jueves, 11 de febrero de 2016

La maldición petrolera

Foto: "Platform Holly" de Glenn Beltz bajo licencia CC BY 2.0.
 
Hace tiempo que Uruguay explora la posibilidad de encontrar petróleo en su territorio. Diversas señales del gobierno actual parecen indicar que estamos cerca y ya se han escuchado opiniones sobre lo malo que podría ser para el país que el descubrimiento se confirmara.[1] Según esa visión, si se llegara a descubrir un recurso explotable económicamente, lo mejor sería ignorarlo y seguir como si nada. Desde la economía hay un montón de argumentos que avalan esta visión. En este post voy a tratar de explicar los fundamentos de la visión pesimista o petro-escéptica y argumentar que muchos de los miedos están pobremente fundamentados. Voy entonces a centrarme en los argumentos que tienen una base económica tratando de hacer una síntesis de la literatura. No me voy a detener en argumentos ambientales que sería bueno se incorporaran al debate de la mano de gente que esté formada en el tema. Tampoco voy a tratar las razones éticas de porqué deberíamos apropiarnos los uruguayos del recurso que se descubre en nuestro suelo, cuestión que también creo interesante pero no está planteada en el debate actual.
 
La teoría
La hipótesis conocida como la maldición de los recursos naturales, establece que hay varios canales a través de los cuales, cuando se empieza a explotar un recurso natural X (sea petróleo, gas u otros) la economía y la sociedad pueden no beneficiarse a largo plazo. Estos canales son:

  1. Enfermedad holandesa[2]: si un país tiene una dotación importante de un recurso, al vender productos derivados de ese recurso en el mercado mundial obtiene muchos dólares. La entrada de dólares al mercado local abarata el precio de la divisa (baja el tipo de cambio) en el mercado local, abaratando los productos importados y encareciendo las exportaciones. La intensidad de este efecto depende del éxito de la explotación, pero si esto ocurre con una intensidad considerable, los costos en dólares de producir otras cosas domésticamente suben tanto que terminan dificultando una producción competitiva de los mismos. Las consecuencias directas de la enfermedad holandesa serían entonces una gran riqueza en dólares y una tendencia a la concentración excesiva de la producción. Esto no parece lo peor que le puede pasar a una sociedad hasta que se combina con otros factores como los siguientes.
  2. Recursos naturales e instituciones[3]: si la riqueza se distribuye entre toda la población, todos terminaríamos siendo más ricos en dólares. El problema es cuando un caso fuerte de enfermedad holandesa se mezcla con instituciones débiles que son fácilmente capturables por grupos particulares. En concreto, si la riqueza se la queda un gobierno corrupto o un grupo de empresarios codiciosos, entonces se puede terminar en una situación en la que pocos están muy bien y el resto muy mal. Todavía peor, si la mala distribución de la riqueza impulsa a sucesivos grupos a luchar por obtenerla, el recurso natural puede traer largos y dolorosos conflictos internos o externos. Por último, la renta procedente de la explotación del recurso puede simplemente ser invertida de mala manera.
  3. Especialización y crecimiento[4]: una economía especializada en pocos productos tiende a crecer menos que las economías más diversificadas. La razón es que las economías diversificadas acumulan más “saberes” o capacidades y esto les permite adaptar mejor su producción a través del tiempo. Un fenómeno de enfermedad holandesa podría entonces reducir las capacidades de crecer a largo plazo.
  4. Especialización y volatilidad[5]: cuanto más especializada esté una economía en pocos productos más vulnerable será a los shocks de precios de los productos que vende. Para una economía diversificada, el precio de una de sus exportaciones no es tan importante y además si el precio de una está bajo esto puede cancelarse con el precio de otra que esté alto. Este punto tiene un vínculo importante con el anterior dado que mayor volatilidad también suele relacionarse con menor crecimiento.

Las diferentes experiencias

Hasta acá los canales a través de los cuales descubrir petróleo podría traer problemas. ¿Qué dice la evidencia empírica? Los trabajos que analizan cómo les va al conjunto de países petroleros arrojan resultados encontrados por lo que la conclusión parece no ser del todo evidente.[6] Lo que sí es claro es que dentro del grupo de países productores de petróleo, hay una gran diversidad de casos en los que los canales anteriores operaron con diferente intensidad. Hay países que, contando con el recurso, han adoptado diferentes formas de gestionarlo de forma de no caer en la enfermedad holandesa (EEUU o Canadá) y hay otros que, “sufriendo de la enfermedad” la disfrutan entre todos (Noruega por ejemplo tiene alrededor del 60% de su canasta exportadora concentrada en petróleo pero el nivel de vida de la población en general es muy alto y los niveles de desigualdad bajos). Un tercer grupo sería aquel en el cual la enfermedad holandesa opera fuertemente y los beneficios llegan a unos más que a otros (Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etc). Finalmente hay varios países para los que descubrir yacimientos parece haber traído más problemas que soluciones (Libia, Angola, Nigeria y varios otros países de África subsahariana).

El hecho de que los casos de fracasos son bastantes más que los exitosos parece ser el mayor fundamento para la tesis de los petro-escépticos, pero a mi entender indica solamente que el desafío de gestionar adecuadamente el recurso no es despreciable. Por otro lado, la caracterización anterior invita a preguntarnos: ¿en qué va que nuestra potencial experiencia con el petróleo termine pareciéndose a la de Noruega o a la de Nigeria? De la literatura se desprende que la situación del país antes del descubrimiento del recurso natural importa mucho en la forma en que se logra gestionar una vez descubierto. La fortaleza de las instituciones democráticas, el nivel educativo de la población y el momento histórico en que el recurso se descubre hacen la diferencia a la hora de explicar cómo es que el descubrimiento de un recurso valioso afecta la economía del país en el mediano y largo plazo.

