Sobre estilos de liderazgo presidencial ¿es Orsi un líder débil?
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"Yamandú Orsi dic 2025" por Ricardo Stuckert / Presidência da República (Brasil), utilizado bajo la licencia CC BY-SA 4.0.
Las encuestas de opinión pública han mostrado en los últimos meses un deterioro en la aprobación de la gestión del presidente Yamandú Orsi. En estos días, una encuesta de CIFRA volvió a reportar un bajo nivel de aprobación: apenas 24% de los encuestados aprueban la gestión del presidente. Independientemente de que los instrumentos de medición no siempre permiten distinguir con claridad cuánto de ese deterioro se vincula a la gestión del gobierno y cuánto a la figura específica del presidente, parece claro que el deterioro existe. A partir de estos datos, muchos análisis han vinculado esta tendencia con dos factores principales. Primero, a los resultados exhibidos hasta aquí por la gestión frenteamplista en el gobierno nacional. Segundo, a las características de lo que, algunos señalan, es un liderazgo débil por parte de Orsi.
Sobre el primer punto ha abundado el análisis, y seguramente en los próximos años terminará por quedar claro en qué medida la gestión del Frente Amplio ha logrado, o no, cumplir con las expectativas que generó entre sus votantes. En esta columna me voy a enfocar en el segundo punto, tratando de mostrar algunos rasgos del estilo de liderazgo del presidente que sugieren que se trata de un liderazgo de tipo colegiado, que diluye la saliencia del propio presidente en favor de un gobierno de carácter coral. Este tipo de liderazgo colegiado es, de algún modo, impropio de esta época, en la cual predominan los liderazgos personalistas. A diferencia del liderazgo personalista, el liderazgo colegiado distribuye autoridad y visibilidad entre múltiples actores, y su fuente de legitimidad no reside en la figura personal del líder, sino en un colectivo conformado por múltiples individuos y grupos. De acuerdo con Baylis, se trata de “un tipo de liderazgo in el cual todas las decisiones significativas son tomadas en conjunto con un pequeño cuerpo cara-a-cara, sin un único miembro dominante” (1989:7, traducción propia). Ese estilo de liderazgo puede ser visto como una debilidad, al carecer de un líder que encarne la autoridad y legitimidad de la acción de gobierno. Sin embargo, no necesariamente un liderazgo de carácter colegiado implica debilidad, ni uno personalista implica fortaleza.
Desde hace un tiempo, a nivel global, el poder político se ha personalizado: se ha desplazado de las instituciones a las personas (Rahat y Kenig 2018). Dicho mejor, ha regresado desde las instituciones a las personas, que ha sido su locus la mayor parte de la historia de la humanidad. La personalización del poder ha llevado consigo una reconfiguración del tipo de liderazgo. Cuando lo importante son las instituciones, un líder sólo debe encabezar un equipo, un sujeto colectivo, que es el último destinatario de la autoridad y la legitimidad. En cambio, cuando lo importante son las personas y no las instituciones (de esto se trata la personalización del poder), el líder debe ser en sí mismo la fuente de legitimidad y autoridad (Friedberg y Rahat 2024). Esta parece ser la tendencia dominante de nuestro tiempo, y Orsi no es, quizás, quien mejor representa ese tipo de liderazgo. Esto no es ni bueno ni malo per se, es simplemente una inadecuación entre un tipo de liderazgo y su tiempo.
En tiempos de gobernantes con perfil ejecutivo y que concentran la autoridad en su propia figura, Orsi no solo declama, sino que ejerce, la delegación. Orsi proviene del gobierno departamental de Canelones, en donde supo construir poder y autoridad sin recurrir a la hiperconcentración de poder tan propia del ámbito subnacional. Un rara avis en la comparación regional. Ya en la presidencia, la Torre Ejecutiva no parece haber modificado su forma de ejercer el poder. Orsi lidera un gobierno coral, es más un primus inter pares de un gobierno colectivo que un líder personalista que concentra poder. Delega más de lo que acumula.
Dado que el deterioro en la aprobación del gobierno ha sido constatado por todas las consultoras de opinión pública del país, ¿cuánto influye en esta percepción el tipo de liderazgo del presidente? ¿Qué factores de su estilo discursivo (tan cuestionado en distintos medios y análisis) están detrás de su tipo de liderazgo? El propio Orsi ha señalado sus “tropiezos discursivos” y “desvíos comunicacionales” como parte inherente de su estilo de comunicar y de liderar, y ha sostenido incluso que ese estilo será la tónica de sus cinco años de gobierno (Almuerzo de ADM, 9 de diciembre de 2025). Según el presidente, su “vocación docente”, consistente en explicar una y mil veces las cosas, está en el ADN de su personalidad.
En los Desayunos de Búsqueda del 26 de noviembre de 2025, Orsi también se refirió a su estilo de conducción, vinculándolo con su origen como Intendente de Canelones. “Yo tengo una característica también que, quien me conoció en la intendencia de Canelones lo sabe. Si pongo un equipo en la cancha es para que trabaje. La excesiva centralidad de la figura del presidente en absolutamente todos los temas denota una fortaleza, pero también una debilidad […] A mí me da una tranquilidad enorme saber que tengo gente que puede resolver o puede ir a atender todos los frentes que se están abriendo. Por supuesto, la decisión última es del presidente cuando estampás la resolución. […] Muchas veces prefiero que sea el equipo el que se vea en la cancha y demostrar la fortaleza de un elenco”.
