jueves, 18 de septiembre de 2014

Otro concepto de apertura: ¿cómo nos orientamos a la innovación?

Uruguay se encuentra en una de las regiones con menos aporte a la innovación. Sin embargo, al igual que otros países vecinos, Uruguay comienza a generar recursos e instituciones que permitan cambiar esta situación. La ANII en si misma es una gran noticia, en particular por sus vínculos con el sector productivo, sus becas de formación en el país y el exterior, y los fondos de investigación que lentamente comienzan a aparecer. [1] Sin embargo, este tipo de esfuerzos necesita una contrapartida desde las universidades en términos de adecuación de estructura, procesos e incentivos. Aunque tenemos sí institutos foráneos que se han instalado en el país con una orientación decidida a la innovación, algunas unidades dentro de las universidades aquí y allá que han logrado adaptarse, o iniciativas innovadoras de carácter individual, en general nuestras universidades no han logrado aún adecuarse para favorecer dinámicas innovadoras.

La nota se basa en la idea de que el sistema universitario debiera ser el núcleo duro de estos procesos de innovación. En este sentido, no hemos logrado adaptarnos y generar complementariedades con dos procesos clave: el primero es la globalización, que expone al país a un escenario competitivo por los recursos más formados, propios y ajenos. El segundo es la entrada en la sociedad del conocimiento, que exige una actualización profesional constante.

Paso a explicar. Salvo algunas excepciones en que Uruguay cuenta con la infraestructura y recursos idóneos para formar investigadores competitivos a nivel global, la formación de recursos de alta calidad en Uruguay es una estrategia ineficiente en comparación con comprar dicha formación en el mercado internacional (al menos para la etapa en que nos encontramos ahora). Es decir, debiéramos concentrarnos en ofrecer las condiciones propicias para que uruguayos o extranjeros formados en el exterior decidan instalarse a trabajar en nuestras universidades. Esto es así porque, recordando el proceso de revolución científica propuesto por Khun [2], Uruguay se encuentra en el estadio de cambio paradigmático. En este estadio existe un desafío de coordinación entre una generación que ocupa los lugares de investigación y liderazgo, y la generación que vuelve formada pero no encuentra un lugar en el país.

Dicha coordinación se viene resolviendo en forma insatisfactoria, de modo que los jóvenes formados tienden a irse a otros países luego de angustiosos procesos insatisfactorios de inserción en Uruguay y los investigadores residentes pierden el beneficio de actualizarse al recibir en el seno de sus instituciones a jóvenes recién formados en centros de excelencia internacional. No logramos complementariedades virtuosas. Es necesario repensar las estructuras, procesos e incentivos de nuestro sistema universitario para lograr mejores niveles de innovación orientada al desarrollo.

A modo de ejemplo anecdótico para ilustrar el problema tenemos el mecanismo de captación de recursos humanos dominante en nuestro sistema universitario. En general, no contamos con concursos competitivos que permitan a jóvenes doctores recién llegados acceder a puestos de dedicación total sin pasar por el tortuoso proceso de tener que ascender en una escala anacrónica por los siguientes 5 a 10 años luego de su llegada. Tampoco contamos en general con procesos de evaluación que eventualmente permitan reemplazar a quien no logra estándares adecuados de productividad.

De este modo, Uruguay no logra completar la transición. Los jóvenes doctores no vuelven o no consideran a Uruguay como destino laboral y el país permanece fuera de los circuitos globales de investigación y desarrollo académico. Se insiste en integrar a los recién llegados en puestos y escalas salariales anacrónicas e incapaces de competir con la oferta global, que no les permiten desarrollar –siguiendo a Lakatos [3]- sus Programas de Investigación. Ante la propuesta de trabajar en programas de investigación ajenos hasta la vejez, éstos se marchan y la transición nunca se completa. 
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[1] Ver memoria 2006-2013 de la ANII: http://www.anii.org.uy/web/content/anii-presenta-su-memoria-2006-2013 
[2] Khun, Thomas. “Th estructure of cientific revolutions”
[3] Lakatos, Imre. "La metodología de los Programas de investigación científica"