El modelo de los países de América del norte se basó en restringir las exportaciones de petróleo que se dirigió más bien al mercado interno lo que abarató su consumo y esto funcionó como base para otras actividades, en especial la automotriz, que facilitaron la industrialización de estos países. Si bien no creo que Uruguay comparta muchas características estructurales con países de este grupo (en particular carece de un mercado interno tan poderoso), tampoco veo que nuestro país tenga similitudes importantes con los países de África subsahariana ni con los de Medio Oriente. Tal vez los casos más similares sean los países de la región (Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela) aunque incluso en este club la heterogeneidad parece ser importante: las exportaciones de crudo de Argentina y Brasil rondan el 5% y 10% respectivamente mientras que para Ecuador pasan el 50% y el 90% en Venezuela, por otro lado las historias de estos países no son un calco la una de la otra.

¿Qué debería hacer Uruguay?

De confirmarse el descubrimiento de petróleo en Uruguay, se deberá buscar la mejor forma de explotar el recurso aprendiendo de las experiencias existentes, incluso de la propia. Nótese que todos los argumentos que la teoría establece como problemáticos no son necesariamente específicos del petróleo, el gas o los recursos extractivos en general. Cualquier fuente de riqueza en la cual un país tenga ventajas comparativas realmente altas, puede provocar una “maldición” con todos los componentes descritos antes.[7] Si usted le desconfía al petróleo porque teme a la maldición de los recursos naturales le tengo una mala noticia: Uruguay ya sufre en buena medida de esta maldición. A pesar de los esfuerzos realizados por diversificar la estructura productiva del país, la gran mayoría de las exportaciones de bienes uruguayas son de origen agropecuario (alrededor del 70% en 2014) y así ha sido durante toda la historia del país. No son pocos los estudios que vinculan esta especialización con el escaso crecimiento y la alta volatilidad que el país ha experimentado en el largo plazo.[8] Quienes se preocupan por el efecto que la explotación petrolera tendría sobre la diversificación productiva del país, ¿votarían a favor del cese de la explotación agropecuaria? Una propuesta más lógica sería diversificar la estructura productiva buscando promover cada sector en su justa medida. No debe perderse de vista que el sector petrolero, si bien no parece ser el sector más encadenado con los otros, también puede ayudar a que el país gane en aprendizajes. Más importante aún, los recursos que se desprendan de su explotación pueden volcarse a la formación de recursos humanos altamente necesarios para un país que apunta al desarrollo.

Por último, no conozco estudios que muestren cómo la explotación petrolera se combina con la explotación agropecuaria. En particular sería deseable que se estudiara cuánto una apreciación fuerte del peso uruguayo impactaría en el costo de los diferentes productores locales (que difieren mucho en cuanto a la composición importado/doméstico de sus insumos).

En suma

No estoy abogando aquí por un sumergimiento incondicional en los pozos de petróleo. Más bien abogo por un uso con inteligencia del recurso, que sea útil al desarrollo de largo plazo del país. Para esto se requiere mucho estudio previo. Hay mucho para aprender y para discutir sobre este tema. A mí (que siempre me molestaron los finales tipo Spielberg en los que luego de una gran aventura los héroes deciden que es mejor enterrar el tesoro o destruir la máquina mágica, que investigarla o aprovecharla), me parece que descartar la explotación sin un rico debate previo equivale a desperdiciar una oportunidad y no veo en las investigaciones científicas nada que establezca que estamos condenados.




[1] Acá tengo dos opiniones en el mismo sentido: la de Jorge Batlle y la de Guillermo Lamolle.
[2] Un trabajo clásico en esto es Corden y Neary (1982).
[3] Esta literatura se cruza con la Ciencia Política. Algunos ejemplos son: Baland y Francois (2000), Cotet y Tsui (2013), Haber y Menaldo (2011) o Lei y Michaels (2014).
[4] Ver Sachs y Warner (2001) o Hausmann et al (2011).
[5] Ver por ejemplo Koren y Tenreyro (2007).
[6] Algunos trabajos como Sachs y Warner (1995, 2001) señalan que la maldición existe mientras que otros como Brunnschweiler (2008) dicen que no. La diferencia es la medición usada para cuantificar la dotación de recursos naturales de los países.
[7] Algunos estudios señalan, como especificidad negativa de la explotación petrolera, que la actividad no parece estar demasiado conectada con otras actividades y por lo tanto no sería un tipo de producción que genere derrames beneficiosos en el largo plazo. Por ejemplo en Hidalgo et al (2007) se presenta un mapa de vínculos productivos entre diferentes productos y se muestra a la actividad petrolera como una de las más aisladas del resto. Esto debe tomarse tan sólo como un primer acercamiento a la cuestión dado que, por la forma en que el mapa se construye, no puede descartarse que dicho aislamiento sea más bien resultado de la enfermedad holandesa.
[8] Ver por ejemplo Bittencourt (2006) u Ourens (2012).
 
