jueves, 22 de junio de 2017

Un futuro posible del sistema previsional: algunas ideas y rumbos

Tenemos una incipiente discusión en materia de nuestro sistema de previsión social y la misma se centra en el rol de las AFAP. En ésta corta nota quisiera descentrar la discusión de las AFAP e intentar mirar una foto más amplia del presente y posibles avenidas hacia el futuro, siempre a partir de dos principios centrales: equidad y eficiencia en ahorro. En breve, propongo que el problema central de nuestro sistema previsional no se centra en las AFAP (las que pueden ser sin lugar a dudas discutidas), sino en las viejas cajas paraestatales. Las razones son dos: por un lado, a diferencia del BPS suponen un ahorro inter-generacional y colectivo, pero segmentado por ingreso. Dejemos de lado en ésta foto por ahora las cajas militar y policial porque ambos sectores suelen, por sus características particulares, tener mecanismos previsionales diferentes a los del colectivo social. La segunda razón es que dadas las características particulares de dicha segmentación, financiar desde rentas generales posibles déficit se hace extremadamente regresivo en términos de equidad.
Pero el eje central de ésta nota gira en relación a dos preguntas estructuradoras:¿por qué la prestación de seguridad social se estructura en relación a una tasa de reemplazo asociada al nivel de ingreso durante la vida activa?; y ¿por qué existe una edad de retiro obligatoria? En definitiva, ¿podríamos tener un sistema jubilatorio que relajara éstos dos aspectos en aras de la eficiencia y la equidad? El primero hace que la contribución desde rentas generales que se hace a las jubilaciones y pensiones a través del BPS (o financiando déficit de otras cajas eventualmente) se estructure de forma de replicar las inequidades generadas por el mercado de trabajo. Quien tuvo mayor ingreso en su vida activa tendrá una mayor jubilación. El segundo principio, que ya ha sido relajado en Uruguay en el marco de una tendencia mundial, incorpora potenciales ineficiencias en términos de oferta y demanda en el mercado de trabajo.  
Ahora bien, si relajamos ambos principios podemos pensar en un sistema de previsión social que aporte un ingreso básico universal a cada individuo que llegue al umbral de una edad determinada, independientemente de la historia laboral y de la decisión sobre la combinación de trabajo y ocio que se desea tener a partir de dicha edad. Naturalmente habría que incorporar parámetros básicos de elegibilidad esencialmente asociados a un mínimo de años de residencia en el país y otros parámetros de una variación mínima del ingreso universal relacionados a variables tales como tipo de hogar u otros similares. No entro en estos detalles, que me sacarían de la foto general, porque dicho sistema ya existe y su versión más pura la encontramos en Nueva Zelanda. Éste sistema de ingreso básico universal se complementa por una segunda pata de ahorro voluntario individual e incentivado por el estado. Esto responde al principio de que es en el interés general que todos tengamos un reflejo de ahorro durante nuestra vida activa, por múltiples razones. Éste sistema no está pensado para los sectores más pudientes, quienes seguramente harán ese ahorro de todas formas a partir de inversiones, rentas, etc. Éste pilar está pensado para incentivar el ahorro en los sectores medios. 
Si un sistema así nos interesa (a mi me seduce), entonces trazando una línea desde donde estamos hacia donde queremos llegar, y permitiéndome una vez más la indulgencia de la simplicidad de tan general foto, debiéramos como primera medida eliminar las viejas cajas paraestatales y general un sistema universal de BPS y AFAP. El BPS en un segundo paso licuaría todas las contribuciones relevantes hechas por concepto de pensiones a la vejez y jubilaciones en éste ingreso básico universal. Como tercer paso, las AFAP debieran adecuarse a la estrategia de ahorro individual complementario y optativo, bajando tasas administrativas entre otras medidas necesarias. Naturalmente debieran revisarse los porcentajes de aporte a uno y otro sistema para hacer viable el ingreso básico universal. Pero recordemos que el sistema habrá ganado sectores con gran capacidad de aporte luego del primer paso propuesto. Y si aún quisiéramos ir más lejos, podríamos incluso hacer los aportes jubilatorios en el marco del IRPF, para de ésta forma simplificar la lógica administrativa del nuevo sistema y ganar mayor eficiencia.

miércoles, 14 de junio de 2017

Publicar sobre o desde Uruguay


Biblioteca Central. Foto: Isa Lima, bajo licencia CC BY 2.0.
Uno de los dilemas a los que se enfrentan las ciencias sociales del sur local (la crecientemente popular idea de Sur Global me parece pretenciosa) es “publica globalmente y muere localmente o publica localmente y muere globalmente”. La frase es de Sari Hanafi, un sociólogo que desde otro lugar del sur global, el medio oriente, escribe sobre qué significa para él este dilema (Hanafi 2011). 

Conexiones globales siempre ha habido, incluso a veces más significativas que las actuales (no olvidemos que en 1967 nuestro sociólogo más reconocido en el exterior, Aldo Solari, coeditaba un libro nada menos que con Lipset, quien fuera presidente de la Asociación Americana de Sociología. Una coautoría de esa magnitud creo que no se ha vuelto a ver y fue hace medio siglo). Sin embargo, mucha de la producción local es no solo en español sino muy local o con redes regionales extremadamente acotadas. Seguro no las lee Sari Hanafi en Beirut ni muchos otros en otros lugares que tal vez tengan cosas en común con nosotros o puedan iluminarnos nuestros casos o problemas. Esto es particularmente así en Uruguay, donde el Sistema Nacional de Investigación todavía premia mucho más la producción local. De hecho, mientras escribo esto y reviso los CVUY del SNI y veo las publicaciones de las personas de nivel II en ciencias sociales, veo que tal vez en Uruguay esto todavía no es un dilema. Todavía se puede publicar local y ser muy reconocido. Pero esto ha cambiado en muchos otros países y está cambiando entre los investigadores jóvenes en nuestro país. Si comparamos los nivel I con los nivel II por ejemplo, se ven cambios en las publicaciones. Se ve un lento cambio hacia una presencia más global de la investigación en el sentido de publicaciones más internacionales. 

¿Por qué en Uruguay todavía esto no tiene carácter de gran dilema? Esto ocurre por muchas razones, entre otras por el multiempleo de muchos académicos que terminan dedicando gran parte de su producción a “producción gris”, es decir informes de investigación para agencias del estado, ONGs o agencias internacionales. Mucho de ese material daría para escribir artículos fantásticos pero no hay tiempo o no hay estímulos para ello. También ocurre por la falta de incentivos claros y suficientes, al menos en ciencias sociales (y creo que economía es diferente aquí), para publicar en revistas indexadas. La falta de incentivos viene desde las decisiones del SNI (al menos para ciencias sociales) y desde las universidades.  Sin embargo, eso también ocurre por acciones deliberadas de algunos académicos de no querer participar en discusiones más globales, no exponerse a la revisión de pares que es tan relevante para construir comunidad, y no hacerlo en ámbitos donde esa revisión es ciega. “No creo en la revisión de pares” me dijo una vez un científico social reconocido de Uruguay. Recuerdo pensar entonces en que eso no es algo en lo que se crea o no se crea, como si fuera una religión. Eso es algo que los académicos hacemos honorariamente con el objetivo de mejorar el trabajo del otro y de validar el conocimiento. A veces sale mal. A veces le tocan a uno revisores despiadados, o revisores que solo quieren que uno los cite, revisores superficiales o agresivos hasta las lágrimas, pero, en general, yo me animaría a decir que ninguno de nuestros trabajos es peor luego de pasar por ese proceso. En una nota anterior, Nicolás Trajtemberg mostró cómo ese sistema generalmente funciona detectando fraudes y malas prácticas. No creer en la revisión de pares es no creer en la construcción colectiva de la ciencia. Es no creer en la ciencia. 

Por otro lado, o en el otro extremo, tenemos a muchos sistemas de ciencia nacionales y las universidades de elite en América Latina fomentando fuertemente publicar globalmente. Hablo de la realidad de Chile y Colombia por ejemplo o de centros de producción de conocimiento como el CIDE en México donde los incentivos económicos por un artículo en una revista top son como de fantasía. Esto quiere decir puntuar mucho más las publicaciones indexadas en los estatutos docentes, dar incentivos económicos provocativos para aquellos que publiquen en ciertas revistas (por ejemplo solo en aquellas que estén el cuartil 1 de tal disciplina o en las tres mejores de la disciplina, entendiendo por mejores las que los sistemas-empresas de indexación así lo consideran). 

