jueves, 18 de septiembre de 2014

Otro concepto de apertura: ¿cómo nos orientamos a la innovación?

Uruguay se encuentra en una de las regiones con menos aporte a la innovación. Sin embargo, al igual que otros países vecinos, Uruguay comienza a generar recursos e instituciones que permitan cambiar esta situación. La ANII en si misma es una gran noticia, en particular por sus vínculos con el sector productivo, sus becas de formación en el país y el exterior, y los fondos de investigación que lentamente comienzan a aparecer. [1] Sin embargo, este tipo de esfuerzos necesita una contrapartida desde las universidades en términos de adecuación de estructura, procesos e incentivos. Aunque tenemos sí institutos foráneos que se han instalado en el país con una orientación decidida a la innovación, algunas unidades dentro de las universidades aquí y allá que han logrado adaptarse, o iniciativas innovadoras de carácter individual, en general nuestras universidades no han logrado aún adecuarse para favorecer dinámicas innovadoras.

La nota se basa en la idea de que el sistema universitario debiera ser el núcleo duro de estos procesos de innovación. En este sentido, no hemos logrado adaptarnos y generar complementariedades con dos procesos clave: el primero es la globalización, que expone al país a un escenario competitivo por los recursos más formados, propios y ajenos. El segundo es la entrada en la sociedad del conocimiento, que exige una actualización profesional constante.

Paso a explicar. Salvo algunas excepciones en que Uruguay cuenta con la infraestructura y recursos idóneos para formar investigadores competitivos a nivel global, la formación de recursos de alta calidad en Uruguay es una estrategia ineficiente en comparación con comprar dicha formación en el mercado internacional (al menos para la etapa en que nos encontramos ahora). Es decir, debiéramos concentrarnos en ofrecer las condiciones propicias para que uruguayos o extranjeros formados en el exterior decidan instalarse a trabajar en nuestras universidades. Esto es así porque, recordando el proceso de revolución científica propuesto por Khun [2], Uruguay se encuentra en el estadio de cambio paradigmático. En este estadio existe un desafío de coordinación entre una generación que ocupa los lugares de investigación y liderazgo, y la generación que vuelve formada pero no encuentra un lugar en el país.

Dicha coordinación se viene resolviendo en forma insatisfactoria, de modo que los jóvenes formados tienden a irse a otros países luego de angustiosos procesos insatisfactorios de inserción en Uruguay y los investigadores residentes pierden el beneficio de actualizarse al recibir en el seno de sus instituciones a jóvenes recién formados en centros de excelencia internacional. No logramos complementariedades virtuosas. Es necesario repensar las estructuras, procesos e incentivos de nuestro sistema universitario para lograr mejores niveles de innovación orientada al desarrollo.

A modo de ejemplo anecdótico para ilustrar el problema tenemos el mecanismo de captación de recursos humanos dominante en nuestro sistema universitario. En general, no contamos con concursos competitivos que permitan a jóvenes doctores recién llegados acceder a puestos de dedicación total sin pasar por el tortuoso proceso de tener que ascender en una escala anacrónica por los siguientes 5 a 10 años luego de su llegada. Tampoco contamos en general con procesos de evaluación que eventualmente permitan reemplazar a quien no logra estándares adecuados de productividad.

De este modo, Uruguay no logra completar la transición. Los jóvenes doctores no vuelven o no consideran a Uruguay como destino laboral y el país permanece fuera de los circuitos globales de investigación y desarrollo académico. Se insiste en integrar a los recién llegados en puestos y escalas salariales anacrónicas e incapaces de competir con la oferta global, que no les permiten desarrollar –siguiendo a Lakatos [3]- sus Programas de Investigación. Ante la propuesta de trabajar en programas de investigación ajenos hasta la vejez, éstos se marchan y la transición nunca se completa. 
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[1] Ver memoria 2006-2013 de la ANII: http://www.anii.org.uy/web/content/anii-presenta-su-memoria-2006-2013 
[2] Khun, Thomas. “Th estructure of cientific revolutions”
[3] Lakatos, Imre. "La metodología de los Programas de investigación científica"

jueves, 11 de septiembre de 2014

Epistemología oriental. Tragicomedia en tres actos.
















[Nota del editor: reproduzco un curioso manuscrito inédito que encontré en los archivos de Harvard University en Cambridge, Massachusetts. La autora sería una tal María Eugenia Renán. La busqué en Google o gugleé, pero sin suerte.]



Epistemología oriental. Tragicomedia en tres actos.

Por María Eugenia Renán



Personas que hablan en ella:

- Calibán
- Mariel
- Próspero Silva
- Mozo (que guarda un cierto parecido con Nicolás Rotundo)
- Parroquiano (que guarda un cierto parecido con Fabián O’Neill)



La acción, en Montevideo, en un bar cercano a la Facultad de Ciencias Sociales. Calibán, Mariel, y Próspero Silva, cada uno con su copa. El reloj marca las once y cuarto de la noche.



[Acto primero.]




- CALIBÁN:

El éxito de las ciencias sociales estadounidenses es hoy por hoy rotundo. ¿Quién puede negarlo? Más que las universidades francesas o alemanas, las universidades estadounidenses lideran la producción de conocimiento en sociología, economía, y ciencia política. Más que el francés o el alemán, el idioma de las ciencias sociales hace ya tiempo es el inglés. Las universidades en Estados Unidos, dotadas de enormes recursos, ofrecen condiciones inmejorables para la investigación, y así atraen a los mejores estudiantes y profesores del mundo entero. Académicos del mundo entero intentan publicar los resultados de sus investigaciones en revistas en idioma inglés, aun cuando los mismos versen sobre la realidad social de Paraguay, Alemania, o China. Ya que se considera, y con mucha razón, que estas revistas son de mejor calidad que las revistas locales, en idioma español, alemán, o mandarín.

