jueves, 25 de septiembre de 2014

Ni es lo mismo, ni es igual: la política tributaria y el impuesto a la renta en las propuestas electorales de octubre

Diseñar política tributaria es complicado: hay muchos objetivos e instrumentos en juego y en tensión. El objetivo de fondo es recaudar dinero para luego proveer servicios, pero, por ejemplo, algunos impuestos están asociados al uso de un servicio específico (como el pago para obtener partidas de nacimiento), y otros buscan también afectar comportamientos (altos impuestos al tabaco); de lo que se trata también es de tener un sistema impositivo “justo”.

Una forma de financiar el gasto público es mediante impuestos de suma fija: dividimos el costo del estado entre la población y cada uruguayo/a paga su parte y listo (unos 4800 dólares por año). Debería ser evidente que esto es impracticable e injusto: los impuestos de suma fija cobran lo mismo a todos independientemente de sus ingresos, riqueza y capacidad contributiva. El impuesto será chirolas para algunos e imposible de pagar para otros.

Otra forma de financiar el gasto público es mediante impuestos al consumo: con un Impuesto al Valor Agregado (IVA). En cada compraventa se carga un X% al precio del artículo y el consumidor final está pagando el impuesto correspondiente. Los impuestos ad valorem (“al valor”) son un poco más justos: si el señor A gasta $1000 en comida le cobran $200 de impuestos, y si el señor B gasta $100.000 en artículos de lujo, le cobran $20.000 de impuestos. Ahora bien, estos impuestos gravan el consumo efectivo y no la capacidad contributiva: los pobres por ejemplo suelen gastar todo su dinero y los ricos no. Si el señor A gana $12.000 al mes y gasta $10.000 en bienes de consumo, con un IVA de 20% está pagando $2000 de impuesto: un sexto (16,7%) de su ingreso. Si el Señor B gana $1.000.000 al mes y gasta $100.000 en bienes de consumo está pagando $20.000 de impuesto: 2% de su ingreso.


I. El impuesto a la renta

Una forma de evitar los problemas de equidad asociados a los impuestos de suma fija y al valor, es intentar vincular el aporte del individuo con sus ingresos. De hecho, los sistemas impositivos de los países desarrollados combinan una batería de impuestos pero están centrados en Impuestos a la Renta: el principio general es que se gravan los ingresos por todo concepto (sueldos, jubilaciones, alquileres, beneficios, toda “renta”). En general los impuestos a la renta se aplican con un sistema de franjas o bandas: el impuesto varía en función del ingreso de la persona. Nótese que lo que varía es el impuesto marginal (al ingreso adicional): si ingresos de 0 a 100 pagan 10% y de 101 a 200 pagan 20%, una persona que gana 150 paga 10% de sus primeros 100 y luego 20% sobre el resto. En este ejemplo pagaría 19.8, un 13.2% de su ingreso total.

Este es el sistema usado en Europa y en Estados Unidos, y es el sistema que implementó el Frente Amplio a partir de la reforma tributaria. En el caso uruguayo, la reforma además implicó la eliminación de varios impuestos pequeños (como el COFIS puesto durante la crisis de 2002) y el ingreso en un camino de reducción del IVA. El impuesto a la renta funciona a partir de franjas, lo que permite que sea progresivo, es decir, que mayores ingresos paguen porcentajes mayores. La progresividad es algo deseable, primero que nada, para contrarrestar la regresividad de otros impuestos: el IRPF coexiste con el IVA, que pesa más sobre el bolsillo de los pobres. En segundo lugar, la progresividad puede ser deseable en sí misma: el IRPF fue y es un instrumento parcialmente responsable de la reducción de la pobreza, indigencia y desigualdad en los últimos años.

El IRPF contribuye a reducir la desigualdad en forma directa en tanto ingresos mayores pagan mayores impuestos, e ingresos menores pagan menores (o ningún) impuesto. Por ejemplo, la economista de la UdelaR Andrea Vigorito en esta entrevista explica cómo el IRPF contribuye a la reducción de la desigualdad. La discusión sobre por qué es deseable reducir la desigualdad en una sociedad, excede los objetivos de este post. Pero cabe mencionar que más allá de argumentos vinculados a la justicia y temas éticos y/o morales, existen diversas razones para pensar que niveles altos de desigualdad pueden tener un impacto negativo en el crecimiento y el desarrollo económico.

El impacto del IRPF y la reforma tributaria sobre la pobreza y la indigencia es, parcialmente, un corolario de este impacto sobre la desigualdad. Vale recordar que el IRPF sustituyó al Impuesto a las Retribuciones Personales (IRP), que cubría jubilaciones y sueldos de dependientes (pero no otras rentas como ingresos de profesionales independientes, alquileres, beneficios, etc.). El IRP tenía un menor mínimo no imponible: ingresos que hoy no pagan IRPF en su momento pagaban IRP. La sustitución del IRP por el IRPF, junto con la eliminación de impuestos y tasas menores y la reducción del IVA, redujo la carga impositiva que pagan todos los hogares, incluyendo los pobres e indigentes.

La estructura de franjas y tasas es lo que determina que tan progresivo o regresivo es un impuesto a la renta. Por ejemplo, en Estados Unidos se tiene hoy un sistema de siete franjas con una tasa de 39.6% para la última (más de US$ 400.000 al año), aunque la tasa efectiva final es menor en tanto existen deducciones. Esto puede parecer mucho pero en 1981 el sistema comprendía dieciséis franjas, con la mayor pagando una tasa marginal de 70%. Si bien es un tema complejo, para algunos autores la caída de las franjas y las tasas está directamente relacionada con el incremento en la desigualdad económica y la reducción en la movilidad social en el país del norte.