Publicar globalmente tiene ventajas enormes, como que nos pueda leer el amigo Hanafi desde Beirut y comprender que sus problemas son parecidos a los nuestros. Otra ventaja fundamental es que nos obliga a someternos a sistemas de validación del conocimiento exigentes y no parroquiales. Pero, como dicen los gringos, no hay almuerzo gratis. Puede uno caer en el segundo problema del dilema que es tener un diálogo internacional y dejar de ser relevante nacionalmente, que no lo lea a uno la comunidad inmediata, académica y no académica.  Esto nos ha pasado mucho a los uruguayos trabajando por fuera y también a otros que escriben sobre Uruguay pero no trabajan allí ni son uruguayos. Pero ese no es el único problema. 

Por otro lado, al tratar de publicar globalmente, puede uno caer también en la enorme frustración de querer participar en un diálogo que no tiene en absoluto las características de un ágora habermasiana donde todos nos encontremos en calidad de iguales para comprendernos…sino que tiene características tremendamente injustas donde nuestros casos son solo casos para una teoría que debe hacerse en el Norte Local (tremendamente local si se trata de revistas norteamericanas por lo general). Un diálogo en el que mientras publicar sobre un pueblo ignoto como Fargo está validado, para publicar sobre América Latina hay que hacer una comparación, así uno esté comparando 400 barrios informales durante 60 años (cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia). Un diálogo en el que nos recuerdan algo que ya sabemos: “you are not a native speaker” (hello!!!, claro que no), y donde más allá de la doble ceguera de pares y autores, el editor sí ve que no venimos de la Universidad de Wainston sino de la Universidad Nacional de alguna República  (bananera) y ya no será lo mismo.  

¿Qué hacer? Yo no soy especialista en temas de ciencia. Hay otros que han pasado por este blog, como Carlos Bianchi por ejemplo, que saben mucho más de esto u otros que han trabajado sociología del conocimiento como Gabi Abend que por eso nos hacen propuestas indecentes y provocadoras que irónicamente nos invitan a pensar. A nivel internacional, hay ríos de tinta sobre sociología del conocimiento, bibliometría y sus problemas. Escribo desde mi experiencia como académica que trabaja sobre Uruguay desde fuera de Uruguay y desde los dilemas a los que me enfrento. Y me pregunto qué hacer… tiro acá algunas ideas sobre esto. 

  • No puede haber revistas universitarias sin revisión de pares seria.
  • Trabajarles a las indexaciones pero siempre en acceso libre. En esto hay muy buenos ejemplos como la Revista de Estudios Sociológicos del Colmex que está logrando indexarse bien pero no pierde su acceso libre. Esto es importante para que lo pueda leer a uno la comunidad relevante que no siempre tiene acceso a bases como Jstor, etc.  
  •  Tratar de publicar en las revistas internacionales por supuesto. Viendo las hojas de vida del SNI, nuevamente, hay mucho por hacer e incentivar en este campo. Es importante meterse en ese juego porque es un juego que nos obliga a dialogar, a validarnos internacionalmente, a apuntarle a la excelencia, a crear ciencia más allá de nuestros lugares seguros. 
  •   Dar la pelea por mejorar las condiciones del diálogo. ¿Cómo? Metiéndose dentro de las organizaciones profesionales y consejos editoriales de revistas internacionales y exigiendo que los artículos en inglés sean más respetuosos con la cantidad de literatura existente localmente sobre el mismo tema, que los temas tengan representatividad regional y dejen de ser locales pero en inglés, por mencionar solo algunos aspectos. El ejemplo de Juan Pablo Luna en este momento, como editor de Latin American Politics and Society es una muy buena noticia en este sentido. 
  •    Como revisores de esas revistas internacionales, tomarnos muy en serio la tarea más allá de ese artículo. Nuestra tarea es también mejorar la inclusión de publicaciones en español o en portugués o en farsi en esas revistas. 
  •    Para quienes estamos en sistemas que solo premian las publicaciones globales, buscar un balance. Por supuesto debemos y queremos publicar globalmente pero es importante apostarle también a revistas relevantes localmente para las discusiones que queremos tener (incluso otros tipos de formatos como prensa, blogs, crónicas, entrevistas y otras formas de divulgación). Esto requiere cierto altruismo…pues estos artículos “no cuentan” al momento del ascenso, ni van a ser tan citados, ni dan incentivos económicos en las universidades…pero son muy importantes para construir comunidades locales. 
  •     Dejar chacras y cultivar redes locales, regionales e internacionales. Asociarnos más. En lugar de que cada departamento en cada país en cada ciudad tenga su revista… ¿por qué no pensar en revistas que roten departamentos, ciudades y países? Cuando las revistas están asociadas a departamentos (y cuando los sistemas de ciencia premian que cada departamento tenga su revista) es difícil conseguir buenos artículos para todas esas revistas cuando a los académicos les están diciendo al mismo tiempo que deben publicar en un grupo selecto de revistas internacionales.
En síntesis, el dilema de publicar local y perecer global o publicar global y perecer local es un dilema que he vivido en carne propia tratando de pertenecer a la vez a una comunidad internacional y a la comunidad de mi país. Creo que en ciencias sociales en Uruguay solo muy recientemente está apareciendo este dilema entre los más jóvenes pero todavía no hay demasiada conciencia del dilema.  No hay incentivos más allá de los individuales para participar de debates globales. Esos sistemas de incentivos son necesarios, sin dejar que se vuelvan nuestra propia jaula de hierro weberiana. No hay una sola manera de validar conocimiento y hay, creo yo, que mantener un balance publicando para audiencias diversas. La tarea no es fácil. En definitiva ser científico en el sur local implica muchos desafíos a los que los del norte local no se enfrentan. Allí suele haber solo una forma de validar el conocimiento. No es fácil acceder pero el camino es claro y es uno. Para nosotros la tarea es un poco más compleja. Sé que este grupo de ideas desorganizadas perecerán globalmente, pero espero que tengan algún efecto local.

*Agradezco a Nicolás Trajtemberg, Juan Bogliaccini, Juan Carlos Rodríguez y Rosario Queirolo por sus comentarios a una versión previa de esta nota.

Referencias:

Hanafi, S. (2011). University systems in the Arab East: Publish globally and perish locally vs publish locally and perish globally. Current Sociology, 59(3), 291-309.

Lipset, S., & SOLARI, E. (1967). Elites in Latin America. Buenos Aires: Paidós.

miércoles, 7 de junio de 2017

Oscurantismo académico: desde pitos conceptuales socialmente construidos hasta el uso inapropiado de matemáticas de la dinámica de fluidos en las emociones humanas


Quiero contar dos historias sobre oscurantismo académico. Una reciente y famosa vinculada al oscurantismo soft en estudios de género, y otra menos conocida y asociada al oscurantismo hard y al mal uso de las matemáticas en la psicología. El hilo conductor de ambas es uno de mis ídolos intelectuales: el físico Alain Sokal.

Primera historia: decepción con un pito conceptual socialmente construido

En las últimas semanas hubo un fuerte sacudón en el ambiente académico: un filósofo (Peter Boghossian) y un matemático (James Lindsay) salieron a la palestra pública a contarnos que habían elaborado un artículo completamente en broma, lleno de sinsentidos y frases rimbombantes y vacías, y había sido aceptado en un journal de estudios de género. El título del artículo era ‘el pene conceptual como construcción social’ (Boghossian & Lindsay, 2017). Toda una declaración de principios. Y arrancaba pisando fuerte en el acelerador estableciendo el supuesto que se proponían cuestionar: ‘La evidencia científica y meta científica androcéntrica de que el pene es el órgano reproductivo masculino es considerada abrumadora e incuestionable’. Entre las muchas barbaridades del artículo se destacaba su argumento donde establecían que el pene conceptual era responsable del cambio climático! Los autores no son humildes en cuanto a las repercusiones de su artículo. Para ellos su engaño académico expone el estado lamentable (‘crippled academically’), super ideologizado y de baja calidad de los estudios de género caracterizado (en palabras de los autores) por una creencia casi religiosa que el machismo es la causa de todos los males (Boghossian & Lindsay, 2017b).

Grandes figuras intelectuales como Richard Dawkins, Steven Pinker o Sam Harris celebraron la aparición del artículo y como los autores habían ingeniosamente realizado ‘la gran Sokal’ pero focalizada en los estudios académicos de género. ¿Qué es hacer la gran Sokal? En 1996 el físico Alain Sokal hizo un experimento para desenmascarar a una parte de las ciencias sociales asociada a los estudios culturales postmodernos: escribió un artículo lleno de errores, frases altisonantes falsas o trivialmente ciertas,  y sentencias vacías que sonaban lindo repitiendo los mantras clásicos (e.g. la realidad está socialmente construida, las ciencias duras excluyen y estigmatizan las discursos contra hegemónicos, etc.). El artículo fue aceptado por el journal Social Text y luego Alain Sokal salió públicamente a denunciar la farsa que había cometido y como el evento dejaba en evidencia algunos de los serios problemas que enfrentaban una parte de las ciencias sociales en la actualidad (Sokal 1996; Sokal & Bricmont, 1997).