El éxito de las ciencias sociales estadounidenses, pues, nos plantea una pregunta práctica a las academias y universidades de otros países, como el nuestro. ¿Debemos tratar de emular el modelo estadounidense? ¿Contribuiría esto a que nuestras ciencias sociales se desarrollaran más y mejor? Respondo con un rotundo “sí.” ¿Hay argumentos válidos para oponerse al acercamiento epistemológico y metodológico anglosajón? Respondo con un rotundo “no.” Esos supuestos argumentos son en realidad meros prejuicios ideológicos. Son ideas pertenecientes a otra generación, hoy por suerte totalmente obsoletas.

¿Qué hacer, entonces? Si bien los recursos de los cuales disponen los sociólogos, politólogos, y economistas en Estados Unidos son incomparables, y en eso sí que son inimitables, podemos empezar por imitar su modo o estilo de pensamiento. En otras palabras, debemos adoptar el acercamiento epistemológico típico de las ciencias sociales estadounidenses, y en especial lo que ellos denominan “mainstream.” Colegas orientales, jóvenes latinoamericanos: rechacemos el estilo ensayístico, especulativo, y literario que todavía seduce a muchos de nuestros intelectuales a principios del siglo XXI. Incentivemos la investigación empírica rigurosa, como se hace en Harvard, Princeton, y NYU. Aceptemos argumentos sólo en tanto hayan sido corroborados de modo sistemático y metodológicamente sofisticado.

Por fin, tengamos presente que la historia del pensamiento social, político, y económico es irrelevante para la práctica científica (a pesar de su interés intrínseco, o como curiosidad histórica). Los físicos no pierden el tiempo estudiando la Física de Aristóteles o Dos nuevas ciencias de Galileo. ¿Por qué los politólogos habrían de tener que estudiar reliquias como la Política de Aristóteles, los Seis libros de la república de Bodin, o el Leviatán de Hobbes? ¿Por qué los economistas habrían de tener que estudiar a los fisiócratas, Smith, y Ricardo, y los sociólogos a Durkheim, Simmel, y Carlos Rama? La historia de la ciencia es una cosa; la ciencia es otra.



[El mozo, que guarda un cierto parecido con Nicolás Rotundo, asiente. Los demás guardan silencio. Mariel hace que no con la cabeza. Se prende un pucho y lentamente empieza a hablar. (Aparentemente en el bar se puede fumar.)]



- MARIEL:

Qué sarta de disparates y sinsentidos. Las ideas pertenecientes a otra generación, hoy por suerte totalmente obsoletas, son las que acabamos de escucharte expresar, Calibán. No te lo tomes a mal, pero deberías mirar menos TED talks e ir más a la biblioteca. La filosofía y la sociología de la ciencia han demostrado que no existe una perspectiva epistemológica o estilo de pensamiento superior. Autores como Kuhn, Ludwik Fleck, y David Bloor nos han enseñado que las proposiciones científicas sólo tienen sentido dentro de una comunidad o paradigma. De esto se sigue que es imposible cotejar el conocimiento producido por distintas comunidades científicas; son literalmente inconmensurables.

Kuhn y sus discípulos han estudiado mayormente las ciencias naturales, pero sus argumentos se aplican a fortiori a las ciencias sociales. En este sentido, la investigación social, política, y económica en Estados Unidos no es mejor que la uruguaya. Son tradiciones diferentes, que parten de presupuestos epistemológicos diferentes, que tienen objetivos diferentes, y cuyo mérito no puede ser juzgado sino desde dentro. Es un poco como los estilos y escuelas en la historia del arte. O como los idiomas; el guaraní no es ni mejor ni peor que el turco.

Es más, te puedo explicar sociológicamente el propio hecho de que vos, Calibán, veas a los Estados Unidos como el modelo a seguir. Las ciencias sociales se han globalizado, y esta globalización ha incrementado la hegemonía o dominación epistemológica estadounidense, una de cuyas causas es justamente los recursos que mencionabas antes.



- CALIBÁN:

Y dale con las teorías de la conspiración…



- MARIEL:

Para nada; yo no dije que hubiera intencionalidad, ni reuniones secretas en Washington o Nueva York. Tampoco dije que el positivismo yanqui estuviera alineado con los intereses reaccionarios de la burguesía internacional y el capitalismo imperialista y ese tipo de cosas. Pero sería ingenuo no reconocer que los recursos materiales tienen un efecto en la difusión y aceptación de las ideas científicas. Un efecto estadísticamente significativo, sin lugar a dudas. Si no entendés eso, no entendés nada de sociología del conocimiento.

¿Qué hacer, entonces? ¿Tratar de convertir a nuestras ciencias sociales en una copia berreta de las ciencias sociales estadounidenses? Por supuesto que no. Primero que eso sería irracional. Además, el que haya tradiciones epistemológicas locales no nos debería avergonzar. Colegas orientales, jóvenes latinoamericanos: en las ciencias sociales hay una rica tradición o paradigma latinoamericano. Desarrollemos y mejoremos este acercamiento epistemológico, que aprovecha lo que tenemos y lo que somos. El conocimiento humano no puede ser totalmente objetivo. Un economista, politólogo, o sociólogo es a fin de cuentas un ser humano, no un dios, y entonces debe observar la realidad desde una perspectiva particular. Cada perspectiva permite ver algo distinto. ¿Por qué no usar esta ventaja comparativa y maximizar las potencialidades que nos ofrece?

Por fin, tenemos que combatir la “nordomanía” imperante, como nos lo pedía Rodó en el novecientos. Alguno recordará sus palabras a César Zumeta, refiriéndose al Ariel: “Le envío un ejemplar de un libro mío que acaba de salir de la imprenta. Es como Ud. verá, algo parecido a un manifiesto dirigido a la juventud de nuestra América sobre ideas morales y sociológicas. Me refiero en la última parte a la influencia norteamericana. Yo quisiera que este trabajo mío fuera el punto inicial de una propaganda que cundiera entre los intelectuales de América. Defiendo ahí todo lo que debe sernos querido como latinoamericanos y como intelectuales.”



