Dos pasaportes, un solo voto
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Imágen realizada utilizando inteliegencia artificial
A finales
del siglo XIX el mundo vivió un movimiento bastante grande de personas que,
dadas las condiciones en Europa, decidieron buscar un nuevo rumbo en América.
Uruguay, junto con Argentina y Brasil, fue uno de los países que más se
benefició de estos movimientos, en particular de la llegada de personas provenientes
de Italia y España. Un siglo después, los descendientes de estos inmigrantes
tienen la posibilidad de reclamar un pasaporte europeo, una posibilidad que
genera desigualdades simbólicas con otros latinoamericanos.
En la
entrada de hoy quiero hablar de algunos resultados que me sorprendieron de una
encuesta sobre doble ciudadanía que realicé en Argentina, Brasil y Uruguay.
Alrededor de 730 personas respondieron en cada país, con muestras que buscaron
asemejarse al censo más reciente de cada país en términos de edad, sexo, región
y nivel socioeconómico.
¿Quién
tiene y qué se piensa de tenerla?
La
búsqueda de la doble ciudadanía siempre fue un recurso existente para algunas
familias que definieron la importancia de la legalidad de su ascendencia
europea. Otras familias, en el afán de integrarse a sus nuevos países,
decidieron no hacerlo. Sin embargo, son justamente sus descendientes quienes
hoy buscan acceder a la ciudadanía europea. Lo que empezó con agencias
especializadas en tramitar ciudadanías para futbolistas de la región que
querían jugar en Europa explotó, sobre todo durante la pandemia, en toda una
industria de empresas que ayudan a sacar la ciudadanía. Estas empresas se
especializan en encontrar partidas de nacimiento en pueblos de Italia o España
y en gestionar las citas en los consulados. Tanto que ya hasta pautan anuncios
en Meta para ofrecer sus servicios, incluso a aquellos de nosotros que no
podemos obtenerla.
Según la
encuesta, el 69% de los encuestados en Argentina, el 70% en Uruguay y el 29% en
Brasil tienen algún antepasado europeo. Como muestra la gráfica, la mayoría de
estas conexiones viene de bisabuelos o tatarabuelos, lo que coincide con aquellas
personas que llegaron durante esos movimientos migratorios de finales de siglo.

Pero tener
un antepasado no asegura el pasaporte. La siguiente gráfica muestra cuántas de
las personas con antepasados europeos tienen doble ciudadanía. Lo interesante
es que, en los tres países, quienes tienen padres o abuelos nacidos en Europa
son los que con más frecuencia cuentan con doble ciudadanía. Por ejemplo, en
Uruguay el 40% de quienes tienen padres o abuelos nacidos en Europa tiene doble
ciudadanía, frente al 18% de quienes solo tienen bisabuelos europeos.

Hay muchas
razones posibles para estas brechas. Por un lado, los trámites son largos,
caros y tediosos. Por otro, la documentación necesaria no siempre es fácil de
conseguir. Además, cambios recientes en las leyes de algunos países europeos
han puesto límites al acceso a estas ciudadanías.
Uno de los
atractivos de obtener una segunda ciudadanía es acceder a nuevos derechos y
beneficios. En algunas
entrevistas con personas poseedoras de dobles ciudadanía hablan entre esos beneficios viajar con más facilidad,
poder vivir y trabajar en Europa por periodos más largos y reconectarse con su
ascendencia, entre otros. Lo cierto es que junto con estos beneficios vienen
derechos y deberes que no siempre se ejercen, como votar en las elecciones de
esos países.
Votar
desde afuera
Esta
posibilidad de votar desde el exterior me llamó mucho la atención, dado que en
Uruguay quienes viven en el extranjero no pueden votar en las elecciones
nacionales a menos que viajen al país. En 2009 se votó un plebiscito sobre el
tema que no fue aprobado, y algunos intentos posteriores por la vía legislativa
terminaron muriendo en el proceso. Entonces me pregunté qué tanto apoyan los
encuestados el voto en el exterior. En Argentina y Brasil, la mayoría de las
personas se muestran indiferentes o de acuerdo en proporciones relativamente
similares. En Uruguay, en cambio, la distribución es mucho más negativa, con un
57% de los encuestados en contra de la posibilidad de votar desde el exterior.

¿Y qué
opinan quienes ya pueden votar viviendo afuera sobre que sus compatriotas
puedan hacer lo mismo? El patrón general es que existe una brecha entre quienes
tienen y quienes no tienen doble ciudadanía, y los primeros apoyan más la idea
del voto en el exterior. Aun así, en Uruguay y Brasil las diferencias no son
tan grandes como en Argentina, donde la brecha entre los dos grupos es de casi
20 puntos.

Para
cerrar
Los datos
dejan ver que la herencia de las grandes migraciones de finales del siglo XIX
sigue muy presente en la región, pero que no se traduce de forma automática en
un pasaporte. Tener un antepasado europeo es común, sobre todo en Argentina y
Uruguay, mientras que tener la ciudadanía depende mucho de qué tan cerca esté
ese antepasado en el árbol genealógico y de los recursos para enfrentar
trámites cada vez más exigentes.
A eso se
suma una paradoja interesante. Muchas personas que pueden votar en Italia o
España desde Montevideo o Buenos Aires viven en países que no siempre ven con
buenos ojos que sus propios ciudadanos voten desde afuera, y Uruguay es el caso
más claro de este patrón. Que quienes tienen doble ciudadanía sean más
favorables al voto en el exterior sugiere que la experiencia de ejercer
derechos políticos a distancia puede cambiar la forma en que pensamos la
pertenencia a una comunidad política. En una región marcada por la emigración,
esa es una conversación que vale la pena seguir teniendo.
Si quieres
conocer más sobre esta investigación y otras que se están haciendo en el
Departamento de Ciencias Sociales de la UCU, te invito a escuchar Trama Social,
nuestro nuevo podcast, disponible en Spotify.

Tomado de Razones y Personas. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 No portada.
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