Meses más tarde, Orsi señaló: "Yo no puedo pretender que todas las decisiones que se toman en cada uno de esos ámbitos pasen por mí" (entrevista con El Observador, 8 de junio de 2025). En esa misma entrevista, el presidente profundizó acerca de la importancia de gobernar formando equipos: “Lo mejor es la tranquilidad y la determinación de que el equipo que tengo en el gobierno, estoy pensando en el gabinete y más allá del gabinete, trabaja bien. […] lo mejor es eso, la tranquilidad de saber que están y que se hacen cargo con los aciertos y los errores” (entrevista con El Observador 8 de junio de 2025).
A su vez, el presidente asoció su estilo con su trayectoria política, reforzando lo que declaró en los Desayunos de Búsqueda: “Yo traigo la impronta de los años en la intendencia, veinte años de gestión como secretario general y como intendente. Ya no me lo puedo sacar de arriba, esa forma particular donde me gusta que el equipo salga a la cancha y se haga cargo. Hay distintos estilos, más centralistas, otros más de delegar. Me consta que el gobierno anterior tuvo en estilo muy centralizado, pero hubo razones. La pandemia, creo que fortaleció esa tendencia a que “la Torre” era la que resolvía […] Me gusta mucho delegar. Siento que le da solidez a mediano y largo plazo a un gobierno” (entrevista con El Observador 8 de junio de 2025).
Orsi se ve a sí mismo como un líder colegiado, y señala explícitamente que, para él, eso no es señal de debilidad, sino de fortaleza. Un modesto ejercicio comparativo puede ser útil para evaluar el estilo de liderazgo de Orsi. Para ello, elegí la comparación con un presidente hiper adaptado al estilo personalista como el argentino Javier Milei. Milei vendría a ser la contracara de Orsi en muchos aspectos, en particular en cuánto se personaliza el poder. Para llevar adelante el ejercicio de comparación, recolecté los posts en X de las cuentas oficiales de las presidencias de Argentina (@OPRArgentina, 509 posts) y Uruguay (@compresidencia, 1707 posts) para los primeros 564 días de mandato de cada presidente. Algunos resultados ofrecen una buena aproximación a las diferencias entre ambos líderes, si bien están lejos de saldar la discusión[1]. A continuación, las diferencias están reportadas como proporción sobre el total de posts publicados en cada cuenta, y por tanto no se basan en la frecuencia con la que postea cada una.
¿Cuánto protagonismo tiene el presidente en la comunicación oficial? Como se observa en la Figura 1, Milei aparece en siete de cada diez posts de la cuenta oficial de la presidencia argentina, mientras Orsi aparece en menos de dos de cada diez. Esta diferencia es tan grande que difícilmente se deba al azar. La magnitud de la diferencia sugiere que ambas presidencias siguen estrategias comunicacionales profundamente distintas respecto al lugar que ocupa la figura presidencial en la comunicación oficial (p < 0,001; V = 0,42).
Figura 1. ¿Quién protagoniza cada post? Centralidad del presidente en la comunicación oficial de las presidencias de Uruguay y Argentina en X (% de los posts con texto)

Fuente: elaboración propia en base a datos de X
Si consideramos la presencia del presidente junto con otros actores, Orsi está presente en 24% de los posts y Milei en el 90%. Aún más ilustrativo es cuánto espacio hay en la comunicación oficial para otros actores del gobierno (sin la presencia conjunta del presidente): 17% de los posts en la cuenta de la presidencia uruguaya es protagonizado por actores del gobierno sin el presidente, y apenas el 2% en su contraparte argentina. Esto es consistente con lo que Orsi declara públicamente, es decir, con el peso que él mismo le atribuye a su equipo de gobierno. No es que el presidente Orsi lo declama, la comunicación oficial de la presidencia lo convalida con claridad: en Uruguay, la mayoría de los posts no tiene al presidente como protagonista. Mientras la cuenta argentina gira en torno al presidente, la uruguaya, lo hace en torno al equipo de gobierno.
Dada la presencia dispar de otros actores de gobierno entre ambas cuentas ¿cuáles son los actores que aparecen con mayor protagonismo en los posts? La Figura 2 muestra que en esta dimensión también hay diferencias importantes. La presidencia de Uruguay comunica con frecuencia contenido que involucra a la vicepresidenta, a figuras el entorno presidencial y a jerarcas de organismos públicos. Mientras, la cuenta argentina (además de comunicar con menor frecuencia contenido que involucre a otros actores fuera del presidente) se concentra en miembros del gabinete y, en menor medida, del poder legislativo.