- PARROQUIANO (que guarda un cierto parecido con Fabián O’Neill):

Tenés razón. Yanqui go home. Viva el espiritualismo. Las espirituosas. Y el Espinillar.



- PRÓSPERO SILVA:

Amigos míos: en mi modesta opinión nos estamos apresurando. Nos está faltando claridad conceptual. Por un lado no entiendo qué es ese tal “modelo estadounidense.” Me parece una caricatura de cuarta. Tampoco me queda claro en qué sentido estamos hablando de comunidades epistemológicas, siendo que dentro de cada país hay diferencias epistemológicas y metodológicas enormes. De hecho, dentro de cada país hay desacuerdos y debates explícitos sobre epistemología y metodología.

Y qué decir de la idea de una epistemología latinoamericana o una epistemología oriental. Hay costumbres uruguayas, como tomar mate, el asado, e ir el domingo (o el sábado) al Paladino. Hay escritores uruguayos, como María Eugenia Vaz Ferreira, Marosa, y Leo Maslíah. Hay científicos uruguayos, como Clemente Estable, Rodolfo Tálice, y Henry Engler. Hay ilustres institutos de ciencia política uruguayos. ¿Pero una epistemología específicamente uruguaya? ¿O al menos latinoamericana? Es un argumento cuando menos discutible que los científicos sociales uruguayos exhiban un “estilo” de pensamiento; que piensen de una forma particular. Y en todo caso es una hipótesis empírica, cuyo valor de verdad desconozco.

Y aparte, Mariel, vos salís hablando de Kuhn, Fleck, y Bloor, pero nos estás contando la mitad de lo que aprendiste en la biblioteca. La mitad que te conviene. Es verdad que las ideas, las creencias, y el conocimiento tienen causas sociales; la sociología nos ayuda a explicar la prevalencia y popularidad de ciertas creencias, incluso de ciertas teorías científicas y presupuestos epistemológicos. Pero esta es una proposición autorreferencial, es decir, que también se aplica a sí misma. ¿Acaso tus creencias y tu conocimiento no están determinados socialmente también? ¿Cómo es posible que vos tengas más claridad que el común de los mortales y el común de los orientales? Calibán y sus amistades proponen emular la epistemología de los economistas, politólogos, y sociólogos estadounidenses; Mariel y sus amistades la rechazan terminantemente. Si la sociología es capaz de explicar aquella postura, también debería ser capaz de explicar ésta, ¿no?

En fin, como decía Epiménides, aquel recordado lateral derecho del Panathinaikos, es menester…



- MOZO (que guarda un cierto parecido con Nicolás Rotundo) [interrumpiendo]:

¿Te sirvo otra cañita, Próspero?



[Fin del primer acto.]



[Nota del editor: sobre la universidad y la investigación en Uruguay, ver también las notas de los compañeros Majo Álvarez (“Asentamientos, académicos y política”); Juan Bogliaccini (“La investigación científica: pertinencia y validez”); Carlos Bianchi (“¿Quién define los criterios de evaluación de la investigación en ciencias sociales en Uruguay?”); Aníbal Corti (“La investigación científica en el Uruguay”); y Cristian Pérez Muñoz (“Exigirnos más” y “Rankings y mediciones para llorar y reír”).]

viernes, 29 de agosto de 2014

¿Esperando a Superman? *

A pesar de la importancia que todos los candidatos y la opinión pública le dan al tema educación y del consenso generalizado de que es preciso reformar el sistema educativo a nivel de educación media, no se está viendo en lo que va de la campaña electoral discusiones sinceras, transparentes, respecto a lo que cada partido propone en esta materia y en especial cómo piensa llevarlo a la práctica. En varios programas de gobierno se proponen medidas que vienen planteándose desde hace tiempo y que lucen más como una expresión de deseo que como una realidad posible. Para decidir su voto, la ciudadanía debería evaluar la viabilidad política de las propuestas en materia de educación, y los políticos deberían blanquear cuál es su plan B si, como hasta ahora, los intentos de reforma fracasaran.

Un aspecto en el que todos los partidos parecen estar de acuerdo en mayor o menor grado, es en que un camino alternativo o paralelo a la deseada reforma del sistema público podría ser incrementar la gestión privada con financiamiento público. En otras palabras, seguir expandiendo las experiencias del tipo liceo Jubilar o Impulso o en su versión más extrema, pasar a un sistema de vouchers. El candidato del partido colorado lo propone explícitamente. [1] El candidato del partido nacional no habla del tema pero su jefe de campaña y quien sería ministro de educación en su eventual gobierno[2], Pablo da Silveira, ha sido uno de los principales impulsores de este tipo de iniciativas ya sea a partir de propuestas de reforma como también al fundar el liceo Impulso.[3] El Frente Amplio se ha manifestado por la vía de los hechos a favor de este camino al duplicar, en diciembre del año pasado, el tope de exoneraciones fiscales a empresas que donan a instituciones educativas de gestión privada que trabajan en contextos carenciados.

En esta nota se argumenta que la expansión de centros privados con financiamiento público en contextos de alta pobreza es una solución parcial, con resultados dudosos y que de seguir expandiéndose podría amplificar y no reducir la desigualdad que ya presenta el sistema educativo uruguayo.


Los centros como el Jubilar o el liceo Impulso, no cobran matrícula, son financiados fundamentalmente con fondos públicos (por la vía de renuncia fiscal) pero operan fuera del control de la administración pública y, por tanto, con autonomía para definir su currículo, horarios, plantel docente, etc. Esta idea no surge en Uruguay sino que se basa en experiencias similares que ya se han desarrollado en otros países, especialmente en Estados Unidos.[4] Allí se conocen como charter schools y han tenido una importante expansión en varios estados en los últimos veinte años (Zimmer et al. 2009).[5] El mensaje de los propulsores de estos centros en Estados Unidos es que el sistema educativo público ha fracasado y el problema no es la falta de presupuesto ni el contexto socioeconómico de los alumnos. El desempeño es bajo porque hay malos profesores cuyos puestos de trabajo están protegidos por poderosos corporativismos. La única esperanza para la sociedad, especialmente para los más desventajados, es entonces escapar de las escuelas públicas hacia escuelas con financiamiento público y gestión privada.[6] ¿A alguien le suena conocido este discurso?

