jueves, 16 de junio de 2016

No hay peor ciego que al que le prohibimos ver: Diseño Universal y acceso a la Web

Silvia Da Rosa - Matías Dodel - Florencia Fascioli

Estudiantes de la Lic. de Comunicación de la UCU  experimentando "la Web a ciegas". Autor: Matías Dodel
Estudiantes de la Lic. de Comunicación de la UCU
experimentando "la Web a ciegas". Autor: Matías Dodel
En Uruguay los instrumentos de relevamiento que utilizamos para la investigación social, tanto cuantitativos como cualitativos, son insensibles –o ciegos- a la discapacidad. ¿Qué sucede si al golpear la puerta para realizar una encuesta oficial sobre el consumo de cannabis  el informante calificado resulta ser una persona sorda? ¿O cuando al convocar a grupos focales sobre el ciberbullying / acoso por Internet uno de los jóvenes tiene una discapacidad motora y la cámara Gessel no permite el acceso de una silla de ruedas? Sin ser hipócritas, debemos asumir que en el 99.9% de esos casos el hogar y/o individuo quedan sin voz o registro alguno. Y sabemos que sobre lo que no existe registro... por decir poco es difícil de intervenir.
Y este no es un fenómeno propio de las ciencias sociales sino de la agenda pública toda: en la vida cotidiana de los uruguayos, salvo incidentes puntuales de enorme incapacidad gubernamental en la gestión del cambio o experiencias personales con seres queridos, las personas ciegas son invisibles, las sordas inaudibles, las personas con discapacidad incapaces de ser vistas y así podemos seguir todo el día con juegos de palabras que bordean lo insensible pero crudo.
En términos numéricos, la última encuesta nacional sobre discapacidad es del año 2004. Esta encuesta señalaba que la población con discapacidad era un 7,6%, siendo la dificultad para caminar la que más afectaba a los uruguayos. Siete años más tarde, el Censo de población realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) -con varios cuestionamientos metodológicos entorno a la medición de la temática- mostró un aumento significativo de la discapacidad. En Uruguay, más de 300.000 personas declararon tener dificultades permanentes para ver (aún si usaban anteojos o lentes), más de 110.000 manifestaron tener dificultades permanentes para oír (aunque usaran audífonos), y más de 200.000 dijeron tener alguna dificultad para caminar o subir escalones (INE 2012). La cifra de discapacidad crece -según esta medición- a más del 15% de la población.
Pero la antigüedad y baja calidad de estos datos no son casuales para el tema central de esta nota: en Uruguay no existe una sola encuesta representativa que permita estudiar la prevalencia del uso de Internet en personas con discapacidad*. No hay casi ninguna información cuantitativa en general sobre los comportamientos, percepciones, dificultades y necesidades de las personas con discapacidad; ¿por qué, entonces, es particularmente tan importante conocer si estos uruguayos utilizan Internet o cómo los hacen? Es muy básico: las tecnologías digitales tienen un potencial tan alto en la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad que su relevancia las hace tanto o más importantes para este grupo que para la población global del país.
Sin caer en determinismos tecnológicos pero extendiendo un poco los límites infinitos de nuestra capacidad de asombro (Ríos, sin fecha), el uso que le damos a las tecnologías digitales hoy nos ha transformado -literalmente- en ciborgs: los dispositivos tecnológicos personales –muchos de ellos que llevamos pegados a nosotros casi las 24 horas del día-  nos permiten hacer cosas por encima de nuestras limitaciones biológicas y geográficas. En el caso de las personas con discapacidad esto se potencia aún más: lectores de pantalla que permiten “leer” a personas ciegas, transcripciones automáticas que habilitan a sordos a “escuchar” videos o mentes brillantes atrapadas en sus propios cuerpos que pueden comunicarse y contribuir enormemente a la humanidad gracias a la tecnología.
En particular, la Web (que sin ponernos muy nerds es un concepto distinto al de la Internet), permite el intercambio de conocimiento -más que nunca clave en la sociedad informacional - así como la posibilidad de acceder u obtener bienestar más allá de determinadas barreras geográficas y socioeconómicas de origen sobre las que la persona no tuvo injerencia alguna.
Sin embargo, al igual que como sucede con las encuestas, hay requerimientos básicos para el uso de la Web que asumimos como universales y se encuentran lejos de serlo. Más allá de aspectos tradicionales en el estudio de las inequidades digitales –acceso al hardware, conectividad- y otras “barreras de segunda generación” en el estudio de las brechas digitales – usos, motivaciones y habilidades (Robinson et al., 2015)- es marginal la preocupación en la comunidad académica, técnica y/o gubernamental por una última variable clave: la accesibilidad.