Confieso que cuando salió a la luz el artículo de Boghossian y Lindsay sentí una enorme felicidad. Creo que muchos nos hemos cruzado a lo largo de nuestras vidas con esa variante de académicos piratas. Son lo que Jon Elster (2012) llamó los oscurantistas de las ciencias sociales, o lo que Gerald Cohen (2002) calificaba en forma un poquito más ruda ‘mierdosos’ o ‘bullshiters’ académicos. Son aquellos que usan el lenguaje en forma innecesariamente oscura y compleja, que priorizan la retórica, la insinuación y las falacias de autoridad y desatienden (o incluso desprecian!) la estructura lógica, el rigor conceptual y metodológico, y el apego a la evidencia empírica. En algunos casos estos ejercicios de intoxicación lingüística se realizan en forma intencionalmente deshonesta, en otros casos tal vez sea un problema de falta de capacidades y/o mala formación. Como uno vive con la indignación permanente de que muchos de estos mierdosos académicos perpetúan sus crímenes con total impunidad, es motivo de mucha dicha las raras ocasiones que quedan expuestos.

Sin embargo, pasada la euforia, cuando uno analiza con detalle lo que ocurrió en el llamado affaire Sokal 2.0. se da cuenta que en realidad el engaño que Boghossian y Lindsay llevaron a cabo es mucho menos relevante de lo que ellos sostienen. ¿Está bien creer (como parecen creer firmemente los autores y varios de los que celebramos su sátira) que este artículo pone en jaque los estudios de género? La verdad es que no. Hay dos consideraciones muy básicas: una de cantidad y otra de calidad.

En primer lugar, parece aventurado creer que toda una línea de artículos, estudios, programas de investigación y académicos se caigan a pedazos simplemente porque falle el sistema de arbitraje de uno de sus journals. Es al menos curioso que los defensores de la razón y de una ciencia apegada a la evidencia empírica ataquen esta línea de estudios siendo ellos mismos tan poco respetuosos de esos principios que dicen defender y exhibiendo una notable falta de cuidado y un alto sesgo.[1] Pero para peor, como segundo punto, los autores lejos de ser caritativos en términos argumentales y buscar la mejor versión de los journals de estudios de género, apuntaron a lo más bajo, y encima rebotaron! En realidad lo que ocurrió fue que enviaron este engendro de artículo a un primer journal NORMA (The International Journal of Masculine Studies) que ni siquera se encuentra entre los 100 journals de género más importantes y de ahí fueron derivados a otro journal aún peor (Cogent Social Sciences) que finalmente los aceptó. Más allá de todas las justificaciones que hacen Boghossian y Lindsay acerca de cómo este journal es bueno y es igualmente parte del prestigioso grupo Taylor & Francis, para mi el caso es claro: el ‘pene conceptual socialmente construido’ fue un engaño pero no a los estudios de género, sino a todos los que inicialmente creíamos que habían generado algo relevante académicamente. Lo que hicieron Boghossian y Lindsay es un ejemplo perfecto para usar en clases de argumentación cuando hay que ilustrar la falacia del espantapájaros. En todo caso, yo termino sacando conclusiones completamente opuestas a las de los autores. Me sorprende gratamente que un journal de los peores igualmente filtre y rechace esta basura académica. Llámenme optimista, pero para mi significa que las cosas no están tan mal como yo pensaba en esas áreas.

Segunda historia: en que se conectan el florecimiento personal y la matemática de la dinámica de fluidos? Envidia física diagnosticada por un físico

Hace unos años, un veterano llamado Nick Brown concurrió a una clase como parte del master en psicología positiva que estaba cursando en la University of East London. En ella se presentaba el ratio de critical positivity o el ratio Losada, uno de los papers más reconocidos y más citados en la disciplina ya que en el se presentaba la famosa formalización matemática de la felicidad! En 2005 dos psicólogos (Marcial Losada y Barbara Fredrickson) publicaron el paper Positive affect and the Complex Dynamics of Human Flourishing en top 20 peer reviewed journal de psicología: el American Psychology. En dicho paper los autores declaraban haber identificado el número mágico que identificada el punto de corte entre las personas florecientes y languidecientes: si el ratio de emociones positivas sobre emociones negativas era superior 2.9013 usted sería una persona resplandeciente y feliz, en caso contrario usted pertenecería al grupo de los zombies tristes. Los autores aplicaban ecuaciones diferenciales de un sub campo de la física, la dinámica de fluidos. No solo este fue un paper multi citado en la rama de la psicología positiva, sino que sirvió para encumbrar a sus autores, en particular a Fredickson que ganó varios premios académicos y publicó varios libros incluido uno de divulgación (Positivity: Top-notch research reveals the 3-to-1 ratio that will change your life) donde señalaba no muy humildemente ‘Así como el cero grados Celsius es un numero especial en termodinámica, la razón de positividad de 3 – 1 puede bien ser el número mágico en la psicología humana’ (Andrew, 2014).

Sin embargo, algo de la formalización matemática olía mal a este veterano estudiante. De joven había estudiado matemática cuando hacía su grado en ingeniería e informática pero era un don nadie en el mundo académico. ¿Qué podía hacer? Se armó de valor y decidió escribirle un mail a…¿advinen a quién? ¡A nuestro físico favorito! Alain Sokal cuenta en una entrevista que cuando recibió el mail de Brown ‘la ecuación de Lorenz que usaba Losada era de dinámica de fluidos, un campo en el que no estoy especializado, pero que es tan elemental que cualquier matemático o físico tiene un mínimo conocimiento. A los diez segundos me di cuenta que el artículo era una pura mierda’ (Andrew, 2014). De esta manera, Brown, Sokal y un tercer colaborador se decidieron a reanalizar críticamente el famoso artículo y demostraron que el rey estaba desnudo. Escribieron una revisión crítica al American Psychology donde cuestionan la absoluta falta de fundamentación teórica y empírica para utilizar las ecuaciones diferenciales de la dinámica de fluidos a las emociones humanas. Además muestran como la aplicación de Losada y Frederickson no solo es arbitraria sino que contiene múltiples errores conceptuales y matemáticos difíciles de ser detectados por los cientistas sociales sin formación matemática avanzada. En definitiva, los resultados, y en particular el famoso ratio de emociones positivas/negativas de 2.9013 tan citado y ponderado carecía de todo fundamento (Brown et al. 2013). Increíblemente, casi veinte años después de su primer travesura Sokal había hecho un nuevo aporte en su batalla contra el oscurantismo científico. Y lo mas lindo de todo: tiene algo de irónico que sea un físico el que tenga que venir a mostrarnos los riesgos de la tan mentada ‘envidia física’ que muchas veces sufren los cientistas sociales y pueden llevarlos a este tipo de desastres académicos

Epilogo: que mas da si es con palabras o números

La primera historia deja una lección importante. Increíblemente muchos nos apresuramos a celebrar el artículo de Boghossian y Lindsay porque teníamos la creencia previa de que  mucho de lo que se hace en ese campo es de mala calidad. Cuan valioso es no apresurarse y no dejarse dominar por el confirmation bias que irracionalmente nos lleva a buscar evidencia e interpretarla de acuerdo lo que deseamos creer. Cuán importante es ser caritativo en el debate e intentar buscar la mejor versión del oponente antes que intentar destrozarlo falazmente cuestionando una versión caricaturizada.

La segunda historia deja otra lección importante. El oscurantismo y la basura académica puede venir en muy variadas formas. Si bien la basura académica más famosa es la producida en las ciencias sociales cualitativas, la segunda historia aquí contada ilustra como también pueden haber ejemplos muy jodidos dentro de la ciencia social cuantitativa. En los últimos años, Elster ha escrito sobre ambas variantes de oscurantismo académico. Entre las variantes del oscurantismo soft incluía entre otros los estudios culturales de Said, corrientes sicoanalíticas de Lacan o Klein, variantes de funcionalismos de Bourdieu o Foucault, o la teoría postmoderna de Latour. Entre los oscurantistas hard incluía lo que él llama science ficition social science que es esa parte de las ciencias sociales que pese a estar muy formalizada tiende a hacer un uso abusivo y poco justificado de la matemática en conjunción con supuestos totalmente arbitrarios acerca de los agentes y la realidad (Elster, 2012). En ocasiones el abuso llega a tal punto que la matemáticas dejan de ser una herramienta y se transforman en un mero juguete (Elster, 2016).