Los estudiantes que quieran ir a este tipo de centros deben postularse. Como en general las postulaciones superan a los cupos disponibles, son elegidos por sorteo. Aprovechando que los estudiantes son seleccionados aleatoriamente, varios estudios analizan las diferencias de resultados entre los que fueron elegidos para ingresar y los que no, encontrando evidencia de mejora en los resultados educativos (ver por ejemplo Abdulkadiroglu et al. 2011, Angrist et al. 2010, 2011, 2013, Fryer and Dobbie 2011, entre otros). Los impulsores de este sistema suelen apoyarse en estos resultados exitosos para promover su expansión. Sin embargo, los resultados encontrados a partir de evaluaciones experimentales realizadas sobre pequeños grupos con ciertas características no son generalizables.[7] En particular, los grupos de estudiantes sobre los que se aplica este tipo de evaluaciones no son representativos de los estudiantes con mayor riesgo de abandono escolar. Muchas de estas instituciones no aceptan a cualquier adolescente independientemente de su desempeño académico. Por ejemplo, en el caso del Liceo Jubilar únicamente podían inscribirse aquellos adolescentes menores de 14 años. Eso excluye automáticamente a todos los adolescentes que hayan repetido más de dos años, condición que caracteriza a la mayoría de los adolescentes que a la postre desertan del sistema educativo formal. Además, el esquema educativo de este tipo de centros se apoya y requiere la participación de los padres (en los casos del Jubilar y del Impulso es un requisito para ser aceptado), lo cual no se puede esperar a nivel generalizado y menos entre los adolescentes con mayor riesgo de abandono escolar. Más aún, el simple hecho de solicitar la inscripción al sorteo requiere la iniciativa de la familia para enterarse, ir y anotarse en el sorteo.

A medida que en Estados Unidos las charter schools se fueron masificando, su éxito se ha ido relativizando. Estudios que abarcan a un conjunto amplio de escuelas charter y las comparan con las escuelas públicas tradicionales sugieren que existe una gran heterogeneidad de resultados en este nuevo tipo de centros. Por ejemplo, un estudio realizado por la Universidad de Stanford en 2013 para 27 estados de Estados Unidos, concluye que 25% de los alumnos en las charter schools logran mejores resultados en lectura que sus pares en escuelas públicas tradicionales en áreas cercanas, 56% obtuvieron resultados similares y 19% obtuvieron peores resultados. En matemáticas, 29% registraron mayores ganancias de aprendizaje que los alumnos de escuelas públicas tradicionales, para 40% su ganancia de aprendizaje no fue significativamente distinta a la de las escuelas públicas y 31% exhibieron un crecimiento menor (CREDO 2013). Asimismo, un estudio realizado por RAND (Zimmer et al. 2009) que analiza el impacto de asistir a una charter school en el desempeño para ocho estados de Estados Unidos, no encuentra resultados significativos en la mayoría de los casos, e incluso observan un impacto negativo en Texas.

Por otro lado, si tomamos en cuenta el fuerte efecto que los pares o compañeros de clase tienen sobre los resultados educativos individuales (Graham 2008, de Giorgi et al. 2010 y Sacerdote 2001, entre otros), sacar de los liceos públicos a aquellos estudiantes con mayor probabilidad de éxito (porque no han repetido o porque cuentan con el apoyo de sus padres) podría reducir aún más los logros educativos de quienes quedan en el sistema público, generando un sistema de triple segregación (público / privada con financiamiento público / privada). Relacionado con esto, es importante considerar la frustración que sufren quienes habiendo postulado no salen sorteados para ingresar. Si bien no tenemos conocimiento de que esto haya sido evaluado en algún estudio, la frustración de no ser aceptado en un centro “estrella” también podría desmotivar y por consiguiente afectar el desempeño de quienes estaban inicialmente motivados. [8] Finalmente, varios estudios sugieren que los sistemas de elección de escuelas dan lugar a una mayor estratificación del sistema educativo por nivel socioeconómico en la medida en que las familias y estudiantes de más bajo nivel socioeconómico tienen menor probabilidad de elegir cambiarse a mejores escuelas (Lucas and Mbiti 2012; Ajayi 2013).

Hay quienes argumentan que la presencia de este tipo de centros “exitosos” puede servir de punto de comparación o ejemplo de buena gestión, y así ejercer presión positiva sobre la educación pública. Es dudoso pensar que en el supuesto caso en que efectivamente estas experiencias logren mejores resultados educativos que el sistema público tradicional, ello se traduzca en que los docentes del sistema público se vean presionados y consecuentemente mejoren sus prácticas. No parece que esto haya sucedido en Estados Unidos, por ejemplo. Por el contrario, indirectamente se restan recursos disponibles para destinar a la educación convencional y por lo tanto se pierden grados de libertad para mejorarla.

En definitiva, no cuestionamos la posibilidad de que los centros como el Jubilar o el liceo Impulso, podrían llegar a mejorar los logros educativos de algunos grupos específicos, pero seguir expandiendo centros que funcionen al margen del sistema público no va a solucionar los problemas de todo el sistema educativo y mucho menos de los jóvenes con mayores probabilidades de deserción. Asimismo, la expansión de este tipo de centros probablemente conduciría, como ha sucedido en Estados Unidos, a una variedad de escuelas de gestión privada de calidad muy heterogénea, en varios casos con resultados peores a los de las escuelas públicas tradicionales. Más aún, este camino podría agravar la marcada desigualdad que ya presentan los resultados educativos y reducir las posibilidades de emprender la reforma que se necesita al interior del sector público. 

