jueves, 26 de septiembre de 2013

Una razón para agradecerle a Fernández Huidobro

John Stuart Mill creía que la diversidad de voces y opiniones es importante por al menos tres razones. Primero, nunca podemos estar enteramente seguros sobre la veracidad de nuestras ideas. Segundo, aunque nuestras opiniones sean correctas, la confrontación con otras opiniones antagónicas ayudan a fortalecer nuestras propias creencias. Finalmente, en algunos casos no es sencillo diferenciar entre quienes están enteramente en lo cierto y quienes están enteramente equivocados. En esos casos, en vez de existir una única verdad, existen buenos argumentos en ambos frentes del debate.[1]
Pensé inmediatamente en esas ideas de Mill cuando leí las recientes declaraciones del Ministro Eleuterio Fernández Huidobro sobre la agenda política de la izquierda uruguaya. Para simplificar, Fernández Huidobro cree que la izquierda uruguaya esta focalizada en discutir una nueva agenda de derechos (“que los homosexuales se puedan casar y cosas así”) y que no se centra en lo que “realmente importa”. Esa nueva agenda, dice el ministro, “no jode a nadie” porque el problema no está ahí: “El problema no está en si los homosexuales sí o los homosexuales no. El problema está entre los homosexuales ricos y los homosexuales pobres. Los homosexuales ricos no tienen ningún problema, nabo, no tienen ningún problema. El problema está en que hay ricos y pobres. Acá lo que pasa es que se olvidaron de la lucha de clases.[2]
Ciertamente no es menor que alguien de su investidura se anime a decir esto públicamente. Sobre todo porque Fernández Huidobro no es el único que piensa en estos términos.[3] Y cuando este tipo de cosas sucede se abre una ventana de oportunidades para discutir si se está implementando una agenda de políticas públicas adecuada o no. Dejando de lado la teoría conspirativa que menciona Fernández Huidobro,[4] hay varias cosas importantes en su planteo.   
Primero, lo que propone Fernández Huidobro no es otra cosa que un debate sobre redistribución vs reconocimiento.[5] ¿Alcanza con redistribuir recursos para mejorar los niveles de justicia social? La respuesta es no. Las oportunidades que una persona tiene para llevar adelante el tipo de vida que prefiera no son determinadas exclusivamente por su nivel de recursos monetarios y materiales. Por ejemplo, podemos pensar en una sociedad que iguala ingresos que pero castiga fuertemente a quienes tienen una religión u orientación sexual determinada. Vale tan solo pensar en la hostilidad y persecución de homosexuales que tuvo lugar durante mucho tiempo en la cuba revolucionaria.[6] Como bien dice el comunicado de Ovejas Negras en respuesta a Fernández Huidobro:  …el combate a la pobreza –por más justo que sea- no ataca las raíces de la discriminación. La homofobia, lesbofobia y transfobia, al igual que la violencia de género, reafirman las barreras socioeconómicas”.
Segundo, y siguiendo la misma lógica, difícilmente podamos decir que la implementación de medidas de reconocimiento es suficiente para elevar los niveles de justicia social de una sociedad. Seguramente ninguno de los promotores de estas medidas se oponga a esa conclusión. La redistribución de recursos es requerida en sociedades desiguales como la uruguaya. ¿Por qué? Porque no alcanza con otorgar más derechos civiles y políticos si buena parte de la población no cuenta con los medios y oportunidades para disfrutar de esos derechos. Aquí aparece la pregunta más interesante del debate: ¿Se puede perseguir al mismo tiempo políticas de redistribución y de reconocimiento? ¿En qué medida estos dos objetivos pueden chocar entre sí? Quienes salieron al cruce de las declaraciones de Fernández Huidobro rápidamente dijeron que el ministro plantea una “falsa oposición” ya que ambas agendas son compatibles. ¿Pero hasta qué punto lo son?  
Existen al menos dos argumentos para justificar la incompatibilidad de ambas agendas.  Primero, podemos pensar que estos objetivos (más reconocimiento, más redistribución) pueden ser difícilmente perseguidos al mismo tiempo por una razón de agenda. Eso es: no hay suficiente tiempo y recursos para dar la batalla en ambos frentes. Por ese motivo, el gobierno debería concentrarse en las prioridades. Por ejemplo, el país atraviesa por una crisis educativa sin igual con números escandalosos en secundaria y con un posicionamiento de la educación terciaria a nivel internacional más que preocupante. ¿Deberían entonces estar todos los esfuerzos destinados prioritariamente a solucionar esos problemas que la sociedad uruguaya en su conjunto? La respuesta es que no. Aun cuando los problemas educativos deberían ser tomados de una manera mucho más seria, es difícil pensar, por ejemplo, que la lucha contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género puede interferir con políticas de reformas en la educación.  
Pero hay un segundo argumento para pensar en la incompatibilidad de ambas agendas. La idea es que mientras las demandas por mayor redistribución intentan eliminar las distinciones entre grupos, las demandas por reconocimiento proponen resaltar el valor distintivo de cada grupo. Nancy Fraser ha expuesto ese famoso dilema de la siguiente manera.[7] Según Fraser es paradójico que quienes se oponen a la discriminación de género o racial, deben perseguir medidas políticas y económicas que ataquen esa diferenciación, al mismo tiempo que deben llevar adelante políticas de reconocimiento que revaloricen la especificidad de los grupos marginados. Las minorías que tienen demandas de redistribución y reconocimiento requieren, dice Fraser, dos remedios diferentes los cuales pueden no implementarse simultáneamente. Mientras la lógica de la redistribución es eliminar las distinciones étnicas y de género, la lógica de las políticas de reconocimiento es valorizar la especificidad de cada colectividad. ¿Se pueden llevar adelante ambos proyectos al mismo tiempo? Por ejemplo: ¿Cómo se puede luchar simultáneamente para abolir la discriminación de género y valorizar la especificidad de género?
Desafortunadamente no tengo una idea clara de cómo se puede resolver este dilema. Lo que en cambio sí creo tener claro, es que necesitamos más debate para responder la pregunta de si redistribución y reconocimiento pueden volverse políticas incompatibles en algún punto en la agenda política uruguaya. Las declaraciones de Fernández Huidobro, aunque puedan parecer desafortunadas a primera vista, nos obligan a pensar en estos temas. Después de todo, sabemos que su postura no es completamente marginal en el país. Y mientras podemos estar orgullosos de las políticas de reconocimiento que se han implementado en los últimos tiempos, también hay que ser conscientes que los pasos necesarios para que algunas de esas políticas sean efectivas requerirán intervenciones que van más allá del reconocimiento formal de igualdad. Por ejemplo, no es lo mismo aprobar una ley de matrimonio igualitario que intervenir en el mercado laboral para que no se materialicen discriminaciones en términos de  orientación sexual e identidades de género. Los efectos que diferentes acciones afirmativas pueden tener en el mercado laboral no son siempre claros. Es ahí donde los promotores de la “nueva agenda de derechos” tendrán una batalla más dura que dar.




