feminista para ingresar en esta agenda, a partir de
entrevistas calificadas sobre los casos de Argentina, Chile y Uruguay.
[2] La ley fue el resultado de un proceso institucional iniciado en 2010 con
la creación del Grupo de Trabajo sobre el Sistema de Cuidados en el Consejo
Nacional de Políticas Sociales. Este proceso fue impulsado a través de
“diálogos” por organizaciones feministas y académicas -Red de Género y Familia,
el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo, Uruguay (CIEDUR)
y desde la UDELAR, con un rol clave del Grupo de Investigación de Sociología de
Género. Convocó a la participación de diversos actores políticos y de
organizaciones sociales y organizaciones internacionales que fueron parte de las
“Mesas de Diálogo sobre Cuidados” (2007–2009).
[3] Accesible en https://www.gub.uy/sistema-cuidados/comunicacion/publicaciones/plan-nacional-cuidados-2026-2030
[4] Un ejemplo puede encontrarse en la nota de Maira
Colacce https://www.razonesypersonas.com/2026/05/quien-paga-los-cuidados-del-uruguay-que.html
[5] Entrevista a la activista feminista mexicana
publicada en CATALYST https://catalystjournal.org/index.php/catalyst/article/view/37654/28658

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