Para que este no termine siendo el camino que tome la educación de nuestro país, es necesario que se planteen y discutan medidas políticamente viables para reformar el sistema público. La responsabilidad de que eso suceda es compartida. Cualquier iniciativa política que pretenda reformar el sistema educativo de espaldas al cuerpo docente está condenada al fracaso. Por su parte, la negativa sistemática de los docentes a cualquier reforma que se proponga no hará otra cosa que seguir sumando adeptos a la expansión de iniciativas paralelas o sustitutas del sistema público tradicional.


Gioia de Melo
Natalia Nollenberger


* El título hace referencia al documental Waiting for Superman que constituye una apología a las escuelas públicas de gestión privada o más conocidas como charter schools.


Referencias
Abdulkadiroglu, a. et al. 2011. “Accountability and Flexibility in Public Schools: Evidence from Boston’s Charters And Pilots.” The Quarterly Journal of Economics 126(2): 699–748.
Ajayi, KF. 2013. “School Choice and Educational Mobility.” Working paper.
Angrist, JD, SR Cohodes, and S Dynarski. 2011. Student Achievement in Massachusetts’ Charter Schools.
Angrist, JD, SM Dynarski, and TJ Kane. 2010. “Inputs and Impacts in Charter Schools: KIPP Lynn.” American Economic Review: Papers and Proceedings 100(May): 1–5.
Angrist, Joshua D, Parag a Pathak, and Christopher R Walters. 2013. “Explaining Charter School Effectiveness.” American Economic Journal: Applied Economics 5(4): 1–27.
CREDO. 2013. National Charter School Study.
Fryer, Ronald, and Will Dobbie. 2011. “Are High-Quality Schools Enough to Increase Achievement Among the Poor? Evidence from the Harlem Children’s Zone.” American Economic Journal: Applied Economics. 3(3).
Giorgi, G De, Michele Pellizzari, and Silvia Redaelli. 2010. “Identification of Social Interactions through Partially Overlapping Peer Groups.” American Economic Journal: Applied Economics 2: 241–75.
Graham, Bryan S. 2008. “Identifying Social Interactions Through Conditional Variance Restrictions.” Econometrica 76(3): 643–60.
Lucas, Adrienne M, and Isaac M Mbiti. 2012. “Access, Sorting, and Achievement: The Short-Run Effects of Free Primary Education in Kenya.” American Economic Journal: Applied Economics 4(4): 226–53.
Sacerdote, Bruce. 2001. “Peer Effects with Random Assignment: Results for Dartmouth Roommates.” Quarterly Journal of Economics 116(2): 681–704.
Zimmer, R et al. 2009. Charter Schools in Eight States: Effects on Achievement, Attainment, Integration, and Competition. RAND.


[1]http://www.elobservador.com.uy/noticia/283825/bordaberry-busca-el-justo-medi-entre-el-fa-y-los-blancos/
[2] http://www.espectador.com/politica/290227/pablo-da-silveira-seria-el-ministro-de-educacion-de-lacalle-pou
[3] http://www.ceres-uy.org/investigacion/estudios/009_escuelas_publicas_no_estatales.pdf
http://www.espectador.com/sociedad/263774/liceo-impulso-busca-eliminar-la-brecha-de-aprendizaje-en-alumnos-de-casavalle-para-alcanzar-los-mejores-niveles-educativos 
[4] Chile introdujo la versión extrema del sistema de school choice proveyendo a los estudiantes de vouchers para asistir a escuelas privadas, a inicios de la década del ochenta, durante la dictadura de Pinochet. Además de los fuertes conflictos en el sector educativo chileno que se han suscitado en los últimos años, no se observa evidencia de que esta reforma haya mejorado el desempeño educativo. McEwan y Carnoy (2000) concluyen que la evidencia del impacto de transferir recursos públicos a escuelas dirigidas en el marco privado es mixta: algunas escuelas lograron resultados ligeramente peores que los de las escuelas públicas en tanto otras lograron alcanzar resultados ligeramente mejores. Hsieh y Urquiola (2006) no encuentran evidencia de que la reforma chilena haya mejorado los puntajes. 
[5] Si bien las charter schools no son exactamente lo mismo, la idea de fondo es la misma: contar con centros que funcionen por fuera de las reglas que gobiernan al sistema público tradicional. En el caso de las escuelas charter, el responsable último de intervenir o eventualmente clausurar una escuela es el Estado cosa que en el caso de las experiencias como el Jubilar y el Impulso no parece ser así a pesar de ser financiada prácticamente en su totalidad con fondos públicos vía renuncia fiscal.
[6] http://www.nybooks.com/articles/archives/2010/nov/11/myth-charter-schools/
[7] Hay una discusión muy interesante sobre la generalización de resultados basados en evaluaciones experimentales entre Deaton y Banjeree que puede verse aquí: http://www.nyudri.org/initiatives/deaton-v-banerjee/. Resumidamente, Deaton argumenta que este tipo de evaluaciones presentan dos tipos de problemas: 1) en general el experimento se hace sobre una muestra de la población que no es elegida aleatoriamente (en el caso del Jubilar es claro), 2) aun cuando sea elegida aleatoriamente, el tamaño de muestra suele ser demasiado pequeño como para lograr que la muestra sea representativa de la población total sobre la que se quieren hacer extensivos los resultados. Además, cuando se trabaja sobre muestras pequeñas unos pocos casos excepcionales (outliers) pueden tener un efecto distorsivo importante en el resultado final.
[8] Los documentales The Lottery y Waiting for Superman, sobre las charter schools en Estados Unidos registran muy claramente este problema (ver especialmente los primeros 3 minutos de la última parte The Lottery: https://www.youtube.com/watch?v=nCNP31q2dpM). Es preciso aclarar que ambos documentales fueron elaborados con el fin de mostrar la necesidad de seguir expandiendo este tipo de centros y puede ser que exageren la frustración de los que quedan fuera con el fin de generar una sensibilidad contraria a la que produjo en las autoras de esta nota.

sábado, 23 de agosto de 2014

¿Los de afuera son de palo? Conflictos, Internet y las burbujas de confort ideológicas