[1] Mill, John Stuart. 1989. On Liberty. Cmbridge University Press. Pp.47-48.
[2] Caras y Caretas. 2013. “Entrevista a Eleuterio Fernández Huidobro: Uruguay y la coordinación de la defensa continental: “Algún día van a venir por nuestros recursos”", Montevideo, 22/09/2013 http://www.carasycaretas.com.uy/algun-dia-van-a-venir-por-nuestros-recursos/
[3] Como señala la Diaria, la senadora Lucía Topolansky declaraba lo siguiente en una entrevista publicada por el semanario Brecha el pasado 24 de agosto: “No sé si es porque tengo 68 años, pero para mí el eje de la lucha sigue siendo la lucha de clases”. “Estas agendas [las de derechos] están muy bien, amplifican, reconocen cosas que existieron toda la vida y que no tenemos por qué excluir, pero estas cosas están dirigidas a parcelas de la población. Si yo al tipo no le doy de comer, podré autorizarle el matrimonio igualitario que quiera, pero se me va a seguir muriendo de hambre”. www.ladiaria.com.uy/articulo/2013/9/hay-que-tener-clase/
[4]  En palabras de Fernández Huidobro: “Esa agenda la hacen Estados Unidos y la socialdemocracia europea, que inventaron ese radicalismo con las mujeres, los homosexuales, esto y aquello para no hablar de lo que importa realmente.” Caras y Caretas, http://www.carasycaretas.com.uy/algun-dia-van-a-venir-por-nuestros-recursos/ Es importante, sin embargo, dejar en claro que podemos discutir si la izquierda debe priorizar las políticas redistributivas sobre las políticas de reconocimiento sin tomar en cuenta la teoría conspirativa que utiliza el ministro para proponer su postura.
[5] Ese debate se puede encontrar en: Taylor, Charles. 1994. ‘‘The Politics of Recognition.’’ In Multiculturalism: Examining the Politics of Recognition. Amy Gutmann ed. Princeton: Princeton University Press; Fraser, Nancy.1995. “From redistribution to recognition? Dilemmas of justice in a'post-socialis' age”, New left review, pp. 68—68; Fraser, Nancy, and Axel Honneth. 2003. Redistribution or Recognition? A Political- Philosophical Exchange. London: Verso.
[6] Ver por ejemplo: Lumsden, Ian. 2010. Machos Maricones and Gays: Cuba and Homosexuality, Temple University Press. 
[7] Fraser, Nancy.1995. “From redistribution to recognition? Dilemmas of justice in a'post-socialis' age”, New left review, pp. 68—68;