Referencias
Baland, J.M. y Francois, “Rent-seeking and resource booms.” Journal of Development Economics, Abril 2000, 61(2): 527-542.
Bittencourt, G. “Uruguay 2006: desarrollo esquivo o ruptura con la historia.” América Latina Hoy, Noviembre 2006: 15-39.
Brunnschweiler, C. “Cursing the Blessings? Natural Resource Abundance, Institutions, and Economic Growth.” World Development, 2008, 36 (3): 399-419.
Corden, M.W. y Neary, P.J. “Booming Sector and De-Industrialization in a Small Open Economy.” Economic Journal. 92(368), Diciembre 1982: 825-848.
Cotet, A.M. y Tsui, K.K. “Oil and Conflict: What Does the Cross-Country Evidence Really Show?” American Economic Journal: Macroeconomics, 5(1), Enero 2013: 49-80.
Haber, S. y Menaldo, V. “Do Natural Resources Fuel Authoritarianism? A Reappraisal of the Resource Curse.” American Political Science Review. 105(1), February 2011: 1-26.
Hausmann, R., Hwang, J. y Rodrik, D. “What you export matters.” Journal of Economic Growth, Deciembre 2007:1-25.
Hidalgo, C., Klinger, B., Barabási, A-L. y Hausmann, R. “The product space conditions the development of nations.” Science 2007(317)5837: 482-487.
Koren, M, y Tenreyro, S. “Volatility and Development.” Quarterly Journal of Economics, Febrero 2007: 243-287.
Lei, Y. y Michaels, G. “Do Giant Oilfield Discoveries Fuel Internal Armed Conflicts?” CEPR Discussion Paper 8620. London, Centre for Economic Policy Research, 2014.
Ourens, G. “Uruguay al espejo.” Revista de Economía del BCU, Mayo 2012: 99-142.
Sachs, J. y Warner, A. “Natural Resource Abundance and Economic Growth.” NBER Working Paper,
Sachs, J. y Warner, A. “The curse of natural resources.” European Economic Review, 45, 2001: 827-838.

 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Hasta Febrero

Foto: “Old Car" por Nico Kaiser, bajo licencia CC BY 2.0.

Esta semana culminamos el quinto año de Razones y Personas. Durante el 2015 publicamos un total de 44 notas. Muchas de esas notas fueron re-publicadas en La Diaria. Agradecemos a todos los lectores por visitar este espacio virtual, difundir nuestras notas y participar en el debate. Agradecemos también a los columnistas invitados que publicaron notas en este espacio. En Febrero de 2016 retomaremos la rutina de publicar una nota semanal. Les deseamos un buen fin y comienzo de año. Hasta febrero.




miércoles, 16 de diciembre de 2015

Crónicas de Navidad: La lógica de mercado en torno a las configuraciones de la (s) memoria (s)

Árbol de Punta Carretas por Gustavo Uval bajo licencia (CC BY-NC-ND 2.0)
El pasado mes de noviembre fui invitada junto a mis compañeros/as de trabajo a participar en un seminario sobre sitios de memoria y territorio, el cual era organizado por el Museo de la Memoria ( MUME), la Intendencia de Montevideo; el Espacio para la Memoria y los DDHH "Quica Salvia" de Las Piedras, la Comuna Canaria; la Fundación Zelmar Michelini, y Memoria Abierta de Argentina.

En este seminario pudimos recorrer varios sitios donde hubo detenciones y torturas durante la última dictadura cívico-militar uruguaya, los participantes del seminario pudieron visitar y conocer lugares como ser: Batallón de Infantería Paracaidistas Nº 14 en Toledo; Canelones, el Centro Clandestino de Detención y Tortura de la ciudad de Canelones (“Los Vagones”); SMA (Servicio Material y Armamento) - Batallón Nº13, conocido como “El Infierno Grande”; la Cárcel de Punta Rieles, la cual fue ex Centro de Detención masculino (breve tiempo) y femenino durante toda la dictadura y la casona de Bulevar Artigas y Palmar antigua sede del Servicio de Información de Defensa (SID). Estos lugares no son accesibles de visitar dado que están abiertos al público normalmente.

Esta visita a conocer los sitios antes mencionados, me puso a pensar y justo en estas épocas donde la gente está como loca en la calle y comprando compulsivamente, que hay un sitio que si bien no ha sido justamente considerado como sitio de memoria, tampoco puede ser categorizado como sitio de amnesia y es un lugar que mucha gente visita seguido, el Punta Carretas Shopping Center.


En un artículo que escribimos Ana Guglielmucci y yo, publicado en la revista Latin American Perspectives en mayo de 2015, debatimos la idea de lugar de amnesia, con respecto a este caso específico. Aquellas personas jóvenes que no han conocido la historia del lugar, el Shopping Punta Carretas fue una cárcel donde hubo presos políticos en la última dictadura militar y de donde se escaparon un grupo significativo de militantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.


Para la escritura de este artículo que titulamos “Site of Memory and Site of Forgetting. The Repurposing of the Punta Carretas Prison” (Sitio de memoria y sitio de olvido. La re-funcionalización de la Cárcel de Punta Carretas, traducción propia), realice un trabajo de campo para el cual entreviste a los vecinos de la zona, sobre todo del almacén que está ubicado en la calle Garcia Cortinas al costado del Shopping, dado que es un almacén cuyo dueño siempre vivió en el barrio y que se conserva desde las primeras generaciones que poblaron el barrio. A su vez, se me ocurrió para esa ocasión ir al Shopping y preguntarle a los que encontraba allí si recordaban la historia del lugar, a quienes iban a comprar y a quienes trabajaban allí, la mayoría de las personas con quienes hablé estaban en conocimiento de la historia del sitio, lamentablemente luego fui echada del lugar por los guardias de seguridad quienes no querían que molestara a quienes estaban comprando allí.

