Elige tu propia aventura: El camino a la igualdad de género
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Las mujeres nos hemos volcado
crecientemente al mercado de trabajo, pero las brechas laborales de género
persisten en niveles aún altos. Existen muchas explicaciones para entender por
qué, algunas apuntan a las preferencias individuales, otras a las normas
sociales y otras al diseño o la insuficiencia de las políticas públicas. Esta
nota propone un ejercicio sencillo: elegir cualquiera de esas historias y descubrir
cuál será el final.
Primero un poco de contexto: la revolución silenciosa,
pero incompleta
Una de las transformaciones más relevantes
de los mercados laborales durante el último siglo ha sido el aumento de la
participación laboral femenina. Cada vez más mujeres se incorporan al trabajo
remunerado y contribuyen de forma creciente a los ingresos de sus hogares.
Claudia Goldin, premio Nobel de Economía, describió este proceso como una
revolución silenciosa, un cambio gradual pero profundo que transformó las
aspiraciones, las trayectorias de vida y el rol de las mujeres en nuestras
sociedades. Uruguay no fue ajeno a esta tendencia. Mientras que hace cincuenta
años apenas cuatro de cada diez mujeres participaban en el mercado laboral, hoy
lo hacen seis de cada diez.
Sin embargo, esta revolución permanece
incompleta. Aunque las mujeres avanzaron en el empleo, la organización de los
cuidados dentro de los hogares cambió mucho más lentamente. Si bien los varones
participan más que antes en las tareas domésticas y de cuidado; actividades
como cocinar, limpiar y sostener la vida cotidiana de los hogares sigue siendo una
responsabilidad que recae desproporcionadamente sobre las mujeres. Según la
última Encuesta de Uso del Tiempo, los varones dedican en promedio 20 horas
semanales al trabajo no remunerado, frente a 35 horas en el caso de las mujeres
(INE, 2024).
Estas desigualdades se vuelven
especialmente visibles con la llegada de hijos e hijas. La transición a la
parentalidad aumenta las necesidades de cuidado y obliga a reorganizar el uso
del tiempo dentro de los hogares. Las exigencias del trabajo remunerado
comienzan a competir con las demandas del cuidado, generando tensiones que
muchas familias deben resolver cotidianamente. Pero esas tensiones no se
distribuyen de manera equitativa. Las mujeres reportan con mucha mayor
frecuencia que el trabajo interfiere con sus responsabilidades familiares y que
las demandas del hogar afectan su desempeño laboral (EGyG 2022).
La evidencia para Uruguay muestra que el
40% de los padres en familias biparentales no se involucra en el cuidado de sus
hijos (Pelufo, 2026). Una de las consecuencias de esta distribución desigual es
la penalidad por maternidad, el efecto negativo y persistente en las trayectorias
laborales de las mujeres luego del nacimiento del primer hijo (Querejeta y
Bucheli, 2023). Incluso cuando las mujeres tienen mayores niveles educativos o
aportan una proporción importante de los ingresos del hogar, las
responsabilidades de cuidado siguen distribuyéndose de forma desigual.
¿Por qué pasa esto? Elige tu propia
aventura
Llegó el momento de elegir tu propia
aventura. ¿Por qué, si las mujeres participan cada vez más en el mercado
laboral, las brechas de género persisten después de la llegada de los hijos?
Tal vez pienses que la explicación está en
las preferencias individuales y que mujeres y varones valoran cosas distintas.
Si es así, sigue con la Historia 1.
O quizás creas que el problema está en las
normas sociales y en las expectativas que todavía recaen sobre madres y padres.
En ese caso, pasa a la Historia 2.
También es posible que consideres que la
clave está en las políticas públicas y en los incentivos que generan. Entonces,
la Historia 3 es para ti.
Elige la historia que prefieras. Nos
encontramos nuevamente al final.
Historia 1: Preferencias
Una explicación frecuente sostiene que las
mujeres tienen preferencias intrínsecas por dedicar más tiempo a los cuidados y
los varones por el trabajo remunerado. Sin embargo, la evidencia disponible
ofrece poco respaldo a esta explicación. Para atribuir las brechas laborales
entre madres y padres únicamente a diferencias de preferencias, estas deberían
ser extraordinariamente grandes (Ashraf et al., 2022), mucho mayores que las
diferencias de género observadas en otros rasgos como la aversión al riesgo, la
paciencia, la confianza o el altruismo. En otras palabras, las preferencias por
sí solas difícilmente puedan explicar la magnitud de las desigualdades que
emergen tras la llegada de los hijos.
Además, existe evidencia de que muchos varones
desean involucrarse más en la crianza de sus hijos. En Uruguay, entre 2007 y
2021, se redujo la brecha de género en el trabajo no remunerado, impulsada
principalmente por una mayor participación relativa de los varones en tareas
domésticas, pero también un aumento moderado de su participación relativa en los
cuidados (Amarante et al., 2024). A su vez, seis de cada diez varones consideran
que la licencia por paternidad debería tener una mayor duración (Batthyány et
al., 2018).
Estos resultados sugieren un reconocimiento
creciente de que el cuidado debe ser una responsabilidad compartida. El
problema es que querer cuidar no siempre implica poder hacerlo. Entre las
preferencias y las prácticas aparecen otros factores, normas sociales,
dinámicas laborales y políticas públicas, que condicionan la forma en que las
familias organizan los cuidados.
Ahora puedes ir al final o, si aún no has
encontrado la explicación, leer las historias 2 y 3.
Historia 2: Normas sociales
Una parte importante de la respuesta parece
encontrarse en las normas sociales. Las personas no actuamos únicamente según nuestras
preferencias o los incentivos que enfrentamos. También nos guiamos por
expectativas compartidas acerca de cómo debemos comportarnos en sociedad. En
particular, las normas de género moldean nuestras decisiones y tienen
consecuencias concretas sobre las decisiones familiares, trayectorias laborales
y oportunidades económicas de mujeres y varones (Bertrand, 2020).
