viernes, 7 de julio de 2017

Cambio tecnológico, renta básica, y el riesgo de la lógica de la compensación



Artificial Intelligence - Eric Chow.
El cambio tecnológico expresado en la automatización, las diversas soluciones que brinda la inteligencia artificial y las tecnologías digitales puede favorecer el crecimiento así como mejorar el bienestar agregado.

En su versión más idealista, los humanos del futuro tendrían mucho tiempo para el ocio y el desarrollo de su creatividad, y serían capaces de disfrutar del crecimiento productivo que provee la tecnología.

En la versión más pesimista, estos cambios pueden profundizar la desigualdad hasta niveles grotescos.

Este punto fue estudiado en un reciente informe del Banco Mundial[1], el cual indica que el principal problema que enfrentan países como Uruguay es la caída en la demanda por tareas manuales rutinarias frente a otras que priorizan el desarrollo de habilidades cognitivas y no rutinarias.

Estos cambios son inevitables, y tendrán además además una expresión política concreta. Uno de ellos tiene que ver con el debate sobre la política social.


Protección social y desarrollo

Durante un buen tiempo se pensó que los avances de las políticas de protección social resultan del balance de poder entre los trabajadores y los dueños del capital. Según este relato, el camino por el cual resulta viable acercarse a los ideales de igualdad y justicia social surge exclusivamente de la capacidad de los trabajadores para organizarse, desarrollar partidos de izquierda y crear un masivo comportamiento electoral consciente del significado del "voto de clase". Así, por ejemplo, se ha explicado el desarrollo de los estados socialdemócratas europeos y muchas de las "conquistas" sociales en el resto del mudo.

Razonamientos alternativos a esta idea proponen que bajo ciertos contextos los empleadores o dueños de capital tienen un interés directo en las "características productivas" de la protección social. Abundan ejemplos en los que determinados regímenes de producción capitalista necesitan de cierto nivel de capital humano para funcionar (podemos pensar en industrias especializadas o de "nicho", típicas en países escandinavos). Con el avance tecnológico, los empleadores muchas veces necesitan que los trabajadores estén dispuestos a hacer inversiones de especialización o capacitación que pueden ser muy riesgosas por alta probabilidad de volverse obsoletas de un día para el otro. Pero como toda inversión riesgosa, esto puede solucionarse mediante la implementación de un seguro. En este caso la protección social es la que asegura a las inversiones en calificaciones que realizan los trabajadores, cumpliendo un rol central en el proceso productivo. La coalición política que emerge de este fenómeno, termina instaurando sistemas institucionalizados de coordinación de la economía donde trabajadores y empresarios negocian en el seno del gobierno. Al contrario de la lucha de clases, cuenta esta historia alternativa, la protección social emerge de relaciones de cooperación y coordinación entre capital y trabajo para competir en los mercados internacionales.

Pero no siempre los intereses del capital en la política social son así de "virtuosos". Hay situaciones en las cuales existen oportunidades de crecimiento económico que benefician a todos pero solo en el largo plazo. Un ejemplo es el comercio internacional. Para muchos la historia enseña que en la Europa de la posguerra la única forma de fomentar el desarrollo y a la vez evitar los autoritarismos habría sido asegurar el libre comercio internacional "compensando", mediante transferencias sociales, a los perdedores de la apertura comercial: los trabajadores. La idea central de la política de la compensación es que los gobiernos democráticos necesitan expandir programas como el seguro de desempleo y las pensiones para poder aumentar el apoyo popular a la apertura comercial. Desde esta perspectiva, los empleadores tienen un interés que también apunta a la expansión de la protección social, pero el mecanismo es distinto al anterior: se trata de compensar a quienes están excluidos del proyecto productivo o de crecimiento, y no necesariamente de integrarlos en forma plena.

El problema central de la lógica de la compensación es que, como su principal objetivo lo determina, no va más allá de la búsqueda de la paz social. Resulta radicalmente distinto que la política de protección social se implemente como forma de evitar una posible insurrección política de parte de los trabajadores, que cuando es una parte constitutiva del proyecto de desarrollo económico.