De acuerdo con las reflexiones que realizamos en este artículo, consideramos que la re-utilización de la antigua prisión de Punta Carretas como un centro comercial no puede ser leído como un ejemplo de amnesia impuesta vinculado a la Ley de Caducidad. Esta reutilización espacial incorpora nuevas relaciones generadas desde el lugar, que difieren de las dadas previamente (en el tiempo en el que funcionó como una prisión) y que conducen a una resignificación de los recuerdos del lugar que no es necesariamente la imposición de amnesia colectiva (Guglielmucci y Scaraffuni, 2015:5, traducción propia) 

Esto implica que las relaciones entre las personas y el propio sitio se resignifican diariamente, lo cual me retrotrae al recuerdo del relato de una vendedora, quien me contó que su hermano quien estudiaba arquitectura había sido ayudante de arquitecto, al momento de tirar abajo las celdas para construir los espacios donde hoy en día están ubicadas las tiendas, y los arquitectos y trabajadores que debían realizar las reformas al lugar, tenían miedo de permanecer mucho tiempo allí debido a la presencia de fantasmas según este relato.


El ejercicio de abordar el análisis de este sitio y además el ejercicio de frecuentar este lugar y de participar de las dinámicas de mercado que allí se generan, me pone a cuestionarme que el proceso de construcción de memoria(s) que refieren a eventos pasados surge de representaciones, construcciones y prácticas disimiles por parte de diferentes grupos sociales y/o administraciones públicas, inclusive de disputas silenciosas que se dan dentro y fuera de los mismos espacios que se buscan delimitar como sitios de recuerdo u olvido (Guglielmucci y Scaraffuni, 2015).

La productividad de dicho lugar como vehículo de memoria (s), no solamente ligadas a la última dictadura militar, sino también a la lógica del neoliberalismo y a la privatización del patrimonio público confluyen en el espacio y se configuran en el relacionamiento con los transeúntes y consumidores que frecuentan el espacio.

No es dificil observar los vestigios de la cárcel en el actual Shopping, cuando entramos por la puerta principal podemos apreciar que se conserva la fachada de la misma junto con el reloj, así como también el arco que contiene en su interior, bajo el cual hoy en día se encuentra el árbol de navidad, ambos siguen siendo los mismos que presentaba la cárcel anteriormente, aunque su destino actual sea completamente otro. Mientras que un vecino me señaló que el muro que se encuentra en el estacionamiento detrás del edificio también se mantiene igual, allí solía ser el patio de la cárcel.

Esto me hace pensar que en estas fechas cuando todos van desquiciados a la noche de los descuentos, el mismo sitio sigue siendo un sitio donde la gente está de cierta forma aprisionada, hoy en día por una lógica de mercado. Es decir, que desde su propio nombre, que continúa siendo el mismo, y teniendo en cuenta que cada espacio alimenta distintas construcciones y configuraciones de recuerdos a través de ciertas disposiciones en los cuerpos, debemos considerar que este lugar, significa y resignificar las relaciones entre las personas dentro del mismo, así como con su entorno, es decir, el barrio y la ciudad (Guglielmucci y Scaraffuni, 2015:11).

He frecuentado varias veces en estas últimas semanas el Punta Carretas Shopping, por diversas diligencias que he debido realizar y el espacio del Shopping Center genera ciertos disciplinamientos corporales, tal como lo hacía cuando era una cárcel, ya que como distingue Foucault “(…) el cuerpo queda prendido en el interior de poderes muy ceñidos, que le imponen coacciones, interdicciones u obligaciones” (1998: 140). En el Shopping se genera también una organización de los movimientos de los cuerpos dentro del espacio, rodeados de amplias superficies vidriadas y escaleras mecánicas y ascensores que guían los cuerpos.

Recordando que los sitios que funcionaron como centros de detención mencionados al comienzo de este artículo, los pude visitar gracias a la realización del seminario de territorios de la memoria; el caso del Punta Carretas Shopping es un sitio que no debemos esperar la realización de un seminario para poder acceder a este. Sino que podemos y muchos de nosotros accedemos a este sitio sin inconvenientes en algún momento, lo cual me hace reflexionar que este disciplinamiento de los cuerpos en el espacio del Shopping, también se produce un disciplinamiento de la memoria, ya que en esa interacción de los cuerpos con el espacio, la memoria se va configurando en los cuerpos también. Por lo cual, se genera un disciplinamiento de la memoria en los cuerpos, así como también de esta en el espacio (Guglielmucci y Scaraffuni, 2015)

Es en este espacio donde confluyen diferentes memorias, primando una memoria de mercado, donde habría que indagar si las nuevas generaciones poseen un conocimiento de lo que pasó en ese lugar y lo que pasa ahora. La (s) memoria (s) confluyen en el Punta Carretas Shopping como en un palimpsesto, es decir, como en un manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior que quiso ser “borrada”, pero no se borró del todo, lo que pasó dejó huellas marcadas y esto confluye con lo que pasa ahora en ese mismo espacio.


Referencias bibliográficas:

jueves, 10 de diciembre de 2015

Pagar por el delito

Goya: "Tan bárbara la seguridad como el delito",
de la serie Prisioneros.
El Día de los Derechos Humanos se celebra todos los años el 10 de diciembre. Se conmemora el día en que, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En Uruguay y en toda América Latina las cárceles son inmensos focos de violaciones de esos derechos. Hoy es un buen día, quizás, para preguntarse si en algún momento podremos darnos un sistema de justicia penal que no esté esencialmente unido a la cárcel como instrumento.

En 1985 la población de Uruguay era de aproximadamente tres millones de habitantes y había unos 1.850 presos. El país tenía entonces una tasa de encarcelamiento de unas 62 personas cada 100.000 habitantes. Hoy somos aproximadamente 3.450.000 habitantes y tenemos unos 9.800 presos. El país tiene hoy una tasa de encarcelamiento de aproximadamente 284 personas cada 100.000 habitantes.