2 comentarios:

  1. Hola Juan, hola a todos, hace tiempo que no me daba una vuelta por el blog y me alegra ver que sigue muy activo.
    Juan, quería comentarte algunas cosas de esta nota.
    Comparto el elogio a la ANII, pero no entiendo bien a qué te referís por innovación. Más allá de lo que dice la memoria que publicaron ahora a modo de folleto de propaganda, la propia ANII produce sistemáticamente informes de evaluación, donde destacan que el principal problema que tienen es la llegada al sector productivo. Ese es el punto más débil, porque es el más difícil, del trabajo de la ANII. Lo mismo cuando hablas de instituciones extranjeras que hacen innovación. ¿a cuál te referís? El Pasteur hace casi exclusivamente investigación, tiene muy poca innovación.
    Algo que no comparto y me dejó un poco sorprendido de tu nota es que no conozco ningún antecedente de la literatura sobre innovación que diga que las universidades deban ser el núcleo duro de un sistema de innovación. No entiendo cómo vinculás la captación de recién doctores en las universidades con la innovación para el desarrollo. Más allá del punto obvio de que la mejora de la formación a máximo nivel es un prerrequisito para la dinámica de la innovación, todos los casos que conozco en la literatura destacan que el indicador relevante es la captación de doctores por el sector productivo, no por las universidades. Lo segundo es importante, pero el indicador que separa aguas es el primero. Empresas que contratan doctores son las que suelen ser el núcleo duro de la innovación.
    Eso en Uruguay no pasa, la tasa y el número de profesionales en empresas es muy bajo. De hecho es en las universidades donde sí se captan doctores. Menos de los deseables claro, muchos más que hace diez años también. El principal programa de investigación que tiene Uruguay es el RDT de la Udelar, gasta aproximadamente 300 millones de pesos por año, algo así como dos veces el SNI. Tiene millones de problemas de evaluación, millones. Pero el grueso de las entradas a ese régimen desde 2008 fueron jóvenes con doctorado o en curso. El RDT supone un 70% a más sobre salarios que tuvieron una recuperación real media de cerca 35% en 6 años. ¿A vos te parece que Uruguay no atiende el problema de captación de doctores en las universidades?
    Por otra parte me encantaría conocer los datos que tenés de no retorno de doctores uruguayos formados en el exterior. Yo conozco casos en biología práctica, neurociencias e hidráulica que volvieron hace poco, en parte por programas de la ANII, y conozco amigos en común en ciencias sociales que eligieron no volver. Pero no conozco datos de retorno, ¿vos los tenés? Esos casos que te menciono no tuvieron que pasar por el calvario de la carrera docente para ser investigadores independientes. Qué datos tenemos de quienes pasan por ese calvario y quienes no?
    Pero lo que menos comparto de la nota es que parecería que crees generalizable la idea de que hay un conjunto de jóvenes doctores que vienen de fuera con buenas prácticas de producción y están taponeados por los de acá, que trabajan mal. Precisamos un mecanismo de evaluación que nos diga qué son buenas prácticas de producción. Yo creo que no lo tenemos. Me divirtió mucho la nota de Gabriel, acá hay quienes creen en una epistemología oriental y quienes creen que contar paper ISI es evaluar. A mi ambos me parecen absurdos. El primero es obvio, el segundo toma un requisito muy pertinente, la publicación de calidad, pero si lo vuelve hegemónico es tan absurdo como el primero. Eso no se debate solo en Uruguay, lo debate la declaración de Dora de San Francisco, la Royal Society, los trabajos de Hicks de GeorgiaTech lo hacen específicamente para ciencias sociales. Es un tema abierto en el mundo, ¿a vos te parece que en Uruguay se salda de manera eficiente trayendo gente de fuera?
    A mi eso me da la impresión de un reclamo generacional, respetable, pero no válido si no me das un criterio de evaluación inteligible que evite el riesgo de la generalización.
    Saludos y felicitaciones por seguir con el blog