Hace más de 35 años el físico Richard Feynman dijo en una entrevista ‘Existe una especie de pseudo ciencia. Las ciencias sociales son un ejemplo...Ellos siguen las formas, juntan datos, etc., pero no han encontrado nada, no han llegado a ningún lugar aun!...Yo puedo estar equivocado y tal vez sepan de que hablan pero no lo creo. Yo tengo la ventaja de saber cuan difícil es saber algo, cuan cuidadoso uno tiene que ser acerca de los chequeos de los experimentos, cuan fácil es cometer errores y engañarse. Yo se lo que significa realmente saber algo. Por eso, yo veo como ellos consiguen su información. Y no puedo creer que ellos sepan de nada cuando no hacen el trabajo necesario, cuando no han tenido el cuidado necesario’ (Feynman, 1981).

Pese a los increíbles avances que hemos tenido en las ciencias sociales en estas casi 4 décadas creo que el diagnóstico de Feynman sigue vigente. No es que uno crea que tenemos que intentar lograr tener una física social ni mucho menos. Al contrario. El arma del crimen pueden ser palabras rimbombantes casi impronunciables o algoritmos matemáticos injustificados. El resultado es el mismo: cientistas sociales cualitativos o cuantitativos que no dedican suficiente esfuerzo y tiempo a ser cuidadosos teórica y metodológicamente, y que terminan produciendo mierda académica en forma relativamente impune aprovechándose del desconocimiento de la audiencia.

La nota positiva es que a pesar de todo las dos historias muestran que no todo vale en el sistema científico. Con todas sus limitaciones, sesgos y perversiones, igualmente existen mecanismos para detectar y filtrar a parte de estos mierdosos académicos.


PD: Soy consciente de también hay problemas de esta naturaleza dentro de las ciencias duras. Pero me pareció innecesario y de mal gusto caer en una falacia tu quoque.


Referencias

Andrew, A. (2014) ‘The British amateur who debunked the mathematics of happiness’, The Guardian., 18 of January, https://www.theguardian.com/science/2014/jan/19/mathematics-of-happiness-debunked-nick-brown

Boghossian, P. & Lindsay, J. (2017) The Conceptual Penis as a Social Construct: A Sokal-Style Hoax On Gender Studies, SKEPTIC, http://www.skeptic.com/reading_room/conceptual-penis-social-contruct-sokal-style-hoax-on-gender-studies/

Boghossian, P. & Lindsay, J. (2017b) The Conceptual Penis as a Social Construct, Cogent Social Sciences, 3: 1330439

Brown NJ, Sokal AD, Friedman HL (2013). "The complex dynamics of wishful thinking: the critical positivity ratio.". Am Psychol. 68 (9): 801–13

Cohen, G.A. (2002) Deeper into bullshit in Buss and Overton, eds., Contours of Agency: Themes from the Philosophy of Harry Frankfurt. Cambridge, Massachusetts: MIT Press.

Elster, J. (2012) Hard and Soft Obscurantism in the Humanities and Social Sciences, Diogenes, 58(1–2) 159–170

Elster, J. (2016) Tool-Box or Toy-Box? Hard Obscurantism in Economic Modeling. Synthese 193 (7):2159-2184.

Feyman, R. (1981) Interview to Physist Richard Feyman  https://www.youtube.com/watch?v=tWr39Q9vBgo

Fredrickson, B. (2009). Positivity: Top-notch research reveals the 3-to-1 ratio that will change your life. Harmony

Fredrickson B. & Losada MF (2005) Positive affect and the complex dynamics of human flourishing.". Am Psychol. 60 (7): 678–86.

Sokal, A. (1996) ‘Transgressing the Boundaries - Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity’, Social Text 46/47, 217-252 (1996)

Sokal, A. & Bricmont, Jean. (1997) Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectuals' Abuse of Science. Picador USA: New York, 




[1] En este sentido, es interesante recordar que Sokal fue mucho mas medido y humilde sobre cuál era la significación o impacto del engaño que el había perpetrado.

jueves, 1 de junio de 2017

I Lique Roc, o, Una Modesta Proposición para las Ciencias Sociales Orientales


Por el Profesor John Whitelocke
University of Auchmuty
Especial para Razones y Personas

I speak English / I lique roc / I’ve never learned another language
(Leo Maslíah, “I lique roc”)

Estaba pensando sobre viviendo con mi síster en New Jersey
(Pixies, “Vamos”)


I
Los límites de mi lenguaje significan los limites de mi mundo (Wittgenstein, Tractatus 5.6).
El idioma de la ciencia es hoy el inglés.
Su hegemonía es indudable.
Es indudable en las ciencias naturales desde hace tiempo, pero hoy también lo es en las ciencias sociales.
Es indudable en la macroeconomía y la demografía desde hace tiempo, pero hoy también lo es en la teoría política, la política comparada, la sociología histórica, y la sociología de la cultura.
La revistas científicas más prestigiosas son en inglés.
Las revistas, coloquios y conferencias “internacionales” son en inglés.
Publicar en inglés está mejor visto que publicar en mandarín, farsi o alemán.
Los organismos que evalúan a los académicos chinos, iraníes y alemanes incentivan las publicaciones en inglés.
Los campos científicos no son locales sino mundiales o “globales,” todos juegan al mismo juego, y este juego se juega en inglés.

II
¿Debemos celebrar esta tendencia o lamentarla?
¿Promoverla o combatirla?
El dilema y el debate no son nuevos.
Mucho se ha escrito sobre el imperialismo y el nacionalismo lingüísticos, y su relación con el colonialismo, la construcción de identidades nacionales y regionales, y las políticas públicas en países plurilingües.
Mucho se ha escrito sobre el inglés en particular y la investigación científica en particular.
Qué hacer.
Farsi o inglés.
Español o inglés.
(¿Ariel o Calibán?)
El dilema y el debate no son nuevos, pero es indudable quién tiene razón: debemos celebrar y promover el uso del inglés en las ciencias sociales en China, Irán, Alemania y también en Uruguay.
Y en todo país que no haya tenido la precaución de adoptar el inglés como su lengua oficial.


III
Existen diversos argumentos en contra de esta tendencia idiomática, en contra de la hegemonía del inglés, pero sería fácil demostrar que son falaces y anticuados.
Por ejemplo, se argumenta, erróneamente, que los idiomas están asociados con perspectivas ontológicas, esto es, el idioma afecta qué puede haber en el mundo.
Que los idiomas están asociados con perspectivas epistemológicas, esto es, el idioma afecta cómo se puede pensar y entender el mundo.
Que los idiomas no son medios neutrales de comunicación, sino que reflejan y expresan tradiciones culturales.
Hay cosas que el mandarín, el farsi y el alemán nos podrían decir, pero que el inglés no permite expresar.
Que el idioma único lleva a la homogeneización del pensamiento, sea el inglés contemporáneo o el latín medieval.
Y que el inglés es una imposición del imperialismo yanqui.
En la ciencia tanto como en la educación, las relaciones internacionales, el periodismo, el arte, la música y el cine.
Y aunque quizás no siempre sea un imperialismo deliberada y estratégicamente instrumentado por los poderes dominantes, las consecuencias son las mismas: una situación de desigualdad, dependencia y subordinación.
La hegemonía del inglés refleja pero también reproduce e incrementa la desigualdad entre el centro y la periferia: los recursos materiales y simbólicos se quedan en el mundo anglosajón, en sus instituciones y universidades.
Todos estos argumentos son tan falaces y anticuados que no vale la pena perder el tiempo refutándolos.
Pero sería fácil hacerlo.

IV
Existen diversos argumentos a favor de esta tendencia idiomática, a favor de la hegemonía del inglés, y sería fácil demostrar que son válidos y decisivos.
Por ejemplo, se argumenta, acertadamente, que es inútil resistir lo irresistible.
La “internacionalización” de la ciencia en general y las ciencias sociales en particular son fuerzas mundiales, que no se puede evitar, mucho menos frenar, desde Montevideo.
Nos guste o no nos guste, es una consecuencia natural de la “globalización.”
El inglés fue la lengua que mejor sirvió para este proceso, tanto en la esfera académica como en las esferas de la tecnología, información e internet.
Otro argumento es que ahora podemos aprender de los trabajos de los científicos chinos, iraníes y alemanes.
Podemos leer investigaciones sobre las realidades políticas, sociales y económicas de estos países.
Si escribieran en mandarín, farsi y alemán, no entenderíamos ni jota.
Y hasta podemos colaborar con ellos.
Hacer investigaciones y escribir artículos juntos; ir a sus conferencias.
Lo cual a su vez fomenta los valores académicos más importantes: la “productividad,” la “interdisciplinariedad” y hasta la “reproducibilidad.”
Lejos de reproducir e incrementar las desigualdades epistémicas, el inglés ha permitido que las ideas circulen libremente, en un campo o mercado mundial.
En este mercado mundial las mejores ideas, argumentos e investigaciones científicas triunfan, sin importar de qué país provengan.