Los registros estadísticos del delito en Uruguay han sido históricamente un problema. Cuanto más se retrocede en el tiempo, menos confiables son los datos. Ello no obstante, el aumento brutal de las tasas de encarcelamiento parece ser (hasta donde sabemos) una consecuencia del hecho de que el delito (especialmente el delito contra la propiedad) ha venido aumentado ininterrumpidamente en el país tanto en épocas de bonanza como en tiempos de vacas flacas. Pero el aumento de las tasas de encarcelamiento es también el resultado de un consenso social, de la existencia de un sentido común punitivo que ha elegido combatir el delito y la violencia a través del encierro, aunque esa estrategia aparentemente no haya conducido a grandes logros, porque las cárceles están cada vez más llenas, pero no por ello hay menos delito ni menos violencia.

No podemos saber a ciencia cierta qué hubiera pasado si el país hubiera optado por censurar las conductas delictivas encarcelando menos y apelando más a medidas alternativas a la prisión. Podría haber más delito (como sostienen quienes piensan que la cárcel tiene un efecto disuasorio), pero también podría haber menos (si se admite que el encierro, sobre todo en las condiciones concretas de nuestras cárceles, reafirma y amplifica las conductas delictivas). En cualquier caso, dado que el resultado que estamos obteniendo es bastante menos que óptimo (no ahora, sino que desde hace ya varios lustros), podría pensarse que vale la pena estudiar la posibilidad de reducir el uso de la cárcel y aplicar en forma más o menos sistemática alguna de las formas de castigo penal alternativas que ya existen en el mundo [1].

Sin embargo, esta discusión rara vez se ha dado. En los últimos años el país hizo un histórico esfuerzo de inversión económica en materia penitenciaria, fundamentalmente orientado a erradicar el hacinamiento. Ese objetivo se ha concretado en una buena medida, aunque todavía existen niveles de hacinamiento críticos en varias unidades. Ahora hay muchas más plazas, pero también hay muchos más presos. Cuando el Frente Amplio llegó al gobierno, en 2005, había unos 7.000 presos y ahora, diez años más tarde, hay cerca de 10.000. La izquierda gobernante no pudo o no quiso poner en cuestión la cárcel como instrumento. Inmovilizada quizás por los discursos conservadores sobre la seguridad, no supo cómo o no quiso invitar a la sociedad a pensar la justicia más allá o al margen del encierro carcelario. Ello pudo deberse al mero oportunismo político, pero también a la falta de imaginación. ¿Por qué la izquierda no habrá podido imaginarse ni proponerle al país el desafío de pensar formas de hacer justicia al margen del encierro? Es posible aventurar una hipótesis. Tras muchos años de pedir juicio y castigo para los represores de la última dictadura, en el imaginario de la izquierda social y política la justicia, la cárcel y el castigo llegaron a conformaron una amalgama fuertemente unida. La idea que parece haberse impuesto durante ese proceso es que la ausencia de cárcel significa ausencia de castigo y, en definitiva, impunidad.

Muchas personas, quizás la inmensa mayoría, de izquierda o no, creen que, si se ha cometido un delito, para que haya justicia es necesario imponerle al ofensor alguna clase de sufrimiento, proporcional al daño que él mismo ha provocado. De esta manera, el ofensor habrá pagado por su ofensa. Una especie de balanza imaginaria se habrá vuelto a equilibrar. Si el ofensor no paga por su ofensa, entonces su delito habrá quedado impune. La balanza permanecerá desequilibrada. En los estados modernos, el ámbito natural e institucionalmente legítimo para imponer ese tipo de sufrimientos es la cárcel.

El castigo pensado en esta forma (retributiva) viene a reequilibrar un balance que se ha visto alterado por la ofensa. La metáfora de un equilibrio que se ha roto es muy habitual en la literatura filosófica, pero sus defensores han tenido grandes dificultades a la hora de explicar qué es exactamente lo que se vuelve a poner en equilibrio: dónde está el desbalance. Una respuesta a este problema, que fue popular durante algún tiempo, es que el delito le permite al delincuente tomar una ventaja injusta sobre aquellos ciudadanos (la abrumadora mayoría) que son respetuosos de la ley. El castigo vendría a eliminar esa ventaja, volviendo a equilibrar la situación. Esta idea es muy problemática, porque es bastante claro que no todo acto delictivo tiene como consecuencia la adquisición de algún tipo de ventaja por parte del delincuente. Incluso si ese fuera el caso, nuestras intuiciones parecen indicar que el castigo se justifica no por la ventaja obtenida, sino por la ofensa que ha sufrido la víctima. Ello sugiere otra posible respuesta al problema: considerar que el desbalance específico que habría que reequilibrar es de naturaleza moral. En este sentido, el castigo podría ser entendido como una forma de reparación moral de la víctima. La víctima ha sido ofendida y con ello se le ha provocado un daño, así como a sus seres queridos. El castigo vendría entonces a reparar (al menos en parte) el dolor que le ha provocado la ofensa, vendría a mitigarlo en alguna medida.