En Uruguay persisten creencias extendidas
según las cuales el cuidado de los niños debe resolverse principalmente dentro
de las familias. Además, muchas personas continúan asociando el cuidado
infantil más estrechamente con las mujeres que con los varones. Ante la pregunta
sobre quién es mejor para cuidar niños pequeños, el 41% responde que las
mujeres, mientras que apenas el 1% considera que los varones son mejores
cuidadores; el resto entiende que ambos desempeñan ese rol por igual (EGyG
2022). También sigue presente la idea de que los niños pequeños necesitan
prioritariamente la atención de sus madres y que el trabajo remunerado de las
mujeres puede entrar en tensión con ese rol. De hecho, el 40% de madres y
padres están de acuerdo con la afirmación de que "Un niño en edad
preescolar sufre cuando la madre trabaja".
Ahora puedes ir al final o, si aún no has
encontrado la explicación, leer la historia 3.
Historia 3: Políticas públicas
La clave de la revolución incompleta está
en las políticas públicas y en los incentivos que generan. Uruguay ha sido
pionero en la región en la construcción de un Sistema Nacional Integrado de
Cuidados y ha desarrollado instrumentos orientados a facilitar la conciliación
entre trabajo y familia. Sin embargo, persisten limitaciones importantes.
Aunque en los últimos años se incorporaron
herramientas innovadoras para promover una distribución más equitativa de las
responsabilidades de cuidado, las licencias asociadas al nacimiento de los
hijos continúan fuertemente concentradas en la maternidad. Actualmente, las
madres cuentan con 14 semanas de licencia, mientras que los padres disponen de
apenas 20 días. Existe además un subsidio parental de medio horario que puede
ser utilizado por cualquiera de los dos progenitores, aunque en la práctica
apenas un 2% de estos subsidios son utilizados por los padres (Galván et al.,
2024).
Estos números sugieren que el problema no
es únicamente la existencia de derechos, sino también la forma en que están
diseñados, junto a una la cultura social y organizacional que no genera
incentivos para que los varones asuman un rol activo en los cuidados. Como
resultado, las políticas transmiten la señal, quizás de forma involuntaria, de
que cuidar es principalmente responsabilidad de las mujeres.
El mismo final
Las preferencias, las normas sociales y las
políticas públicas suelen presentarse como explicaciones alternativas de la
revolución incompleta. Sin embargo, la evidencia sugiere que están
profundamente interrelacionadas. Las normas moldean nuestras preferencias; las preferencias
y las normas no operan en el vacío, y las políticas pueden reforzarlas o contribuir
a transformarlas.
Por ejemplo, las licencias de cuidado
dirigidas a los padres pueden modificar comportamientos y promover creencias más
igualitarias sobre los roles de género (Farré et al., 2022). Pero las normas sociales también
condicionan el uso que hacemos de esas políticas. En Uruguay, una de las
principales barreras para que los padres utilicen las licencias de cuidado no
es la ausencia de derechos, sino la percepción de que hacerlo puede tener
costos laborales. Hay una visión extendida de que los varones son discriminados
en el entorno laboral si hacen uso de la licencia paternal (Batthyány et al.,
2018).
El camino hacia la igualdad de género en el
mercado laboral requiere, indudablemente, más oportunidades para las mujeres. Pero
también más oportunidades para que los varones cuiden. Requiere reconocer algo
tan simple como profundo y es que el cuidado no es un problema de las mujeres
ni de las familias con hijos pequeños, es, cada vez más, una necesidad humana
que atraviesa toda nuestra vida.
La revolución silenciosa permitió que muchas
mujeres conquistaran nuevos espacios en el mercado de trabajo. Las razones por
las que no la hemos completado son múltiples, pero todas conducen a un mismo final: dejar de entender el cuidado como
responsabilidad exclusiva de las mujeres y promover un mayor involucramiento de
los varones.
*Imagen de portada generada con ChatGPT
Referencias
Amarante, V., Barro, P. y Colacce, M.
(2024) Patrones de uso del tiempo de varones y mujeres en Uruguay. 2007-2022.
Ashraf, N., O. Bandiera, V. Minni, y
V. Quintas-Martınez (2022) Gender Roles and the Misallocation of Labour Across
Countries.
Batthyány, K., Genta, N. y Perrotta,
V. (2018) Uso de licencias parentales y roles de género en el cuidado. SNIC-Universidad
de la República.
Bertrand, M. (2020) Gender in the
twenty-first century. AEA Papers and Proceedings.
EGyG (2022) Resultados preliminares
disponibles en: https://cienciassociales.edu.uy/encuesta-de-generaciones-y-genero-en-uruguay/
Farré, L., Felfe, C., González, L. y
Schneider, P. (2022) Changing gender norms across generations: Evidence from a
paternity leave reform.
Galván, E., C. Parada, y M. Querejeta
(2024) Políticas de licencias para el cuidado de recién nacidos en Uruguay. Análisis
del estado actual y de su utilización. Derecho Laboral. Revista de doctrina, jurisprudencia
e informaciones sociales.
INE (2024) Encuesta de Uso del Tiempo
2022. Informe de Resultados.
Pelufo, S. (2026) Involucramiento
paterno en familias biparentales de Uruguay. Serie Maestría en Demografía y
Estudios de Población.
Querejeta, M. y Bucheli, M. (2023)
The Effect of Childbirth on Women’s Formal Labour Market Trajectories: Evidence
from Uruguayan Administrative Data. The
Journal of Development Studies.

Tomado de Razones y Personas. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 No portada.