8 comentarios:

  1. Bienvenido el debate. Simplemente una clave para resolver, capaz.
    Si pensamos en políticas y no en categorias, por ejemplo políticas de cuidados hacia las familias de clase trabajadora con alta participación en el sector informal podrian servir para mostrar que no hay incompatibilidad. La generación autónoma de ingresos por el estimulo indirecto a la oferta laboral femenina es reconocimiento y redistribución, siguiendo esas categorias.

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  2. Ese es un buen apunte, Milton. Honestamente, no creo que exista una imposibilidad a la hora de resolver esa tensión. Y hay muchas opciones para explorar. Pero si creo que estos son buenos momentos para diseñar políticas que ataquen ambos frentes.

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  3. Tanto la redistribucion como el reconocimiento son unilaterales. En un caso se obliga a unos a darle a otros, y en el otro caso se obliga a unos a reconocer a otros. En ambos casos se obliga a dar y a reconocer de acuerdo a lo que el Estado gusta en dar y reconocer. (el Estado obliga a dar cosas y no tiempo, y obliga a reconocer sexo raza y sexualidad, no capacidades o virtudes) y es unilateral. El Estado decide cuanto se da y hasta donde se reconoce por ley. No necesita negociar. Asi el Estado promulga una ley que acusa a la sociedad de hace 2 siglos de racista, razón por la cual se declara que los negros de hoy son reconocidos, y al mismo tiempo expropia el derecho de los blancos a pretender un empleo publico al otorgar el 8% de los empleos a al grupo que ahora se debe nombrar afrodescendiente. Tambien promulga la ley de matrimonio y demás. Redestibucion y reconocimiento son declaraciones unilaterales. La demora u omisión no son excusa, y por cierto no son incompatibles.
    Huidobro quizá hizo referencia al marxismo cultural de gramsci y la escuela de Frankfurt, o quizá sostiene que es mas importante la política de defensa continental que la postura progre, pero sin lugar a dudas en ningun momento planteo un falso dilema.
    El planteo de Huidobro si es interesante…

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  4. Gracias Picoco por tu comentario. Creo que tu planteo esta equivocado por varias razones. La idea de que el Estado “no necesita negociar” y que toma decisiones “unilaterales” tanto en temas redistributivos como de reconocimiento es problemática. Para empezar, el Estado no es un organismo vivo e independiente que decide cosas en base a preferencias caprichosas. Sino que es un conjunto de instituciones que día a día recibe reclamos de distintos sectores. Asumir que los reconocimiento de diversidad de género e identidad sexual es algo espontaneo que se genera de un modo unilateral es difícil de defender. Hay organizaciones civiles en Uruguay que hace años que vienen luchando por ese reconocimiento. El gobierno esta respondiendo a esa demanda. No creo que el Estado no necesite negociar. Siempre tiene que hacerlo dado que no todas las demandas pueden ser satisfechas. Decir que el Estado no necesita negociar es asumir que este es un ente poderoso e independiente que esta siempre por encima de todas personas. Ese no es el caso de un Estado democrático de derecho. Segundo, lo que sucedió con la esclavitud es ahora un tema de justicia retributiva y es diferente a las políticas de acciones afirmativas que se proponen en estos momentos. La acción afirmativa no busca reparar daños pasados sino crear oportunidades en el presente para mucha gente que no las tiene en estos momentos.