La impunidad de los represores de la última dictadura, sólo atenuada relativamente en tiempos recientes, puede haber contribuido, como fue señalado más arriba, a que la izquierda social y política, a partir de un justo reclamo de justicia, llegara a concebir justicia, cárcel y castigo como una especie de unidad indivisible. Cualquiera que sea la explicación correcta del fenómeno, es un hecho que pensar la justicia al margen de la cárcel es hoy, para la izquierda uruguaya, una tarea ciertamente tan difícil como lo es para la derecha. Los aproximadamente 10.000 presos que albergan los establecimientos penitenciarios de nuestro país son el testimonio de una larga relación de amor: la de los uruguayos y la cárcel. La idea de que los delitos pueden ser castigados de otra manera que no sea con encierro y sufrimiento parece resultarle a la inmensa mayoría de los uruguayos, tanto de izquierda como de derecha, una pura excentricidad nórdica. Mientras tanto, hay cada vez más presos y tampoco hay más seguridad.

Pero la amalgama entre justicia, cárcel y castigo no es inevitable. Existen muchas formas de pensar la justicia y el castigo penal al margen de la cárcel. Existen concepciones muy diferentes del castigo entre los filósofos que han reflexionado sobre la naturaleza y la función de la pena. Pero hay de hecho, en la literatura filosófica, muy pocas defensas de la pena bruta, del encierro prolongado, de la exclusión social del ofensor, del castigo como mera imposición de sufrimientos. Hay buenas razones para ensayar castigos alternativos o alternativas al castigo. Un primer paso, extraordinariamente importante, sería dejar de equiparar el reproche del delito (la comunicación de una censura moral) al encierro carcelario. Ya con eso habríamos avanzado notablemente hacia una sociedad más humana, más democrática y más justa.

La izquierda gobernante, sin embargo, viene desaprovechando sistemáticamente desde hace diez años la oportunidad de proponerle a la sociedad pensar el castigo penal de otra manera. El Frente Amplio surgió en 1971 como una fuerza destinada a cambiar la política y la sociedad. En esta materia el partido de gobierno no nos está invitando precisamente a cambiar, sino más bien a dejar todo más o menos como está. La izquierda parece haber entendido que el principal desafío en materia de derechos humanos en lo que hace a los asuntos penales está localizado en la órbita de la política penitenciaria y que concierne sobre todo a las condiciones de encierro. En ese sentido se ha trabajado y se ha conseguido bastante. Las autoridades del gobierno creen que han hecho una verdadera revolución penitenciaria.

Las cárceles en la era progresista probablemente se hayan convertido en un lugar ligeramente menos repugnante que hace una década. Parece un logro excesivamente escaso para una fuerza que se propuso nada menos que cambiar la sociedad. Nadie le pide al gobierno del Frente Amplio que haga tonterías como cerrar un buen día las cárceles y liberar a todos los presos. Nadie le pide que tenga una concepción romántica de los delincuentes, ni siquiera que renuncie a la idea de la necesidad social y moral del castigo. Pero la idea misma de castigo no tiene por qué ir unida al encierro carcelario. Hay otras formas de castigo y la izquierda ni siquiera se ha propuesto poner el tema en el orden del día. Lo dicho: es demasiado poco para una fuerza que se propuso nada menos que el desafío de cambiar la sociedad en su conjunto [2].

[1] La bibliografía a este respecto es muy extensa. El lector podrá consultar con provecho dos libros recientemente publicados en español: No sólo su merecido, de J. Braithwaite y P. Pettit, y Sobre el castigo, de A. Duff.

[2] Este texto recoge varios pasajes de un artículo más extenso incluido en: Derechos humanos en el Uruguay. Informe 2015, editado por Serpaj. Agradezco mucho a Serpaj la invitación a escribir en su informe.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Chorizos asesinos y vacunas que causan autismo: ¿Por qué es tan importante la alfabetización científica en la era digital?

Imagen por JaredTarbell (CC by 2.0) 
Los chorizos y la panceta te matan dándote cáncer (como el cigarro), la carne roja probablemente también. Con esa rigurosidad técnica que caracteriza, la amplia mayoría de los medios de información -locales e internacionales- levantaron y difundieron un pésimo comunicado (por lo poco claro) de la OMS sobre el vínculo entre las carnes procesadas y el cáncer 1. Además de hacer temblequear a los frigoríficos y las fiambrerías del mundo, este comunicado causó bastante revuelo y un pánico infundado.

La presente nota trata de reflexionar -con un mínimo de coherencia y algo de literatura- sobre este tipo de incidentes: su peligrosidad, causas y qué se podría hacer para evitarlos. Lejos de querer ser alarmista, voy a intentar demostrar por qué difundir contenidos falsos o de mala calidad puede acarrear consecuencias muy negativas para la salud física y mental (de los que las reciben y de terceros); particularmente en temáticas de interés social como las vinculadas a la salud pública.

Para dar algo de contexto, el artículo comienza discutiendo brevemente el rol de Internet en el cambio de la forma en que nos informamos y difundimos la información, así como los beneficios y  riesgos que ello acarrea. Luego, se presenta un ejemplo donde “repostear indiscriminadamente” causó daños significativos a la salud de miles de niños (y probablemente contribuyó bastante en la muerte de cerca de 10). Por último, presento algunas ideas sobre el tipo de competencias que se requieren para evaluar críticamente la información (alfabetizaciones científica y estadística), mostrando algunos datos que permiten pintar un panorama –no muy alentador- de éstas para el caso uruguayo.


Toda gran redistribución de poder conlleva una gran redistribución de responsabilidad


Internet, esa tecnología disruptiva que a pesar de surgir en El Imperio nos permite contactarnos con los ciber-soldados de la libertad. Ellos, luchando en contra de la desinformación de las corporaciones multinacionales, nos informan sobre cosas como las vacunas contra el cáncer descubiertas en Venezuela, las raíces ocultas del conflicto en Siria, o lo cancerígeno de la Coca Cola.