Figura 2. Presencia de otros actores del gobierno en la comunicación oficial de las presidencias de Uruguay y Argentina en X (% de posts con texto que los mencionan)

Fuente: elaboración propia en base a datos de X
Por último, las agendas de ambas cuentas también son distintas. Como se aprecia en la Figura 3, Argentina se concentra en relaciones internacionales y gestión de gobierno, mientras Uruguay reparte su agenda entre obras, educación, políticas sociales, salud y trabajo, temas que en @OPRArgentina casi no aparecen. La diversidad de áreas temáticas es mucho mayor en Uruguay, mientras que la comunicación presidencial argentina tiene a la agenda externa, la gestión (sobre todo económica) y la “batalla cultural” como tópicos casi exclusivos. Dado que esos temas son protagonizados casi en exclusividad por el presidente Milei, no es de extrañar que el 70% de los posts de la cuenta argentina lo incluyan.
Figura 3. Diferencia de agenda entre las dos cuentas oficiales de las presidencias de Uruguay y Argentina en X (% de posts con texto en Uruguay menos % en Argentina)

Fuente: elaboración propia en base a datos de X
La comparación ayuda a evaluar rasgos salientes de dos estilos de liderazgo muy diferentes. Uno, el de Milei, muy a tono con la tendencia actual a la personalización del poder. Otro, el de Orsi, a contramano de esta tendencia: un liderazgo colegiado, en el cual el presidente diluye su figura en un elenco de gobierno. Milei personaliza y concentra el poder, a expensas de su propio equipo y casi monopoliza la comunicación en sus áreas prioritarias. Orsi delega el poder en un equipo, colectiviza la comunicación y se enfoca en una agenda temática variada e internamente compensada. Ambos liderazgos muestran rasgos notoriamente distintos, y la comparación permite caracterizar el liderazgo de Orsi por contraste.
En suma, este análisis sugiere que el estilo de liderazgo colegiado del presidente Orsi no necesariamente implica debilidad, sino que ello depende de cómo se interprete que debe actuar un presidente. La inadecuación entre el estilo de Orsi y las demandas de líderes fuertes que personalizan el poder es, quizás, lo que puede verse como una debilidad. Pero hay que tener en cuenta que la demanda de líderes fuertes no es necesariamente positiva ni para la gestión del gobierno, ni para la democracia. De hecho, en una democracia de calidad los presidentes no deberían concentrar la legitimidad y la autoridad a expensas de otros actores e instituciones. La demanda de la ciudadanía por líderes fuertes depende, en cierta forma, de la incapacidad de los gobiernos para resolver temas acuciantes, como el de la seguridad pública, pero es un factor que puede facilitar la erosión democrática en la medida en que legitima liderazgos personalistas que pueden concentrar el poder.
El liderazgo colegiado de Orsi no llena esa demanda por un líder fuerte, y parece responder, al menos, a dos factores. Por un lado, a una convicción personal del presidente acerca de cómo un líder político debe legitimar sus acciones. En ese sentido, la preferencia de Orsi, hecha explícita en más de una ocasión en entrevistas en distintos medios de comunicación y apariciones públicas, es la de ser el líder de un equipo, una especie de director de orquesta, en donde los músicos son los encargados de ejecutar y protagonizar. Por otro lado, a las restricciones políticas y constreñimientos institucionales en los cuales actúa un líder político y, en particular, un presidente. En Uruguay, un sistema de partidos con niveles (todavía) relativamente altos de institucionalización, constituye un escollo para la consolidación de liderazgos personalistas. En otros contextos, en los que los partidos han perdido progresivamente su capacidad para ordenar las identidades políticas y guiar el comportamiento de los ciudadanos, como en la Argentina de Milei, la personalización del poder tiene mayores dividendos. El liderazgo de Orsi parece seguir una trayectoria diferente, y su estilo colegiado es, por eso, más propio de otros tiempos que del actual.
Referencias
Baylis, T. A. (1989). Governing by committee: Collegial leadership in advanced societies. SUNY Press.
Friedberg, C., & Rahat, G. (Eds.). (2024). Collegial Democracy versus Personal Democracy: ‘We' the People or ‘I' the People? Taylor & Francis.
Rahat, G., & Kenig, O. (2018). From party politics to personalized politics? Party change and political personalization in democracies. Oxford University Press.
[1] Los dos corpus se capturaron y se procesaron con la misma rutina. La detección del presidente se hizo por nombre y cargo, se utilizaron diccionarios de otros actores clave y 15 temas comunes. Hay dos diferencias que vale la pena tener en cuenta. La primera es el tipo de cuenta. @OPRArgentina es la oficina personal del presidente, mientras que la gestión argentina también se comunica por @CasaRosada. En Uruguay, en cambio, @compresidencia concentra buena parte de la comunicación del gobierno uruguayo. La segunda es el formato: casi uno de cada cinco posts argentinos es solo una imagen, cuyo texto no fue analizado. Por eso, los indicadores de contenido se calculan sobre los posts con texto. Finalmente, ambos presidentes tienen cuentas personales en X, y las usan habitualmente. Sin embargo, las cuentas personales no son del todo apropiadas para capturar diferencias sistemáticas en cuanto a la comunicación oficial, ya que mezclan contenido personal y reacciones frente a publicaciones de otros usuarios que no se relacionan directamente con la gestión de gobierno.

Tomado de Razones y Personas. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 No portada.