V
Siendo que está claro quién tiene razón, me permito hacer una modesta proposición o propuesta para las ciencias sociales orientales, que reíte de Jonathan Swift.
Comprende cuatro áreas.
Primero: propongo que las instancias evaluadoras de la investigación científica en Uruguay, así como los concursos, becas, y premios, no tomen más en cuenta las publicaciones en español.
De ahora en más, únicamente se considerarán los artículos en revistas arbitradas en idioma inglés.

VI
Segundo: propongo que las revistas uruguayas (como la Revista Uruguaya de Ciencia Política; Revista de Ciencias Sociales; Cuadernos del CLAEH; Revista Uruguaya de Historia Económica; o Psicología, Conocimiento y Sociedad), que ya traducen los títulos y resúmenes de sus artículos, empiecen a publicarse enteramente en inglés.
Sus títulos deben también adaptarse a los nuevos tiempos: Uruguayan Political Science Review (UPSR), Notebooks of CLAEH, y así.
Se me dirá que algún autor puede no haber tenido a bien estudiar el idioma inglés desde su infancia, de modo de llegar a dominarlo a la perfección (o peor, puede haber malgastado su tiempo estudiando francés, italiano o latín).
No hay problema: basta con usar el Traductor de Google.

VII
Tercero: propongo que en las universidades uruguayas todos los cursos se dicten en inglés, y que sus bibliografías sean exclusivamente en ese idioma.
Se me dirá que la mayoría de los trabajos sobre la sociedad, política e historia uruguayas nunca fueron traducidos al inglés.
¿Cómo se haría para estudiar Batlle, los estancieros y el Imperio Británico; Uruguay, ¿una sociedad amortiguadora?; Lógica viva; o Etapas de la inteligencia uruguaya?
No hay problema: basta con usar el Traductor de Google.
Se me dirá entonces que el Traductor de Google ignora los aspectos estilísticos y estéticos de la escritura.
Que muchos científicos sociales también los ignoran, ya que dedicarse a ellos redundaría en una menor “productividad.” (Las revistas son estilísticamente más secas que pastel de polaco y más aburridas que chupar un clavo.)
Que muchos artículos en las revistas “internacionales” no están escritos en inglés sino más bien en una especie de “inglés.” (Shakespeare, Jane Austen, Borges y Goffman se revuelven en sus tumbas.)
Respondo que quien quiera textos bellos, elegantes, creativos, bien cuidados, estéticamente interesantes, no debería buscarlos en las ciencias sociales, ni en inglés, ni en español, ni en farsi.
Para eso está la literatura.

VIII
Cuarto: propongo que este “blog” (¡!), Razones y Personas, se empiece a escribir en inglés.
De este modo, alcanzaría la “visibilidad” que merece y que el español le impide alcanzar.
Sin duda, su tráfico y análisis web mejorarían, el algoritmo de Google lo mostraría antes en sus resultados de búsqueda, y subiría en el ranking mundial de blogs.
Además, el espíritu anglosajón de este blog se nota ya en el nombre con el cual fue bautizado: Reasons and Persons es un libro del recientemente fallecido filósofo Derek Parfit (cf. “Sobre este espacio”).
Long live Reasons and Persons!

IX
Mi modesta proposición conllevaría innumerables beneficios.
Por ejemplo, las universidades estarían preparando mejor a sus estudiantes para un mercado laboral global, en el cual dominar el inglés es imprescindible.
¿Y cuál es la función de las universidades, si no preparar a sus estudiantes para el mercado laboral?
Otro beneficio es el siguiente.
Las revistas de ciencias sociales anglosajonas e “internacionales” aceptan muy pocos artículos sobre Uruguay.
Es mucho más difícil publicar una investigación sobre la realidad uruguaya que una sobre la realidad estadounidense o británica.
Se precisa una justificación metodológica y epistemológica especial: ¿por qué investigar el “caso” uruguayo?
Por tanto, los científicos sociales orientales se encuentran en desventaja.
Tienen menos probabilidades de acceder al reconocimiento, estatus, y bienes simbólicos y materiales que solamente las publicaciones en inglés podrían otorgarles.
Pero si las revistas uruguayas abandonaran el español y adoptaran el inglés, el problema desaparecería ipso facto.
En fin, de lo que no se puede hablar, es mejor callarse (Wittgenstein, Tractatus 7).

X
Bibliografía:
- Alatas, Syed Farid. 2003. “Academic Dependency and the Global Division of Labour in the Social Sciences.” Current Sociology 51:599­–613.
- Bourdieu, Pierre. 2001. Langage et pouvoir symbolique. Seuil.
- Hagège, Claude. 2012. Contre la pensée unique. Odile Jacob.
- Keim, Wiebke. 2010. “Pour un modèle centre-périphérie dans les sciences sociales.” Revue d’anthropologie des connaissances 4:570–598.
- Keim, Wiebke. 2008. Vermessene Disziplin: Zum konterhegemonialen Potential afrikanischer und lateinamerikanischer Soziologien. Transcript.
- Phillipson, Robert. 1992. Linguistic Imperialism. Oxford University Press.
- Rodríguez Medina, Leandro. 2014. Centers and Peripheries in Knowledge Production. Routledge.
- Swift, Jonathan. 1729. A Modest Proposal for Preventing the Children of Poor People from Being a Burthen to their Parents, or the Country, and for Making them Beneficial to the Publick. Sarah Harding.
- Wittgenstein, Ludwig. 1921. “Logisch-Philosophische Abhandlung.” Annalen der Naturphilosophie XIV(3/4):185–262.

FIN

jueves, 25 de mayo de 2017

Chuy trip: Diario de un trámite

Por Guzmán Castro

Salimos, una hora después de lo planeado, a las 10 de la mañana de un soleado martes de otoño. Hacía un tiempo que teníamos pendiente un viaje a la ciudad del Chuy, pero fue recién ése martes que no pude encontrar una excusa para seguir retrasándolo. Para quienes vivimos en los alrededores de la Pedrera, el Chuy está lo suficientemente cerca y lo suficientemente lejos para ser tentación e inconveniente al mismo tiempo. Por suerte, ir o no ir al Chuy es mucho más que un tema de kilómetros. El Chuy es como una perla hedionda que deseas solo de lejos. Siempre me sorprendió lo rápido que se esfuman los éteres freeshoperos y lo corta que es la felicidad del ticholo. En el viaje de ida los ánimos son altos, una hora y media de auto donde manda la arrogancia del bagallero. Pero religiosamente, esa viveza criolla a futuro se empieza a transformar en vergüenza cuando, al segundo o tercer freeshop, te recordás que el Chuy es lo que parece y no lo que habías imaginado. Es entonces que los bríos bandeirantes se vuelven ansiedad y me prometo que ni por todos los productos exóticos del mundo estaría dispuesto a volver. (Siempre vuelvo. Primero porque soy un apasionado de esse obscuro objeto do desejo que es el Chuy, y segundo por esos shawarmas marrones y palestinos que en este país chorizeramente blanco y europeo son casi un milagro). En lo que va del 2017 estuve once veces (22 shawarmas). Todavía estaba a la espera que la realidad del Chuy (marcada a fuego por el último fracaso en conseguir pantalones jogging con puño) diera paso, nuevamente, a la idea del Chuy (donde cualquier jogging es posible). Pero este no era un viaje típico. No necesitaba pasta de dientes, papel higiénico, leche de coco, café, ticholos, o nafta. Así que no importaba que la dialéctica chuyense estuviera todavía incompleta. El objetivo del viaje era tramitar una residencia para mi amigo el Suizo. El dato se lo había pasado yo. En una de mis visitas anteriores había escuchado que en la aduana se podían tramitar residencias para extranjeros, ofreciendo el triple atractivo de no tener que viajar hasta Montevideo, de aprovechar para hacer alguna comprita, pero sobretodo de esquivar el corazón gris-portland de la burocracia montevideana, tramitando en la periferia, más localmente, más “en familia.”

Viajábamos tres: el Suizo, Antonioni (que había decidido venir aunque fuese solo para siestear en el asiento trasero), y yo manejando. A eso las 11:30 divisamos los molinos de viento ofensivamente gigantes que avisan la proximidad del Brasil. (Con noche despejada, las luces rojas que estos emiten se ven hasta Punta del Diablo  como anunciando una invasión de ovnis brasileros). Si uno viene de Montevideo, la aduana está a mano izquierda, unas cuadras antes de llegar a la Avenida Internacional (aka calle de los freeshops). Que el estacionamiento estuviera casi vacío me pareció una bueña señal, quizás el trámite sí iba a ser tan suave y aceitado como esperaba el Suizo. Quizás hasta me equivocaba en pensar que los trámites en familia pueden ser tan tediosos como los trámites con el estado. (Una idea que ya me era cercana, como ciudadano militantemente incapaz y oveja negra de la familia, pero que había evitado en el alba de este viaje por algo así como una vaga sensación de responsabilidad como uruguayo. Es que cómo iba a decirle al Suizo de la Suiza de Europa, que viajaba con una sonrisa de oreja a oreja por las ganas que tenía de volverse oriental, que si nos tocaba el gordo equivocado estábamos tan el horno como tener cuarenta números adelante tuyo a las cuatro de la tarde de un viernes en el BPS).