Dejando la ironía de lado, el asunto es que Internet ha cambiado sustancialmente la forma en que los uruguayos nos informamos sobre las cosas que pasan en nuestro país 2 y en el mundo. No solo se “descentralizaron” los lugares donde consumimos la información, sino que ahora también somos nosotros mismos los que la producimos o -quizás siendo un poco más realistas- los que decidimos qué noticias/artículos leemos, compartimos y cuáles no. En otros términos, parece existir un cambio importante en la distribución del poder en relación a la producción y consumo de información. El asunto es que, como decía el difunto Ben Parker (1962), “with great power there must also come–great responsibility!”. 

Siguiendo con la metáfora anterior, si el “gran poder” es la posibilidad de contar con niveles nunca antes sospechados de información a nuestro alcance y –al mismo tiempo- con una capacidad de redireccionarlos y difundirlos  a piacere entre nuestros pares;  la gran responsabilidad refiere entonces a la necesidad de un mínimo de evaluación, crítica y filtro de los contenidos que leemos y decidimos repostear o retwitear.
  

Cuando la cosa se pone viral pero no en sentido figurado


¿Por qué hablar de “responsabilidad” ante acontecimientos tan mundanos? Podrán decir “qué moralista y alarmista este pibe”, pero permítanme presentar un ejemplo puntual y bastante actual sobre situaciones en las que la falta de filtros y capacidad crítica para evaluar la veracidad de una afirmación difundida en Internet generó pánico y daño a la salud de la población toda (aún de terceros no crédulos o involucrados).

A comienzos de esta década, diferentes figuras mediáticas y “activistas online” de Estados Unidos comenzaron a reflotar el mito de que existe un vínculo causal entre la vacunación en niños y el autismo. Les recomiendo leer el siguiente artículo para comprender la magnitud del problema y ver cuán fácil puede ser presentar “evidencia” y pseudo-ciencia (o ciencia mal entendida) en internet para defender argumentos nefastos: http://www.activistpost.com/2013/09/22-medical-studies-that-show-vaccines.html 3

Sin información y conocimientos básicos sobre cómo funciona la ciencia y sus aplicaciones en el mundo en qué vivimos, no es muy difícil que un grupo importante de personas tomara como válido lo propuesto en dicha nota. Las consecuencias fueron nefastas: en Estados Unidos, en los años 2010 y 2012 reaparecieron brotes –literalmente epidemias- de Tos Convulsa, una enfermedad que puede ser mortal en niños pequeños pero que es fácilmente prevenible a través de la vacunación. En California, en el año 2010, murieron 10 niños y se registraron 9.120 casos  de esta enfermedad, el peor brote en 60 años. 

Diversos estudios vincularon este brote con conglomerados de hogares que rechazaron vacunar a sus hijos por motivos no médicos -en otros término, ideológicos- (Atwell et al. 2015)4. Lejos de ser una cuestión vinculada a niveles educativos y socioeconómicos bajos o ideologías conservadoras, el fenómeno se concentró en ciertas zonas residenciales y “liberales” de California donde –probablemente- el tipo de información que difundieron las figuras mediáticas tuvo un rol clave. 


Es la ciencia, estúpido!


Volviendo sobre el argumento central, el problema entonces radica en que las habilidades para evaluar la veracidad y calidad de niveles cada vez más grandes de información no son innatas.  Van Deursen, Helsper y Enyon (2015)5  conciben a las Informational Internet Skills como las competencias de los internautas para buscar exitosa y eficientemente información online, así como para evaluar su legitimidad/veracidad. Aquí encontramos  aspectos clave como la habilidad para evaluar si un sitio web es confiable o no, o la sana costumbre de comparar más de un sitio web antes de decidir si cierta información es veraz (Van Deursen et al. 2015)6

Sucede que este es un problema que va mucho más allá de Internet, vinculandose con aspectos más generales sobre la forma en la que comprendemos al mundo exterior. En otros términos, lo que la literatura denomina como alfabetización científica y alfabetización estadística

La primera puede entenderse en términos generales como la habilidad para utilizar conocimientos preexistentes para identificar nuevas preguntas, adquirir nuevos conocimientos y poder realizar juicios basados en evidencia sobre varios fenómenos empíricos o científicos de la realidad 7 . La segunda, quizá una herramienta clave para la anterior, refiere a la habilidad para utilizar un pensamiento crítico en base a datos, números y estadísticas usadas en argumentos/discusiones basadas en evidencia. Es necesaria para comprender materiales presentes en los medios de prensa tradicionales y digitales, particularmente en relación a la lectura e interpretación críticas de tablas, gráficas y encuestas 8.


¿Y por casa cómo andamos?


Quizá haya sido solo mi feed de Facebook en los últimos 10 años, pero diversos episodios noticiosos recientes me hacen de dudar que aquí –y en casi cualquier lugar del mundo- estas sean competencias muy universales. Más allá de mis impresiones personales, ¿existe alguna forma de evaluar en qué situación se encuentra el Uruguay en la temática? 

Si bien se carece de datos para la población adulta del país, los resultados de los jóvenes de 15-16 años evaluados por PISA resultan unos de los indicadores más confiables posibles de obtener 9. En este sentido, tal como en el resto de las competencias evaluadas por PISA, el país no se encuentra en una buena situación. No sólo Uruguay  presenta niveles de alfabetización científica considerablemente bajos comparados con otras naciones desarrolladas sino que, aun comparándonos con nosotros mismos la situación no es para nada auspiciosa: Uruguay es uno de los pocos países en todo el mundo que redujeron su desempeño en ciencias entre 2006 y 2012 (PISA-OECD, 2015).  