Desde hace varias semanas que me toca vivir de cerca uno de los conflictos armados que despertaron más sentimientos de indignación e impotencia en el mundo de los que yo recuerdo: la última escalada de violencia entre Hamás y el Estado de Israel. Este artículo no tiene que ver con este conflicto en sí, con ninguno de los bandos, ni los muertos ni las violaciones a los derechos humanos en ambas poblaciones civiles. Surge por otra arista del conflicto, a partir de una enorme preocupación personal por la polarización de las opiniones (en este caso de pro-israelíes y pro-palestinos) y en base a un excelente artículo sobre las redes sociales y el arte de la propaganda personalizada. El asunto es que, aún sin conflicto armado o redes sociales de por medio, los uruguayos -como la amplia mayoría de los seres humanos- tendemos a caer involuntariamente en nuestra propia propaganda personalizada en temas de política, ética y cualquier otro asunto “sensible”. Esto no sólo empobrece el debate, sino también limita nuestro contacto con ideas y opiniones distintas a las nuestras, lo que -creo- empobrece el pensamiento y la discusión en la sociedad toda.

En 2014 la guerra es algo ajeno a nuestro país. Afortunadamente Uruguay no ha visto un conflicto armado en decenas de años y para muchos de nosotros –sobre todo los nacidos luego de 1984- no existen recuerdos personales sobre odios, muertes y violencias cotidianas. Algo que tampoco es cercano, es que fuera del campo de batalla tiende a suceder otro extraño fenómeno –una suerte de segunda guerra, las guerras de por sí son extrañas- donde los propios parecen tener toda la razón, mientras que el enemigo miente siempre: si uno está de un lado tiende a ver sólo propaganda del otro, eso si uno tiene la suerte de poder en acceder a esa información. Allí no mueren personas ni se mutilan seres humanos, pero se destruye igualmente toda chance de paz y encontrar algún punto en común.

Llevándolo hacia aspectos un poco más cotidianos -y menos trágicos- muchos uruguayos miramos extrañadísimos como en la Argentina las polarizaciones llevan a que la política se viva como un partido de fútbol (más específicamente en la Ámsterdam, dentro de la barra brava) y nos sorprendemos cuando al ver noticias de medios oficialistas pareceríamos tener al mejor país del mundo enfrente, mientras que si son de oposición podríamos creer que Corea del Sur no tuvo tan mala suerte en la lotería global de vecinos.

Pero, descontando falsas nociones de superioridad moral a las que no escapamos, sería necesario preguntarnos si los uruguayos estamos tan alejados de este tipo de situaciones como creemos; ¿Cuán sesgadas están las noticias y opiniones a las que accedemos? ¿Tomamos en cuenta realmente los argumentos de quienes piensan distintos a nosotros para formar/ampliar nuestras perspectivas?

La conspiración de los medios de comunicación…de uno mismo

En Marzo de 2011, Eli Praiser -un conocido activista de Internet- terminó de popularizar un término para describir lo que -a su parecer- se constituía como uno de los mayores e inadvertidos peligros vinculados al uso masivo de Internet: los filter bubbles o las burbujas de filtros. Este extraño concepto es bastante simple pero complejo al mismo tiempo y se encuentra detrás de prácticamente todo lo que hacemos en el Internet de hoy.

La idea central tras las burbujas de filtros es que gran parte de las webs en las que navegamos utilizan algoritmos para adivinar/seleccionar por nosotros qué tipo de información es la que preferiríamos ver o buscar. Simplemente basta con conocer algunos datos básicos sobre quiénes somos (edad, sexo, lugar de residencia) o tener algunos inputs sobre nuestras conductas (en qué cliqueamos “me gusta”, a las notas de quiénes entramos más) y el algoritmo logra predecir nuestras preferencias con asombrosa eficiencia.


En primera instancia, esto no tendría porqué ser negativo. Dadas las enormes cantidades de información a las que podemos acceder hoy, Google (por ejemplo) nos “ayuda” en la gestión de la misma, aprendiendo de nuestros propios hábitos para priorizar los resultados que cree estaríamos buscando. Sin embargo, el lado “oscuro” de estos métodos es que nos dirigen siempre hacia la información que nos agrada y/o es similar a lo que ya conocemos/creemos, creando verdaderas burbujas de conocimiento o percepción que -sin saberlo nosotros- nos presentan una versión personalizada pero sesgada de la información disponible. En otros términos, su búsqueda en Google es diferente a mí búsqueda en Google y su feed de Facebook es diferente a mi feed de Facebook, aunque utilicemos los mismos términos o tengamos los mismos amigos.

Eli Praiser sintetiza en muy pocas palabras cómo funciona este mecanismo de balcanización de la principal fuente de información para muchos, durante su charla de TedEx[1]: “Facebook estaba observando en qué links yo cliqueaba, y comenzó a notar que estaba haciendo clic en mayor medida en los links de mis amigos liberales que en los de los conservadores. Y sin consultarme sobre ello, Facebook decidió editarlos (quitarlos). Ellos desaparecieron.” Sin embargo, Praiser quizás se haya quedado un poco corto sobre el alcance de estas burbujas y haya puesto demasiada responsabilidad en los algoritmos de las compañías de Internet. Sucede que las burbujas de filtros no son un fenómeno estrictamente tecnológico, sino que el mundo digital parece tomar prestadas y replicar algunas herramientas del mundo no-virtual. Con muchísima anterioridad a la World Wide Web[2], psicólogos sociales habían ya encontrado un curioso sesgo cognitivo vinculado a cómo el ser humano moderno interpreta y selecciona la información que consume: el confirmation bias (o sesgo de confirmación)[3].