Resolvimos el desconcierto inicial parándonos atrás de una pareja de brasileros que eran atendidos por dos funcionarios, uno al mate el otro a la computadora. Desde la seguridad del que está en fila pude estudiar la situación un poco mejor. A veinte metros, en una esquina alejadísima, una estufa a leña emanaba calor a la nada. Entre nosostros y la estufa, el vacío funerario de las ventanillas de devolución del IVA para turistas fuera de temporada. La ventanilla próxima siguiente a la fila que componíamos los brasileros, el suizo y yo (Antonioni, recostada en el pasto cerca de mi auto, disfrutaba del sol) estaba cerrada, sin nadie detrás, pero con una computadora prendida y un mate con pinta de recién cebado. Habrán pasado diez minutos hasta que apareció otro funcionario cruzando las oficinas con tupper y cocacola en mano.
-¿Jefe, dónde se hace el trámite de residencia?, le pregunté.
Me señaló la ventanilla del mate frío y siguió de largo, apurado como si el guiso recalentado que llevaba en el tupper le quemara las manos a través del plástico. Deshicimos la fila y nos pusimos a charlar en la ventanilla correcta.  Terminado el trámite con los brasileros, los dos funcionarios habían quedado hablando de fútbol y viendo vídeos en sus iphones. Veinte minutos, el mate ya definitivamente congelado, y ni señal de la persona encargada de residencias.

-¿Y éstos que esperan?, le dijo el funcionario que cebaba al que estaba al mando de la computadora. Como la ventanilla seguía abierta, ni ellos ni nosotros pudimos hacernos los desentendidos -Un trámite de residencia, respondí yo.
-Ah seh…ventanilla de al lado, nosotros no tenemos nada que ver, me dijo el cebador, que era también el más joven de ellos.
(Hasta acá la espera había sido tomada con liviandad. Una ventana próxima a la estufa nos ofrecía la lejana imagen de la bella Antonioni iluminada por los rayos de sol que caían sobre su pelo atigrado. Concentrarme en ella me había distraído de aquellos pensamientos de oveja negra. Fue entonces de imprevisto que tuvimos que aceptar que ya estábamos, o que siempre estuvimos, en ese juego donde uno siente cada vez menos empatía por la persona detrás de la ventanilla y cada vez más ganas de expresar esos sentimientos, pero sabiendo que cualquier palabra puede ser usada en su contra de mil maneras que uno nunca podrá contradecir porque así es la magia del poder burocrático).

El suizo se metió de lleno en su iphone, y yo que tengo un nokia tipo 1100 me leí como 18  veces el colorinche folleto de la interminable campaña contra el Aedes Aegypti. (No puedo recordar casi nada de lo que decía. Como siempre, no sé si la culpa es mía o del estado).

A los veinte minutos pasa lo siguiente: el funcionario más veterano, receptor del recordado “y estos qué esperan,” se levanta de su silla y dando dos pasos aparece detrás de la ventanilla de residencias. -¿Qué necesitan?, nos pregunta. Teníamos dos opciones: descreíamos de la magia burocrática y le preguntábamos si se pensaba que éramos idiotas, o aceptábamos lo sobrenatural y reconocíamos que el hechizo del gordo para transformarse en el de residencias había sido sorprendente.
-Un trámite de residencia para él, respondí señalando al Suizo e indicando que elegíamos la segunda opción.

El mago tomó el pasaporte, se puso los lentes y empezó a tipear, primero una tecla con el dedo índice de la mano izquierda, luego otra con el índice de la derecha, y así sucesivamente y bien despacito.
-Tomen asiento porque esto puede demorarse, sentenció.

Los únicos asientos de la aduana son dos sillitas de plástico, en forma de U, que están fuera de la oficina y al lado de la calle (no quedando claro si son para los que esperan o los que hacen esperar). Verlas me hizo pensar en el Casmu de 8 de octubre. Como odio los hospitales y ya no había mucho que hacer por el trámite de mi amigo, que ahora estaba librado a la magia que discurría detrás de esa ventanilla, le dije al suizo que me iba al sol con Antonioni y que cualquier cosa me avisara. Ya era pasado el mediodía, y aunque no nos dijimos nada, yo me di cuenta que a lo difícil que es creer en la magia se le empezaban a sumar, cada vez más fuertes, las ganas de comer shawarma. Para no pensar en la gloriosa acidez del yogur con ajo mezclándose con jugos cárnicos en mi boca, me puse a observar de lejos qué y quién pasaba por la aduana del Chuy un martes de otoño al mediodía.

1) Dos hombres llegan en dos grandes motos, estacionando a pocos metros del lugar donde Antonioni y yo disfrutábamos del sol. Cuando sus teñidos pelambres quedaron al descubierto, uno de ellos me mira y me dice “Harley Davidson.” El tipo estaba todo chacinado en cueros que leían “Harley Davidson,” de las botas a la campera. Por no saber bien qué decir, le respondí Sí, Harley Davidson, y me quedé pensando en las cosas más creativas que podría haber dicho. Al rato salieron, quejumbrosos, y uno de ellos me dijo que en el Brasil los uruguayos pasan sin tener que hacer nada y que acá ellos tenían hacían hacer “todo esto,” y me mostró una boletita. Pensé en darle a entender que si fuera por mí se podía meter su Cisplatina por alguna rendija de ese pantalón abigarrado. Pero en ese momento, decir algo así se sentía como tomar bando por el gordo mago que se interponía entre mi shawarma y yo. Contrariado como patriota, me quedé callado.
2) Un camión viejo pasa por el carril del medio, casi sin parar, con una montaña de restos de palmera en la chata maciza y antigua que lleva atrás. A los 20 minutos pasa de nuevo, con una palmera entera. Me quedo pensando en las economías imposibles detrás de la importación de restos de palmera del Brasil.
3) Dos gordos enormes se bajan un Ford Falcon herrumbrado y dignísimo. Abren la valija a pedido de los agentes aduaneros. Solo oigo el final: “Hágase un favor señor, cuando vuelva al Chuy pase con la nafta en el tanque”.
4) Dos camiones llenos de cajas indescifrables pasan por el carril del medio con menos inspección que el diminuto auto chino de una señora mayor con pinta de montevideana.

A eso de las dos de la tarde aparece el Suizo sin noticias. Me pide que vaya a poner un poco de presencia. Sin muchas ganas, dejo atrás el pequeño paraíso que habíamos creado con Antonioni al costado de los baños públicos.

El Suizo estaba preocupado porque el mago le había dicho que a las tres de la tarde terminaba su turno y que ni pensar se quedaba un minuto más que nadie le iba a pagar. Si el trámite no estaba listo para esa hora, íbamos a tener que volver mañana. Aunque entendía la gravedad del asunto mi preocupación estaba dominada por el vacío con forma de shawarma que se expandía en mi estómago. Si el trámite se tardaba hasta las tres, corríamos peligro de quedarnos sin shawarma. Como solución a mi problema, camino a las oficinas decidimos ir en busca de shawarmas aunque el trámite no estuviera listo. Si nos apurábamos podíamos comerlos en el banquito del medio de la calle de los freeshops y llegar pasadas las dos y media. Le comuniqué al mago nuestro plan, que él lo aprobó con cara preocupación, recordándonos que a las tres se iba.

Dos y cuarenta, después de dos shawarmas y medio litro de guaraná, estábamos de vuelta. -Está listo el trámite, falta imprimirlo y están, nos dijo el mago. No miento cuando digo que el Suizo vaticinó lo que iba a pasar a continuación. -Este boludo la va a romper, me dijo cuando vio cómo trataba la impresora. A los dos minutos eran tres los funcionarios inspeccionando una impresora de la que no salía nada. El mago sacudía la cabeza hacia los costados comunicándonos que la situación no lucía bien.

-Muchachos, no funciona la impresora, nos dijo.
(Soplidos y otros sonidos de desesperanza salieron de nuestras bocas).
-Igual, para qué se quieren venir de Suiza a Uruguay, a sufrir?, vociferó el del mate desde la ventanilla de al lado.
(En otra de las frases para el olvido que compuse ese día le respondí que “era un tema de perspectivas”.)
-No en serio, para qué se vienen de Suiza, agregó el mago. No ven que acá no funciona nada. Fíjense lo que le pasó a la impresora...y bueno qué querés, con estos comunistas que nos gobiernan, dijo resoplando para abajo como ventilándose la panza.
(Nos miramos desconcertados).
-¿Sabés que Uruguay era la Suiza de América?, disparó el mago mirando al Suizo por arriba de los lentes.
-Ah sí, y ahora qué es, le preguntó el Suizo.
-¡África!