Pero además existe un segundo problema más conceptual que estadístico: lamentablemente las competencias en ciencia no despiertan el mismo interés que las de matemática y lenguas.


Sintetizando: ¿se puede hacer algo para cambiar la situación?


No deberíamos esperar a tener nuestro propia epidemia prevenible para empezar a trabajar en la temática. Diversos episodios locales recientes pueden ser entendidos como señales de alerta en relación a la comprensión ciudadana sobre temas con base científica y de interés social. Además del episodio de la OMS y las carnes, discusiones y desinformación en torno a la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano o la calidad del agua local se caracterizaron por escaso rigor de las notas que informaban sobre los mismos: desde la comprensión errónea de conceptos científicos y nociones estadísticas, hasta cuestiones más básicas como poner a disposición del lector vínculos a los estudios originales. Pero no sólo de las ciencias duras vive el hombre: una correcta interpretación de datos sobre política educativa, de salud o carcelaria (por poner algunos ejemplos) dependen de un adecuado análisis de encuestas y de datos administrativos. Una comprensión mínima de nociones como aleatoriedad y representación estadísticas son básicas para entender estos fenómenos; es muy ingenuo suponer que la mayor parte de la población las posee.

Sólo a modo de reflexión, propongo pensar dos “caminos” paralelos sobre los cuales considero que sería posible avanzar en la temática. 

Por un lado, capacitar a quienes redactan la información dentro de los medios tradicionales: a diferencia de los expertos en una temática, los periodistas deben escribir sobre un universo de temáticas amplísimo con limitantes de tiempo enormes. Si deseamos que la ciencia (dura o social) llegue a la ciudadanía en forma razonable, deberíamos asegurarnos de que quienes “la traducen” tengan los recursos y conocimientos mínimos necesarios para hacerlo en forma adecuada.

En segundo lugar, sin dejar de enfatizar la relevancia de la matemática y la lengua, podríamos comenzar a darle un mayor énfasis al aprendizaje científico y estadístico en un sentido amplio. Si se comparte al menos alguno de los argumentos que esbocé aquí, la habilidad para comprender y cuestionar los niveles de información cada vez mayores con los que se nos  bombardea resultaría clave para el ejercicio de una ciudadanía responsable. Es cierto que la ANII se encuentra desarrollando algunas iniciativas al respecto y aunque este es un avance importante, se focaliza en estudios específicos y con un perfil más “duro”. Quizás fuere más importante transformar la alfabetización científica en un tema de agenda; preguntándose y preocupándose por el desempeño en ciencias –y no sólo lengua y matemática- cuando salgan los próximos resultados de las pruebas PISA y TERCE.


_______________________
1  Después de leer toda la nota (sino me adelanta todo el desarrollo del argumento y destruye el post), ver este artículo sobre el problema del anuncio de la OMS y cómo el periodismo lo encaró: http://www.vice.com/es_mx/read/el-problema-no-es-la-carne-roja-es-todo-lo-demas-989?utm_source=vicefbmx
2  De a acuerdo a la encuesta WIP+UY 2013, la Web es por lejos medio de comunicación más importante para los uruguayos como fuente de información. Y esto no sólo sucede en los sectores de mayor instrucción formal y más jóvenes (que sí, lo hacen en mucha mayor medida), sino que la amplia mayoría de los grupos poblacionales considera a Internet como el medio más relevante para informarse. Dodel, M. (2015b) URUGUAY, SOCIEDAD E INTERNET: Principales Resultados de la Encuesta WIP+UY 2013. Universidad Católica del Uruguay.
3  Si por otro lado quieren entrarle rápidamente a todos los contraargumentos y evidencia científica en torno al fenómeno, recomiendo este video de SciShow “The Science of anti-Vaccination”
4  Atwell, J. E., Van Otterloo, J., Zipprich, J., Winter, K., Harriman, K., Salmon, & Omer, S. B. (2013). Nonmedical vaccine exemptions and pertussis in California, 2010. Pediatrics, 132(4), 624-630.
5  En su Proyecto “From Digital Skills to Tangible Outcomes”, estudio sobre los impactos de las competencias digitales en la calidad de vida (inicialmente realizado en Inglaterra y Holanda).
6  Para quien le interese un listado de armas un poco más sofisticado para realizar esta tarea, el siguiente es un excelente artículo: Six Easy Ways To Tell If That Viral Story Is A Hoax
7  Esta es una definición más complete provista por PISA: “PISA defines scientific literacy as an individual’s scientific knowledge, and use of that knowledge, to identify questions, acquire new knowledge, explain scientific phenomena and draw evidence-based conclusions about science-related issues; understanding of the characteristic features of science as a form of human knowledge and enquiry; awareness of how science and technology shape our material, intellectual and cultural environments; and willingness to engage in science-related issues, and with the ideas of science, as a reflective citizen.” (PISA-OECD, 2015)
8  Bidgood, P., Hunt, N., & Jolliffe, F. (2010). Assessment Methods in Statistical Education. John Wiley & Sons Inc..
9  Más allá que la definición de alfabetización científica de PISA se focalice casi que únicamente en “ciencias duras” o aspectos tecnológicos. Algo similar sucedió con los SERCE y TERCE, donde se estudió únicamente “Ciencias de la Naturaleza” http://www.unesco.org/new/es/santiago/education/education-assessment-llece/second-regional-comparative-and-explanatory-study-serce/; http://www.anep.edu.uy/anep/index.php/tercer-estudio-regional-comparativo-y-explicativo-terce