Renta básica, coaliciones políticas, y compensación 

En varios países del mundo, así como en Uruguay, se ha revitalizado el debate sobre la incorporación de mecanismos de transferencias universales y no condicionadas a ningún tipo de comportamiento. La idea es que todo el mundo tiene el derecho a un mínimo de ingreso que permita resolver las necesidades básicas de la vida.

Es común ver que este resurgimiento del debate esté atado a recientes diagnósticos de la velocidad a la cual se destruye el trabajo a causa del avance de la industria tecnológica, las implementaciones de soluciones mediante inteligencia artificial, y la robotización en general.

La industria tecnológica es, a su vez, cada ves más consciente de las consecuencias políticas que tiene llevar adelante este proyecto hasta sus últimas consecuencias: una grotesca desigualdad y un posible contragolpe político en su contra.

El principal obstáculo a la destrucción de empleo son justamente las leyes de protección al laboral (y su "enforcement"), así como el poder de los trabajadores organizados y de gobiernos democráticos que que dependen del apoyo (o consentimiento) de los sindicatos. La regulación laboral cumple un papel muy importante porque de algún modo "compra tiempo" para prepararnos frente los efectos del cambio tecnológico. Aún así, el aumento del número de "perdedores" parece ser inevitable en el tiempo.

En un contexto donde el sistema educativo parece estar divorciado con los cambios de las demandas del mercado de trabajo, y donde las políticas activas de empleo son lastimosamente marginales, como sucede en nuestro país, la tentación de resolver compensando es muy grande.

La, todavía tímida, promoción de la renta básica universal en Uruguay está más centrada en transmitir y difundir las ideas de justicia que sustentan este diseño de política, así como sus alternativas prácticas de implementación. Por ejemplo: cómo hacer para convertir la estructura actual del gasto en pensiones, seguro de desempleo y programas de transferencias en una nueva política de transferencias universales.

Pero más allá de los principios de justicia, y de la solución a los problemas no menores de transición, debe también tenerse en cuenta que la renta básica universal constituye un poderoso instrumento de compensación capaz de hacer políticamente viable una gran aceleración del cambio tecnológico y la automatización, y por ende, aumentar la velocidad a la cual observamos estos fenómenos de destrucción del trabajo.

La renta básica no parece ser vista por la industria tecnológica como aquella que permite producir el capital humano necesario para fomentar el desarrollo. Todo lo contrario. Es una política que vendría a jugar el papel de asegurar la paz social y hacer políticamente viable un proyecto que, tecnológicamente hablando, ya está en marcha.

También hay motivos para pensar que una coalición detrás de un proyecto compensatorio de renta básica puede llegar a ser muy amplia, incluyendo a la industria tecnológica así como los sectores productivos que más se benefician con su avance, y sobre todo, a un gran número de trabajadores informales (o "outsiders" sin beneficios a la actual protección social), a los cuales se sumarán aquellos que se volverán obsoletos en el corto o mediano plazo. Esto es mucha gente.

No se trata de oponerse al cambio. Mucho menos a innovaciones de protección social como las que proponen las distintas propuestas de renta básica universal. Se trata, sobre todo, de involucrar la política social a los proyectos productivos.  Será una cuestión política si este y los futuros gobiernos solo se limitan a compensar perdedores.


[1] Ignacio Apella y Gonzalo Zunino. 2017. "Cambio tecnológico y el mercado de trabajo en Argentina y Uruguay. Un análisis desde el enfoque de tareas." Banco Mundial.

6 comentarios:

  1. Muy buena nota Santiago. Yo comparto la simpatía con la renta básica y me parece muy interesante vincularlo con los cambios tecnológicos tendientes a la automatización. Si fuera verdad que los robots desplazan una creciente proporción de personas de sus puestos de trabajo, entonces una renta básica sería una buena solución a ese problema. Lo que no me queda claro es que exista evidencia de que efectivamente estemos ante un fenómeno tal. En un post publicado aquí, argumento que el cambio tecnológico destruye pero también crea puestos de trabajo y que no se observa una pérdida neta a largo plazo. En particular no parece observarse una tendencia al alza de la tasa de desempleo siguiendo a las sucesivas introducciones de máquinas reemplazando gente en los procesos productivos. El post está escrito para el caso uruguayo pero creo que se puede generalizar (http://www.razonesypersonas.com/2015/08/innovacion-y-desempleo-en-el-largo-plazo.html).
    Por supuesto que en el mediano plazo, hay gente que por diversos motivos puede quedar desplazada ante un cambio tecnológico concreto (puede por ejemplo ser difícil reconvertirse cuando uno tiene una edad relativamente avanzada), pero no sé si este es el argumento más fuerte a favor de la renta básica, dado que una extensión del sistema de seguros, o políticas puntuales de compensación, podrían cubrir estos casos.
    Si mi argumento es correcto, creo que la mejor fundamentación que se puede hacer a favor de la renta básica es la expansión de las libertades individuales que implica.
    Saludos!
    Guzmán

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    1. Guzmán, me agarraste muy bien ahí, y estoy de acuerdo con lo que decís en el comentario (así como en tu post en RyP, que seguramente merecía referencia al debate !)

      Yendo a tu punto, la cuestión sería despejar si la parte "creativa" del cambio tecnológico es suficiente para sustituir la parte destructiva del proceso. Como vos mostrás, a la velocidad que vamos --por ahora-- parece que sí, pero si el proceso se acelera puede que no... ¿verdad? Lo que planteo allí es que políticas que aseguren buenos mecanismos de compensación (como la renta básica) puden facilitar la aceleración del proceso, no por una cuestión tecnológica o económica, sino política. No me interesaba disctuir tanto la cuestión de cómo se justifica esta política, sino hacer un paralelismo con otras políticas de compensación que han acelerado mucho transformaciones como el comercio internacional (es verdad, en otros tiempos y en otros contextos).

      Un abrazo ! Santi.







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  2. Estamos de acuerdo. Tengo la impresión de que la prensa (doméstica e internacional) viene alertando sobre la potencialidad del desplazamiento de personas por máquinas con creciente intensidad. Si bien entiendo que mirando al pasado, la idea parece un poco infundada, el futuro es incierto. Si el fenómeno se materializara con fuerza entonces estamos de acuerdo que una renta básica podría podría justificarse desde ahí también.
    Abrazo!

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  3. Pregunta de verdulero a Guzman, las profecías del historiador de moda este Arari en su libro Homo Deus (asi como las referencias que cita) son entonces medio pedos al aire. No lei el libro del tipo, lei el anterior libro (que no me parecio malo, homo sapiens) y algunos reviews bastante positivos. Pero como no tengo idea del tema me quedo con la curiosidad si el tipo no realmente selecciona la evidencia en forma sesgada o no

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  4. Tiene muchas puntas interesantes el concepto de renta básica. Me centro en algo más. En el análisis sustituiría "cambio tecnológico" por "rentas e intereses".

    Hoy, en Uruguay y en el mundo, ¿es el cambio tecnológico el que cierra industrias, borra de un plumazo puestos de trabajo y no genera nuevos? ¿o se trata de cómo está funcionando el sistema político/económico global? Donde muchas veces es más rentable, y más seguro, invertir en "instrumentos financieros", mejor aún si es en un paraíso fiscal, que arriesgarse a cualquier tipo de empresa que genere puestos de trabajo, desde agrícola hasta de servicios informáticos.

    El Banco Mundial se equivoca. Basta con una mirada somera al Uruguay o a cualquier otro país para darse cuenta de que los principales problemas de hoy, y de mañana, no tienen nada que ver con maravillosos cambios tecnológicos que dejen a nuestros trabajadores con demasiado ocio.

    ¿No tendrían algo de razón en los tiempos de Aristóteles y el problema que nos aqueja hoy no es tecnológico, sinó aquel "the birth of money from money"?

    Estaría bueno leer algo al respecto en este sitio, conocimientos y capacidad hay.

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  5. Saludo q los intelectuales comiencen a preocuparse, aunque más no sea tímidamente, x LA SOCIEDAD CENTRIFUGADA http://blogs.montevideo.com.uy/blognoticia_101018_1.html

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