Después de una serie de hechizos fallidos del aquelarre aduanero, un golpe seco a mano abierta del mago logró resucitar a la impresora. Antes de emprender la vuelta compramos chocolate y una botella de whisky para celebrar el trámite exitoso. El jogging quedó para la próxima.

jueves, 18 de mayo de 2017

El fantasma del Estado ineficiente

(y su inseparable amigo el fantasma del Estado sin plata)
Por Fernando Esponda
El Estado es ineficiente; el Estado no tiene plata
Dos fantasmas recorren Uruguay: el fantasma del Estado ineficiente y el fantasma del Estado sin plata. El primero, elegante, moderno, técnico, conciliador, de traje y corbata, ha ido ajustando su personalidad, y si bien tuvo épocas más gloriosas –¡qué década los 90!–, sigue presente circulando en las discusiones, integrándose al sentido común y llevando su mensaje como un mantra único y poderoso: “el Estado es menos eficiente que el sector privado”.
El segundo fantasma, muy amigo del primero, tiene perfil más bajo pero es igual o más poderoso. Parco, de pocas palabras, gris, con camisa a cuadros y chaleco de oficinista, saca su libreta y mirándonos por encima de los lentes nos recuerda constantemente que “el Estado no tiene plata”.
Estos dos fantasmas suelen aparecer en las discusiones sobre infraestructura, y corresponden a los dos axiomas fundamentales que sostienen, a nivel político y del sentido común, el andamiaje conceptual de las modalidades alternativas de inversión pública y los Contratos de Participación Público-Privada (PPP). Son, por lo tanto, dos fantasmas con los que vale la pena conversar.
El fantasma del Estado ineficiente
Este primer fantasma, que debe reconocerse ha sido bien alimentado por los recientes e importantes episodios de empresas estatales fundidas y recapitalizadas, se encuentra muy presente en un país que, a pesar de su arraigado Batllismo –o, más bien, como contracara del mismo– tiene la extraña patología de reflexionar siempre en relación al Estado: ante la caída de una empresa pública, la reflexión es sobre la gestión pública; ante la caída de una empresa privada, la reflexión es sobre la política macroeconómica.
¿Es más eficiente desarrollar proyectos productivos a través del sector privado? Para buscar respuestas a esta pregunta se pueden considerar varios elementos, pero hay una distinción que me resulta particularmente destacable: la relación entre costos de inversión y costos de operación y mantenimiento. Por un lado, existen proyectos en donde lo que más importa es la gestión (una heladería, una pizzería, una peluquería); por otro lado, existen proyectos en donde lo más caro es la inversión (un parque eólico, una carretera, una represa). En este segundo tipo de proyectos, la eficiencia se juega en la cancha de la inversión y, por ende, en el costo del financiamiento. Ramón Méndez, ex director de energía, ejemplifica con claridad este modelo de negocio para el caso eólico: “Uno tiene que entender que el negocio eólico es un negocio básicamente financiero. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Cuál es el costo del combustible? Es gratis, básicamente. ¿Cuál es el costo de Operación y Mantenimiento? Muy bajito. ¿Cuál es, entonces, el costo de la energía? Repagar la inversión inicial. Esto significa dos cosas: primero, conseguir el mejor precio; segundo, conseguir la mejor tasa de interés."
De esta forma, si el problema central radica en la financiación, la estrategia más eficiente será aquella que consiga financiamiento a menor costo. Y un hecho de consenso en la literatura económica es que, entre el Estado y el sector privado, el primero es el que tiene capacidad de conseguir financiamiento más barato. En este sentido, resulta elocuente lo que plantea un informe del parlamento británico sobre las PPP desarrolladas en su país: “El costo del financiamiento es significativamente mayor en una PPP. Por lo tanto, el costo financiero del repago de la inversión es considerablemente mayor que el costo de amortización de un préstamo gubernamental. No hemos visto evidencia que sugiera que este ineficiente método de financiamiento haya sido compensado por los beneficios de la transferencia de riesgos de la PPP. Por el contrario, hay evidencia de lo opuesto.”
El mismo informe plantea que “el costo de capital de un proyecto PPP típico está por encima del 8%, el doble que la tasa de interés de largo plazo a la que el gobierno puede endeudarse, aproximadamente 4%.” ¿Es mucho o es poco este 4% de diferencia? Para que se haga una idea, suponga que usted va al Banco Hipotecario a pedir un préstamo de 100.000 dólares a 25 años para comprar su casa. Si el banco le presta a un 4%, va a pagar una cuota de 15.000 pesos por mes; si el banco le presta a un 8%, pagará una cuota de 22.000 pesos. O sea, 7.000 pesos de diferencia por mes, casi un 50% más de cuota todos los meses. Multiplique esta idea por miles de millones de dólares, y tendrá una dimensión del sobrecosto financiero del que hablan los ingleses.
En este marco, serviría apelar a un camino privado sólo si esta modalidad es tanto más eficiente en la construcción y desarrollo del proyecto que pueda compensar el encarecimiento del crédito. Si bien es cierto que en Uruguay el marco normativo de las PPP contempla esto y obliga a hacer una comparación, la lógica secuencial por la cual se toman las decisiones (en donde las alternativas reales son hacer el proyecto vía PPP o no hacerlo) terminan viciando el proceso y sesgándolo fuertemente hacia la aprobación de la PPP.
[Paradoja fantasmal 1: el auge de las PPP, apoyado en la retórica del fantasma del Estado ineficiente, florece en el terreno de la infraestructura, en donde en general los proyectos son de alta inversión y bajos costos de operación y mantenimiento, y por lo tanto la variable clave es el costo del financiamiento.]
El fantasma del Estado sin plata
El segundo fantasma, que plantea que “el estado no tiene plata” (o, en la versión que nos gusta a los economistas, “no hay espacio fiscal”) es muy frecuentemente escuchado, y es bastante difícil de rebatir. Si el Estado no tiene plata, bueno, pues, no tiene plata, qué se la va a hacer, una pena. El problema es que la derivación de esta afirmación debería ser que, si no hay plata, entonces no se realice el proyecto de inversión. Pero no. La derivación actual de este “hecho” es: entonces el proyecto lo debe realizar un privado.
Y allí viene el privado con sus recursos y hace el proyecto de infraestructura. Y el modelo cerraría, por lo menos para mí, desde el punto de vista lógico, si el privado hace el proyecto y cobra al público un precio por su uso, y con eso repaga la inversión, sin que el Estado (ese que no tenía plata) tenga que poner plata (porque no tenía). Pero lo que en general sucede es que el que termina pagando la infraestructura es… el Estado. Por ejemplo, a través de un contrato a largo plazo llamado PPP. Ese Estado que no tenía plata para financiar la obra, termina siendo posteriormente el que asegura el flujo de dinero para financiar la obra.
Más extraño aún resulta el proceso cuando el Estado invierte pero a través de modalidades alternativas de inversión (usted debe haber escuchado estas palabras: fideicomiso, leasing, sociedad anónima). En este escenario, el proceso lógico actual es el siguiente: el Estado no tiene plata –> el Estado no puede invertir –> pero el Estado debe invertir –> entonces armemos algo raro, por ejemplo… un Fideicomiso –> ahora sí, el Estado (que no podía invertir porque no tenía plata) ahora puede invertir (porque ahora puede).
Es importante recordar, para reflexionar sobre este segundo axioma, que para realizar cualquier proyecto de infraestructura lo que hace el Estado es pedir un préstamo, igual que lo hace un privado. Cuando hablamos de inversiones, el problema no es si el Estado tiene plata o no en una cajita para pagar una inversión, sino si tiene capacidad de pedir un préstamo para financiarla. Tanto tomando la opción de hacerla directamente y pidiendo un préstamo, como haciéndola a través de otra entidad (que va a pedir un préstamo) y asegurándole a ésta un flujo de fondos a futuro (para repagar ese préstamo), lo que está haciendo es endeudarse. O se endeuda comercialmente, o se endeuda financieramente, pero siempre se endeuda.
[Paradoja fantasmal 2: El fantasma del Estado sin plata habita plácidamente los terrenos de los proyectos de infraestructura, que por sus características económicas no suelen nacer espontáneamente del mercado, y suelen necesitar en un extremo de la cadena de pagos al Estado como financiador.]
El alma de los fantasmas: la economía y la contabilidad
El mensaje del primer fantasma es, esencialmente, ideológico, político, económico. Confluyen en su construcción miles de trabajos, libros, artículos, experiencias concretas y siglos de gente pensando una de las preguntas centrales de la economía: cómo organizar la producción. ¿Qué es más eficiente, organizar la producción de forma privada o pública? ¿Para qué casos es mejor una opción, para que casos es mejor la otra? Ambas opciones –y el abanico intermedio que existe entre ellas– tienen pros y contras, y la discusión de cuál es más apropiada es una de las más interesantes de la economía, y siempre estará abierta.
La esencia del planteo del segundo fantasma es, sin embargo, un poco más escurridiza. El hecho de plantear que el Estado no tiene plata para hacer una inversión, para acto seguido proponer una forma alternativa de canalizarla en donde, a fin de cuentas, quien paga es el Estado, es más difícil de comprender.
¿Por qué el desarrollo de la generación eólica se basó fundamentalmente en contratos con privados, que consiguen financiamiento a mayores costos? ¿Por qué está tan de moda el avance de las PPP como solución a los problemas de infraestructura, aunque salgan más caras? ¿Por qué el Antel Arena se realizará como fideicomiso, si por esta modalidad costará 8 millones de dólares más? ¿Por qué UTE decidió alquilar una línea de trasmisión (mediante la modalidad Leasing), o empezar a alquilar medidores, en lugar de comprarlos directamente?
Entiendo que la respuesta madre a estas cuestiones radica en la contabilidad pública y en cómo ésta relaciona inversión pública con déficit fiscal (disculpe si en algún momento ya me escuchó decir esto, pasa que es mi núcleo delirante...). La diferencia fundamental es que si el Estado invierte directamente, toda esa inversión impacta en el déficit fiscal, pero si lo hace a través de modalidades alternativas o a través de contratos con privados, ese impacto se diluye a lo largo del tiempo. De esta forma, “inversión pública = déficit fiscal más alto”, e “inversión por otros caminos = déficit fiscal más bajo”. Para ejemplificar, en un trabajo reciente calculamos que haber realizado una mayor proporción de parques eólicos directamente por UTE hubiera sido más eficiente, por lo menos en términos de costo de financiamiento y ahorro de exoneraciones tributarias, pero también hubiera hecho saltar al déficit fiscal a valores superiores a 5%.
Como contrapartida de encarecer los proyectos de inversión, el camino escogido nos permite ir a las calificadoras de riesgo para, bien peinaditos, mostrarles que nuestras cuentas fiscales están equilibradas, que nuestro déficit fiscal no es tan alto, y que nos mantengan el Investment Grade, para luego ir nuevamente bien peinaditos a los inversores y mostrarles que tenemos un sote, que somos confiables, que traigan su dinero a este bendito país. Y es verdad, son las reglas de juego, y en un país como Uruguay, fuertemente dependiente de la inversión externa, es muy difícil escapar de estas reglas. Pero aceptemos que estamos jugando a este juego, en lugar de plantear en la presentación de cada proyecto de infraestructura que las decisiones tomadas siempre se basan en que “el Estado es ineficiente” o que “el Estado no tiene plata”.