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  2. Carlos: gracias por el comentario y los aportes en el mismo. Voy a intentar alimentar el debate o esclarecer mis apreciaciones según el caso. Primero, coincido plenamente en tus apreciaciones sobre el problema de instrumentos de política pública, como la ANII, para llegar al sector productivo. Sin embargo, la nota sugiere que ésta es la dirección correcta, pero no sugiere que sea exitosa (aún). Sí creo que lograr incidir en el sector productivo implica un proceso y que la ANII es aún un instrumento joven. Creo que coincidimos en que el nivel de gasto es causa necesaria pero no suficiente para el logro de los objetivos planteados.
    Segundo, sí creo que las universidades juegan un papel importante en facilitar los procesos de innovación. Así lo sugiere, al menos, la literatura en variedades de capitalismo y las que la alimentan desde diversas áreas. Naturalmente el primer movimiento lo tiene el sector productivo; pero cómo el sistema universitario se adapta a esto es, a mi juicio, clave. Es decir, creo que es un juego de tres actores. Tal vez el término núcleo duro no fue el más feliz, pero la evidencia tiende a sugerir que (en los países desarrollados) las empresas que gastan en I+D se apoyan en las universidades, en particular para contratar recursos humanos calificados para éstas unidades (Spencer 2001, Hicks et al 2001, Cohen et al. 2002, Laursen y Salter 2004, entre otros). Entonces, la calidad de los recursos humanos que tienen y forman las universidades, tienen impacto sobre la innovación en el sector productivo. Entonces, que exista un cuello de botella asociado a la capacidad del sector privado de incorporar I+D no quiere decir que no haya otro asociado a la captación y formación de recursos humanos, en donde las universidades juegan un papel central. El Pasteur es importante como plataforma de aterrizaje de recursos formados. Éstos podrán mañana migrar al sector privado, como pasa en otros países, y facilitar la innovación. La clave, en mi opinión, está en facilitar éste proceso que, coincido contigo, está muy verde.
    Sin embargo, nosotros no estamos en el mundo desarrollado (ni nuestros vecinos), por lo que sufrimos un problema adicional que ya explicaba la literatura de la dependencia: es extremadamente difícil para una empresa traer recursos calificados desde Europa o América del Norte. Es una desventaja comparativa en relación a la misma empresa situada en Frankfurt o en Atlanta. Por eso es aún mucho más importante que las universidades y otros mecanismos como la ANII o el RDT en la UdelaR cumplan ésta función (o el Pasteur o quien sea).
    En relación a tu último punto, no creo que lo de afuera sea mejor que lo de acá como principio. Tampoco creo que sea bueno no reconocer la distancia que en términos generales nos separa de las regiones con mayores tasas de innovación en el sector productivo y generación de conocimiento en ciencia básica. Esa distancia está muy bien documentada. Con todos los problemas que los sistemas de arbitraje puedan tener, me parece mejor que existan a que no haya nada. La solución al problema creo que está en generar una red densa en la región de universidades, revistas, etc., que, como ha hecho Europa en los últimos años, nos permita depender menos del norte. No solo lo creo sino que tengo una agenda activa a ese respecto. Pero como en el punto del sistema productivo al comienzo, esto es un proceso. Refiero a mi nota anterior sobre éste punto: http://razonesypersonas.blogspot.com/search?updated-min=2014-01-01T00:00:00-02:00&updated-max=2015-01-01T00:00:00-02:00&max-results=4
    Bueno, dicho esto, verás que entre ayer y hoy yo escribí la nota, vos la comentaste y yo te respondo. ¿Por qué no estamos concentrados en publicar un ISI? Algún valor tendrá todo esto. Abrazo y gracias de nuevo. J.

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