¿Qué implicancia tiene este sesgo de confirmación en la vida cotidiana? A diferencia de lo que puede suceder en un juzgado, donde el abogado defensor debe seleccionar adrede las evidencias más favorecedoras a su defendido y el fiscal hacer prácticamente lo contrario; o en una campaña política donde oficialismo y oposición entran en un juego similar; la particularidad del sesgo confirmatorio refiere a una tendencia no consciente del ser humano a seleccionar y acumular evidencia a favor del caso o idea de su interés (Nickerson 1998:175). En palabras de Nickerson (1975), es un sesgo involuntario en la selección de información sobre un problema o asunto, que se incrementa cuanto mayor sea nuestro interés o afecto sobre el mismo. Poniéndolo en términos del trabajo científico, es descartar inconscientemente la evidencia que pueda refutar mi hipótesis de interés.

Este sesgo afecta el tipo de cadena de noticias que uno selecciona[4], los diarios que uno lee y quizás hasta el círculo de personas con las que uno tiende a discutir temas “sensibles”. Más allá de los mentirosos o algunos pocos que conscientemente manipulan sus fuentes para arribar a las conclusiones que más le agradan o convienen a su posición (similar a los persuaders en términos de Downs[5]), la mayoría de nosotros tendemos a hacer esto en forma inconsciente. Basta con leer las tapas de dos de los diarios de mayor circulación nacional (El País y La República) ante sucesos complejos como la imputabilidad, la legalización del aborto, el “asunto PLUNA” o el caso de presión/corrupción en ASSE[6] para notar que los lectores de cada uno de estos diarios tendrán una visión muy distinta de lo que sucedió aún sin quererlo (quizás no tan distinta como los lectores de La Nación y Perfil en Argentina, pero muy distinta al fin).

Más allá del ahorro en términos de recursos cognitivos (me evito tener que analizar uno a uno los temas a los que me enfrento o pensar cuáles asuntos o perspectivas son más relevantes/válidas; algo muy similar a lo planteado por Downs -1957:141- sobre el rol de la ideología) y sus consecuencias sobre las posibilidades de alcanzar versiones más imparciales de los asuntos sobre los que uno se informa, a mi parecer el mayor problema del sesgo de confirmación y las burbujas de filtros es que tienden a polarizar las opiniones y alejar toda posibilidad de diálogo entre visiones contrapuestas. Un fantástico pero terrible ejemplo de ello es el ya mencionado estudio de Gilad Lotan sobre el conflicto palestino-israelí, la guerra en las redes sociales y el arte de la propaganda personalizada.

Sin negar la relevancia de pararse y defender las creencias y convicciones propias, enfrentarse a información e ideas contrapuestas a las de uno (donde al menos algunas de ellas podrían llegar a ser -al menos- razonables), habilita la posibilidad de comprender mejor las preocupaciones y narrativas del otro, o aunque fuere, mejorar las argumentaciones de las ideas propias. Aunque pareciese menor, esto habilita a acercar a las dos partes a preocupaciones comunes o, al menos, comunicarse en un lenguaje similar; dejando así de lanzar tanto acusaciones y gritos al vacío como lugares comunes que solo ganan aplausos o logran convencer a los ya convencidos.

No hay porque ir hasta Medio Oriente…quizás temas tan delicados como la inseguridad, la baja en la edad de imputabilidad, el aborto y hasta las políticas públicas sobre la historia reciente, ameriten un mínimo intento de diálogo entre las 2, 3 u 8 partes en el asunto, para mínimamente intentar comprender todas las narrativas, no solo las de uno. Esto no quiere decir que haya que aceptar las opiniones de todos (en ciertos temas). [7]

A modo de cierre, un pequeño tip: en relación a las burbujas de información, Internet tiene una importante ventaja sobre el resto de la vida cotidiana. A diferencia del sesgo de confirmación o la ideología en el sentido de Downs, el filtro digital se puede “apagar”; basta con utilizar el modo incognito existente en la mayoría de los navegadores modernos.

PD: Si alguno quiere ir aún más allá, es sencillo visualizar el impacto de estos filtros/burbujas: los invito a realizar el ejercicio que propone Gilad Lotan en su artículo las redes sociales y el arte de la propaganda personalizada. Desafortunadamente Facebook ni Twitter ofrecen el servicio de Trends en Uruguay, pero el funcionamiento de estas redes sociales es el mismo aquí que en el resto del mundo por lo que el ejercicio es más que pertinente.

Referencias
Lotan, G. (2014) “Israel, Gaza, War & Data: social networks and the art of personalizing propaganda”. Link disponible en: https://medium.com/i-data/israel-gaza-war-data-a54969aeb23e?_ga=1.18924414.778033838.1407211945
Praiser, E. (2011) “Beware online ‘filter bubbles’”. Link disponible en: http://www.ted.com/talks/eli_pariser_beware_online_filter_bubbles?quote=927
Nickerson, R. S. (1998). Confirmation bias: A ubiquitous phenomenon in many guises. Review of general psychology, 2(2), 175. Link disponible en: http://psy2.ucsd.edu/~mckenzie/nickersonConfirmationBias.pdf
IYENGAR, Shanto; HAHN, Kyu S. Red media, blue media: Evidence of ideological selectivity in media use. Journal of Communication, 2009, vol. 59, no 1, p. 19-39.
Downs, A. (1957). An economic theory of political action in a democracy. The Journal of Political Economy, 135-150. Link disponible en: http://www.hec.unil.ch/ocadot/ECOPOdocs/cadot2.pdf