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  5. Estimado Cristian. Muchas gracias por la deferencia de tomarse el tiempo de contestar mi comentario. Es innegable que Ud y yo partimos de ideas contradictorias o antagonicas. Su articulo y la polémica me resultan por esto muy constructivas. Sin perjuicio de esto permítame reformular, ya que antes no supe ser claro.
    El Estado es incapaz de resolver el problema de la educación, ni tampoco puede erradicar una enfermedad, y nunca podrá evitar que los fanáticos del básquet se agarren a las piñas en un partido por el metropolitano. Velar por el acceso a la educación, asegurar la sanidad y mantener el orden son cometidos esenciales, que no se resuelven en un acto ejecutivo.
    En cambio, y tan solo cursando un tramite legal, el Estado puede crear impuestos, construir carreteras, contratar funcionarios según su color de piel en lugar de su aptitud, y también inscribir en el registro de estado civil matrimonios homosexuales
    Puede prohibir el matrimonio privado por ejemplo, obligando a las personas que quieran casarse a pactar su amor en una ceremonia regulada por el Estado. (asi empieza la ceremonia de hecho, el funcionario estatal recita: El matrimonio es obligatorio etc etc) Puede regular palabra por palabra el consentimiento de los cónyuges. Puede limitar incluso este consentimiento (el rito estatal obliga a repetir “son impedimentos dirimentes para el matrimonio…” sin ir más lejos), puede declarar que la familia es base de la sociedad… pero no puede hacer que las personas se casen ni evitar que se divorcien. En Argentina y Chile el divorcio es bastante reciente. Sin embargo la negación del Estado a regularlo no obstaba a que las personas se divorciaran igual.
    Ademas de obligatorio puede hacer que el matrimonio sea un acto oneroso, cobrando tasas y timbres a quienes deseen casarse. Quizás se podría decir que lejos de plantear un dilema al quitar el requisito sexual para el matrimonio se junten el afán reconocerdor con el recaudativo/distributivo.
    Nada impide al Estado a aumentar los impuestos patronales de los trabajadores caucásicos masculinos… asi, se reconocería a las mujeres blancas y no blancas y a los hombres no blancos al mismo tiempo que se recauda para redistrbuir.
    Mi punto es ni el tiempo ni el dinero son obstáculos al momento de regular tramites legales, como el matrimonio, ni tampoco al limitar el derecho al acceso al trabajo. Basta que el Estado se pronuncie. Un barrio puede pedir la construcción de una escuela, o un correcto saneamiento por cuestiones de salud, pero satisfacer sus necesidades depende de la disponibilidad de recursos. Satisfacer los deseos de un grupo que pide por un mero tramite (como que se declare de interés nacional el avistamiento de ballenas o el matrimonio) no tiene mas impedimento que la voluntad política.
    Por cierto, responder demandas de grupos de presión no significa inclusión ni igualdad. Si el Estado respondiera al deseo de los habitantes de Bella Union de construir un puente con Monte Caseros no estaría reconociendo su derecho de libre circulación. Si decretara cuotas para cruzar el puente en cambio limitaría.
    Como también seria limitante si regulara que cada 10 matrimonios 5 deben ser homosexuales.
    La ley no crea derechos pero potencialmente crea desigualdades.
    La democracia existe para limitar ese potencial.
    Por cierto, la acción afirmativa racial se funda en la situación social de hace 200 años

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  6. Muy interesante la discusión.

    Comparto el espíritu de Milton Silveira en el sentido de que hay mucho espacio para pensar políticas que avanzan tanto en redistribución como en reconocimiento. Es decir, mayormente no existe tal dilema en mi opinión, al menos en cuanto a los efectos de las políticas (segundo argumento sobre la oposición en el artículo). Me parece más interesante pensar en que puede haber conflictos/dilemas en el lado político de la cuestión (primer argumento en el artículo), y de hecho lo de huidobro es un ejemplo.

    Mi recuerdo muy lejano del artículo de Fraser es que si bien, como señala Cristian, ella menciona un argumento para pensar conflicto entre redistribución y reconocimiento, la autora argumenta principalmente que la oposición es falsa. Pero quizá mi añoso recuerdo esté errado. Una razón simple es que existe una correlación positiva (no perfecta) entre la gente desfavorecida en términos de redistribución y la gente desfavorecida en términos de reconocimiento (pienso en mujeres, afro, lgbt, jóvenes por ejemplo). Otra es que hay complementariedad entre las políticas en el sentido que un grupo desfavorecido una vez que recibe recursos vía política redistributiva está en mejor posición para avanzar "por si mismo" en reconocimiento (y visceversa).


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  7. Buenísimo el post, Cristian. Coincido en que es necesario contemplar que hay una tensión entre las políticas de redistribución y aquéllas de reconocimiento, y me parece sumamente oportuna tu nota. Sobre todo, porque en mi opinión, y por ello también le agradezco al Huidobro, los "nuevos tiempos" pueden llevarnos a soslayar las diferencias de clase, desigualdades estructurales que dificultan aún más, para los menos afortunados, el ejercicio de derechos con relación a su "diferencia". En fin... si dará pa mucho...

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