¿Qué implica este factor? Habilitar a que la persona pueda acceder a los contenidos de la Web independientemente de limitaciones relacionadas con una discapacidad, edad avanzada, limitaciones del idioma o de tecnología (como puede ser una computadora antigua o un ancho de banda limitado). Es relevante resaltar que al día de hoy, la accesibilidad no es una dificultad tecnológica sino social y de diseño. Pensando entonces desde una perspectiva de Derechos, ¿cuántas personas estamos dejando fuera del mundo digital por un problema de diseño y/o capricho?
Sir Tim Berners-Lee, reconocido como el padre de la criatura ésta de la Web, desde el propio parto de su hijo/a ,postulaba que “el poder de la Web está en su universalidad. Un acceso para todo el mundo independientemente de su  discapacidad es un aspecto esencial”.
Y universal significa pensar el diseño desde su base y para todos, no hacer adaptaciones ad hoc más adelante. Algunos usamos la Web para trabajar desde una laptop, personas ciegas usan la computadora para trabajar en un call center usando un lector de pantalla, Stephen Hawkins usa la computadora para transportarse, comunicarse y escribir sus libros.
Y este es el quid de la cuestión: la diversidad funcional se transforma en una discapacidad SÓLO cuando el contexto no es adecuado (adecuado, no adaptado). Cualquier limitación (característica personal o tecnológica) puede transformarse en una discapacidad si el contexto impone barreras.
Video: quizás este es el mejor video para comprender por dónde va el asunto de la nota.
Los expertos en accesibilidad de la Web no hablan de adaptaciones especiales sino –al igual que en la arquitectura- de diseño universal. Allí, se apunta al desarrollo de productos y entornos de fácil acceso para el mayor número de personas posible, sin la necesidad de adaptarlos o rediseñarlos de una forma especial: una suerte de mínimo denominador común. Crear adaptaciones es, a fin de cuentas, otra forma de segregación. Pero además, y no menos importante, definitivamente no es rentable.
Lo particularmente interesante de la Web en este sentido, es que resulta de una construcción colectiva. No sólo técnicos, programadores y diseñadores tienen su rol en temas de accesibilidad, sino que bloggers, youtubers y comunicadores, desde su sitio Web o su página de Facebook pueden jugar un rol clave.
También el Estado puede y deber ser un actor relevante en la temática. Desafortunadamente, más allá de iniciativas puntuales de AGESIC entre ellas Guía para diseño e implementación de Portales Estatales (2009) y el curso Diseño web accesible para todos, y algunas normas ISO UNIT 1223:2015 y UNIT 1215:2014 cuya adscripción o cumplimiento en todos los casos es voluntario, no existe política nacional alguna en la temática. Tampoco existen leyes que regulen y monitoreen el cumplimiento de ciertas premisas básicas de diseño universal en el acceso a la Web, aspecto central al menos en lo que refiere sitios oficiales o de interés público (p.ej. campañas de prevención, salud pública, ahorro energético, etc.).
Sin una política pública clara, el conocimiento seguirá siendo el privilegio de unos pocos que tuvieron la suerte –porque en ello no hay nada de méritos- de nacer en cuerpos para los que la sociedad uruguaya –física y virtual- se encontraba diseñada al momento de su nacimiento.


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* Ni las encuestas sobre discapacidad indagan sobre el uso de Internet, ni las de Internet -como la EUTIC- lo hace sobre la prevalencia de discapacidades. Siempre se nos puede haber escapado alguna. Si algún lector accede a la misma agradecemos comentar esta nota con la información



Bibliografía
Instituto Nacional de Estadística (2012). Censos 2011. Montevideo, INE. Recuperado de: http://www.ine.gub.uy/censos2011/index
Nuñez, I. (2014) Personas con discapacidad en Uruguay: algunas cifras del censo 2011. Asesoría en políticas de seguridad social, Banco de Previsión Social. Recuperado de: http://www.bps.gub.uy/bps/file/8195/1/44._personas_con_discapacidad_en_uruguay._algunas_cifras_del_censo_2011._nunez.pdf
Robinson, L., Cotten, S. R., Ono, H., Quan-Haase, A., Mesch, G., Chen, W., … Stern, M. J. (2015). Digital inequalities and why they matter. Information, Communication & Society, 18(5), 569–582. http://doi.org/10.1080/1369118X.2015.1012532

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