[1] Beware online "filter bubbles” http://www.ted.com/talks/eli_pariser_beware_online_filter_bubbles?quote=927
[2] Nickerson (1998:176) sostiene que ideas similares a este fenómeno se remontan hasta al menos 1924.
[3] Por un mayor desarrollo de la temática dirigirse a Nickerson, R. S. (1998).
[4] IYENGAR et.al. (2009).  Estos autores demuestran que la demanda de cadenas de noticias es afectada por la percepción de la afinidad política o ideológica de las mismas (p.ej. en Estados Unidos los liberales prefieren CNN y los conservadores Fox News.
[5] Downs, A. (1957). An economic theory of political action in a democracy. The Journal of Political Economy, 135-150. Link en: http://www.hec.unil.ch/ocadot/ECOPOdocs/cadot2.pdf
[6] Se puede realizar una versión digital pero muy similar de este ejercicio buscando la misma palabra clave en Google pero dentro de los sitios de cada periódico. P.ej. https://www.google.com.uy/#q=pluna+site:http://www.lr21.com.uy/&safe=off&tbs=qdr:w y https://www.google.com.uy/#q=pluna+site:http://www.elpais.com.uy/&safe=off&tbm=nws&tbs=qdr:w
[7] La discusión de Patrick Strokes - IFL Science, sobre el problema de tomar todas las opiniones como válidas -y su efecto sobre cuestiones como la vacunación y salud pública- es excelente. En sus propias palabras, “no hay que confundir que tu visión no sea tomada en serio con que no se te permita expresarla” http://www.iflscience.com/brain/no-youre-not-entitled-your-opinion

jueves, 21 de agosto de 2014

Esta tierra es mía

Para empezar quisiera disculparme porque a continuación creo que voy a romper un par de reglas de este fermental blog. En primer lugar he decidido acompañar este texto con un video animado. En segundo lugar, me voy a permitir escribir sobre un tema que no es mi área de trabajo y reflexión habitual.

Antes de continuar con la lectura, quisiera sugerir a quienes estén leyendo este post, que se tomen algo más de 3 minutos para ver el excelente video animado de Nina Paley que acompaña este texto.

El mensaje del corto resulta sencillo. Describe el actual conflicto entre Israel y Palestina como el resultado de una larga sucesión histórica de conquistas, desplazamientos y muertes de los habitantes del territorio por sus nuevos ocupantes. Al observar dicha sucesión resulta evidente la irracionalidad de cualquier pretensión de legitimidad de la ocupación de dicho territorio (ya sea por parte de árabes, judíos u otros) y la exclusión de los demás de dicho derecho. Al menos debería resultar irracional para aquellos que consideren que dicha legitimidad debería tener un origen distinto a la voluntad divina.

Sin embargo, mi intención no es utilizar los párrafos siguientes para opinar sobre el curso del conflicto entre árabes y judíos por los territorios que actualmente ocupan Israel y Palestina. Mi objetivo es generalizar el razonamiento. La pregunta que me surgió, luego de ver el corto, fue la siguiente ¿Qué tan aplicable es lo que se dice sobre Israel y Palestina a los demás estados del planeta? Mi respuesta inmediata fue que es totalmente aplicable. La única diferencia, entre los casos de Isreal y Palestina y los demás países, radica en qué tan recientes son o han sido los conflictos violentos para dirimir quienes ocuparán los territorios que forman los estados-naciones actuales. Pero la distancia en el tiempo no agrega ni una pizca de racionalidad a las pretensiones de legitimidad de la ocupación de un pedazo del planeta y la exclusión de los demás seres humanos.

Todos los estados del mundo se han creado sobre la base del exterminio y/o la usurpación, en algún momento de la historia, de sus habitantes anteriores.

Para justificar este desagradable hecho, en los últimos siglos surgieron y se desarrollaron los nacionalismos como ideología que busca legitimar estos procesos. La idea central de estas ideologías es que cada nación tiene el derecho a tener su propio estado. A su vez, presuponen que previo a la conformación de dichos estados, ya existía un conjunto de personas que compartían una identidad nacional.

Sin embargo, los puntos de partida de estas ideologías son racionalmente insostenibles. Las identidades nacionales no son previas a la realidad histórica, sino que han sido construidas por la ideología nacionalista y los estados. Por otro lado, el nacionalismo no es capaz de dar una definición rigurosa de la identidad nacional. Y, aunque lo lograra, no hay ninguna explicación para legitimar porque cierto conjunto de personas tendrían derecho a ocupar tal o cual pedazo de la Tierra y no otro.

En el mundo contemporáneo lo que existe es un acuerdo bastante inestable entre fantasmas para no andar pisándose la sábana, pero donde todos los estados-naciones son fantasmas.

Estos párrafos constituyen una reinvindicación del antinacionalismo. Pero no solo porque los nacionalismos han sido las ideologías que han buscado legitimar gran parte de la barbarie de la historia de la humanidad de los últimos dos siglos (en los siglos anteriores el primer puesto en este ranking se lo llevaron las religiones). Sino porque además, considero que se trata esencialmente de una ideología anti-igualitarista (o dicho de otro modo, de derecha).

Básicamente el nacionalismo justifica el hecho de que un conjunto de personas (debido a su origen étnico, religioso, cultural, etc.) tengan  ciertos derechos de los que se excluye al resto de los seres humanos. Esos derechos no son otra cosa que la posibilidad de vivir en un lugar, beneficiarse (en forma desigual) de los recursos económicos disponibles en el territorio, etc. Si además se trata de un país con un gobierno más o menos democrático, tendrá también el derecho de incidir marginalmente en el rumbo que tome dicho estado.

Francamente no se me ocurre una buena razón por la cual un uruguayo (debido a que parte de su identidad incluye cosas como el gusto por el asado, el fútbol y las tortafritas) deba tener los mencionados derechos referidos a Uruguay y no, por ejemplo, un camboyano.

Una respuesta habitual, consiste en afirmar que la diferencia es que el uruguayo nació en Uruguay, entonces obviamente tiene que tener esos derechos. Sin embargo, yo nací en el Casmu 3, nací en Montevideo, nací en Uruguay, nací en Sudamérica y en la Tierra. Entonces ¿por qué mis derechos han de estar circunscriptos a la frontera de Uruguay y los del camboyano a Camboya? Esa respuesta encierra un razonamiento circular. Los uruguayos tendríamos esos derechos y para usufructuarlos podríamos legítimamente constituir un estado, pero habríamos obtenido esos derechos gracias a que ese estado ya existía y nacimos en él.

Para alguien que desee un mundo sustantivamente más igualitario, su postura en materia de política internacional debería ser oponerse a todos los nacionalismos. Empezando por el propio.