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Google y Nosotros

Todos los días, desde hace casi una década, elijo usar Gmail- el servicio de e-correo de la empresa Google- para escribirme con el mundo. Fui lo que se conoce en la jerga como   un “early adopter” (pionero) en el uso de este servicio. Es práctico, ágil, se integra bien a otras herramientas y en su momento tenía mucho más espacio para guardar archivos. A cambio Google no me cobra casi nada. Solo pide mis datos,los cuáles bajo ciertas reglas ,monetiza conforme a su modelo de negocios principal: vender publicidad.  Entonces, ¿Por que un servicio tan bueno, que personalmente uso tanto, no debería ser de uso masivo por todos nuestros profesores y estudiantes como propone hoy el Plan Ceibal?
Primero, no estoy seguro que mis opciones personales se puedan trasladar de forma automática a las políticas públicas educativas de nuestro país. Al establecer los productos de Google cómo la opción por default, se restringen otras opciones disponibles tales como las que comercializa Microsoft, Apple o las opciones basadas en software libre disponibles. Las autoridades de la educación pública han admitido* que no existe un estudio que justifique la elección de estas herramientas por sobre otras. Yo sé la razón  para elegir Google y sus herramientas. Pero aprendí informática e internet de una manera que me permite elegir crítica y conscientemente .En Estados Unidos y Europa han surgido conflictos  que han terminado en la elección de otras herramientas por fundados motivos. Uno de los principales es que el modelo de negocio de google es el tratamiento de datos para su utilización con diversos fines. Una decisión que tiene el potencial de fidelizar  a un gran grupo de usuarios en Uruguay en beneficio de una empresa debería ser tomada con más análisis.
Segundo la privacidad no es el fuerte de Google. La información debe fluir y ser compartida lo más posible para mejorar las herramientas.  Cuando uno lidia con población vulnerable como los niños, la privacidad es algo que debe tenerse en cuenta especialmente. No es lo mismo el concepto de privacidad en los Estados Unidos, Europa o Uruguay. Entender que tipo de políticas regirán el manejo de los datos personales, los tipos de usos posibles y admitidos es algo que en general se ve en el tiempo y de forma experimental.  Google cambia usualmente sus políticas de privacidad, generalmente a fuerza de demandas judiciales de sus usuarios. No es una actividad sencilla ni barata en los tribunales norteamericanos. Lamentablemente poco pueden decir o hacer frente a los cambios  de estas políticas nuestras instituciones.
Tercero y vinculado al punto anterior, algunos comentaristas han expresado livianamente que confían más en que sus datos sean administrados por Google que el Estado uruguayo.  El punto es acerca de control  sobre los datos personales (y la infraestructura donde se alojan)  y es crucial. Además de no reconocer un trabajo serio  por parte de las  autoridades en Uruguay en este sentido,  la discusión ha sido bastardeada por personajes mediáticos con referencias sobre el “espionaje” que Google haría a los uruguayos. Nada más en contra del interés de Google perder la confianza de sus usuarios. Por eso Google litiga  para impedir compartir datos sobre sus usuarios con autoridades gubernamentales de los EUA. Aún así, se encuentra sometido a legislación draconiana totalmente fuera de nuestro control.   Es ilógico exponernos a nivel país a estas vulnerabilidades, si nuestro plan es que la infraestructura de google sea, en los hechos, la que sostenga el trabajo colaborativo en los salones de clases. También es ilógico tener una suerte de hemiplejia moral frente al problema del manejo de datos personales. Quienes abogamos por proteger la privacidad de las personas lo hacemos frente a google, y frente al Estado uruguayo. El derecho de las personas, sigue siendo el mismo.
El tema es complejo. El Plan Ceibal ha tenido la virtud de abrir un mundo nuevo en educación. Ese mundo es también un mercado en disputa a nivel global. La tecnología que adoptemos no es neutral en ningún sentido y tiene efectos serios a futuro también en la propia infraestructura física del Plan Ceibal y la educación. Esta discusión pública sobre este acuerdo, ha demostrado que existen aspectos no contemplados de cómo se gestiona nuestra política educativa y tecnológica.  Es saludable hablar de esto. En el afán de democratizar el acceso a las nuevas tecnologías y a la web, no hay que olvidar que algo ha cambiado. La Web no es ya ese mundo idílico creado por Berners Lee a inicios de los 90, sino un espacio mediado por  intereses, riesgos y oportunidades. Cada click, cada página, cada plataforma, conlleva detrás estos tres elementos.  Quienes deciden nuestras políticas educativas y tecnológicas deberían analizar con más detalle, cuando la magnitud de sus decisiones involucran los derechos de población vulnerable, y a un sector estratégico del país
*El autor realizó un pedido de acceso a la información pública donde las autoridades de ANEP dejan constancia de que no existe documentación en este sentido.

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