El esquema en el que actualmente tomamos decisiones de inversión se basa en una regla contable que tiene un fuerte sesgo anti-inversión pública, restringe la inversión en infraestructura y es una de las principales y menos nombradas causas de ineficiencia económica. Resulta imprescindible rediscutir este esquema, con la esperanza de alcanzar un punto más razonable en donde el centro de la discusión de las inversiones públicas vuelva a ser, más que la apuesta a esconderlas contablemente, la real búsqueda de eficiencia económica.


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Bibliografía y Citas:
           FMI. (1986). Manual de estadísticas de las finanzas públicas. Washington: International Monetary Fund, Publication Services.
               FMI. (2001). Manual de Estadísticas de Finanzas Públicas. Washington: FMI.
               House of Commons Treasury Committee. (2011). Private Finance Initiative. London: The Stationery Office Limited.
              House of Lords. (2010). Private Finance Projects and off-balance sheet debt. London: Committee Office, House of Lords.
   Méndez, R. (2015, 07 05). Entrevista a Ramón Méndez en Radio el Espectador. Retrieved from http://www.espectador.com/sociedad/318733/ramon-mendez-galain-y-la-revolucion-energetica-uruguaya
“En muchos casos la preocupación por la solvencia y la eficiencia han pasado a un segundo plano, y el recurso de la inversión privada se ha guiado fundamentalmente por el deseo de eludir la presión de los objetivos de liquidez sobre la inversión pública. Proyectos concebidos con tal propósito en mente pueden no estar bien diseñados desde el punto de vista de la eficiencia o la solvencia.”
Easterly, Irwin y Servén (2008), Walking up the Down Escalator: Public investment and Fiscal Stability, Banco Mundial, pág. 45

“[Una opción] es la adopción lisa y llana de los principios contables del Manual de Estadísticas de Finanzas Públicas 2001 del FMI. (…) En este sentido, estos proyectos podrían contabilizarse en el presupuesto público cuando los gobiernos realizan las amortizaciones de los préstamos, y no al momento de recibirlos, de la misma forma que algunos proyectos de asociaciones público-privadas. Esto permitiría distribuir intertemporalmente la carga financiera, tal como es la práctica en el sector privado.”
Martner y Tromben (2005), Opciones para enfrentar el sesgo anti-inversión pública, CEPAL, pág. 8-9

Citas y comentarios relacionados para el caso uruguayo:

“Una revisión del marco de las empresas públicas debería favorecer, o poner sobre la mesa, lo importante que es que el Uruguay empiece a transitar, lenta pero de manera clara, hacia la adopción del Sistema 2001 del Fondo Monetario Internacional de Contabilidad Pública. No podemos seguir estando en un régimen en el cual las inversiones de las empresas públicas, en el consolidado de la contabilidad del sector público no financiero, son un gasto. Esto es una locura. Restringe las inversiones de las empresas, afecta el desarrollo de la infraestructura en un país –como lo ha señalado el Banco Mundial– en donde este desarrollo está en manos de las empresas públicas. Este no es un país en donde el desarrollo de infraestructura esté en manos de un sector privado muy dinámico; la provisión de infraestructura está, y va a estar por mucho tiempo, en mano de las empresas públicas. Tener un sistema de contabilidad que no favorece a transparentar cuándo una inversión pública es una compra de un activo, y por lo tanto no debe ser consolidado en el ajuste global del sector público no financiero como una erogación de caja, es un tema crucial.”
Gabriel Oddone (2015), Presentación en Seminario de la URSEA

“Teniendo el sello de aprobación de los organismos y su asesoramiento técnico, eso garantiza que estas obras van a ser de alta rentabilidad económica y social. Si así ocurre, podríamos llegar a convencer al Fondo Monetario Internacional (FMI) –que tiene su metodología, pero que está abierto a escuchar estas propuestas– y a las calificadoras de riesgo de no se compute como parte del déficit fiscal porque en rigor esto no es gasto. Se podría tratar como un proyecto autocontenido por fuera de las cuentas públicas. Cuando uno tiene en cuenta los flujos que va a generar este proyecto a futuro y los descuenta apropiadamente, va a tener un valor presente neto positivo. No es deuda sino todo lo contrario, es un activo para el país. Y si está avalado por los organismos –y esto es muy importante–, podemos ir al FMI y decirles, "miren, esto no debería computarse como déficit ni como deuda y por eso lo dejamos aparte". Es una apuesta al crecimiento futuro y al mismo tiempo, a la reactivación presente.”
Ernesto Talvi (2016), Entrevista en Diario El Observador

“Quiero aclarar algo que es importante. En el resultado fiscal, que es el que se divulga mensualmente, no están las pérdidas y ganancias de las empresas públicas, sino las diferencias entre ingresos y gastos. Si las empresas públicas dan ganancias, no importa… Si una empresa pública está gastando por inversiones de altísima rentabilidad USD 2.000.000.000 –una gran inversión–, esa cantidad va al déficit, aunque en la contabilidad patrimonial haya activo, pasivo y no tenga ningún cambio. No mezclemos el concepto de contabilidad patrimonial con lo que el Ministro de Economía y Finanzas tiene que hacer, que es atenerse al Manual de estadísticas de las finanzas públicas vigente en Uruguay, el cual responde a una metodología internacional que nuestro país hizo suya y que es auditada, entre otros, por el Fondo Monetario Internacional. Es el manual que se utiliza para el registro contable y, para mí, tiene un problema, porque hace que las inversiones de las empresas públicas sean consideradas costos, cuando en la contabilidad patrimonial no lo son.”
Fernando Lorenzo (2015), Intervención en la Comisión Investigadora de la situación Económica y Financiera de Ancap

“Increíblemente, lo que en una empresa se registra como un activo fijo, como un bien a amortizar durante varios años, a efectos de la contabilidad pública es un gasto del año, por lo tanto aparece totalmente en el déficit fiscal. Si uno incrementa las inversiones de manera importante, va a aparecer en el numerito mágico, que es el que miran los economistas al final del año y determinan si las cosas estuvieron mal o estuvieron bien.”
Álvaro García (2015), Presentación en Seminario de la URSEA