Vale recordar la estructura de franjas actuales del IRPF en Uruguay: ingresos nominales por debajo de $19.734 están exentos, ingresos de $19.734 a $28.190 pagan 10%, de $28.191 a $42.285 pagan 15%, de $42.286 a $140.950 pagan 20%, de $140.951 a $211.425 pagan 22%, de $211.426 a $324.185 pagan 25% y de $324.186 en adelante pagan 30%. Para al cálculo del IRPF se deducen del ingreso nominal aportes jubilatorios, al sistema de salud (FONASA), montos por hijos menores en el hogar, entre otros. ¿Esto qué quiere decir? Por ejemplo, una persona que gane $24.000 nominales al mes debería pagar el 10% de $4.266 (el dinero por encima de $19.734), pero de su ingreso $3.600 son aportes al BPS y $1.080 corresponden al FONASA, por lo que el ingreso gravable para el IRPF es de $19.290, por debajo del mínimo no imponible: ingresos de $24.000 no pagan IRPF. Con respecto a las deducciones por hijos menores, una persona que gane $30.000 paga $798 si no tiene hijos, paga $469 en caso de tener uno, y $11 si tiene dos.

Existen deducciones más complejas de calcular: por ejemplo, aquellos que alquilen una vivienda pueden deducir 6% del gasto en alquiler. Además, los miembros de familias pueden elegir entre tributar independientemente o como Núcleo Familiar (con reglas levemente diferentes). Esta web de la DGI contiene planillas Excel donde uno puede calcular el pago de distintos impuestos (IRPF, FONASA, BPS) en función de sus ingresos, forma de tributación, deducciones, etc. En cuanto a la cobertura del Impuesto a la Renta, los datos presentados por el senador Alfredo Asti en este articulo, muestran que solamente el 25% de la población paga IRPF.

Hasta aquí un poco de contexto para discutir la siguiente cuestión central: ¿Qué prometen los partidos políticos respecto al IRPF (y otros impuestos)? ¿Qué consecuencias tendrían estas propuestas sobre la progresividad del sistema tributario?


II. Las propuestas de los principales candidatos

Comenzando con el Partido Colorado, las propuestas apuntan a subir el mínimo no imponible a $28.190, donde hoy en día comienza la segunda franja (como expresara el ex ministro Isaac Alfie. Para un individuo sin hijos a cargo ni deducciones de alquiler o similar, el IRPF empieza a pagarse actualmente a partir de unos $25.000 de ingreso nominal mensual, en cuyo caso asciende a $36 al mes. La propuesta del Partido Colorado afecta a los individuos con ingresos superiores a $25000 al mes (o $28000 si tienen un hijo menor, $31000 con dos hijos menores, y así). Con esta propuesta un individuo sin hijos que gane $30.000 nominal paga hoy $798 (el 2,7% de su ingreso nominal) y pasaría a pagar cero, mientras que un individuo que gana $50.000 paga hoy $4.054 (8,1% de su ingreso nominal) y pasaría a pagar unos $2.295 (4,6% de su ingreso).[1] Un ingreso de $60.000 paga hoy $5.880 (9.8% del ingreso nominal) y pagaría $3.158 (5,3% del ingreso nominal). Si bien a priori la propuesta beneficia a las personas de menores ingresos dentro del grupo que paga IRPF, quienes tienen mayores descuentos son las personas que están ya por encima de la segunda franja.[2]

La propuesta, por ponerlo de una forma, es “doblemente regresiva”. Primero, porque involucra reducciones de impuestos dentro del 25% de la población con mayores ingresos (y no modifica impuestos al resto de la población), pero además porque dentro de este grupo la propuesta beneficia en mayor medida a aquellos de ingresos más bien superiores (mayor descuento para ingresos de $50.000 y $60.000 que de $30.000). Por otro lado, vale recordar que Bordaberry (como dijo en esta entrevista) ha manifestado interés en eliminar progresivamente el IRPF a través de aumentos sucesivos al mínimo no imponible y la introducción de nuevas deducciones; lo que es extremadamente regresivo. Además, el Partido Colorado propone aumentar el mínimo no imponible del IASS en el corto plazo, y eliminarlo a largo plazo, y también eliminar el IRPF aplicado sobre ciertos alquileres cobrados.[3] Por cierto, el IASS es un impuesto que hoy en día paga aproximadamente el 20% de los jubilados de mayores ingresos, según el ex director general de rentas de la DGI).

Pasando a la propuesta del Partido Nacional, Azucena Arbeleche (eventual ministra de economía) ha manejado la posibilidad de subir el mínimo no imponible al punto medio entre la primera y segunda franja, y bajar la primera tasa de 10% a 5%. De forma similar a lo que ocurre con las propuestas del Partido Colorado, la disminución de tasas generaría una distribución final del ingreso más regresiva.[4] A esto se agrega también la propuesta de reducir y eliminar el IASS.

Más allá de los ejemplos escogidos, el punto es que no alcanza con conservar el IRPF para conservar lo que el IRPF significa y hace: recaudar de la forma más justa posible. Alcanza con “conservar” el IRPF pero permitir deducciones a mansalva (y que sean más funcionales a sectores de altos ingresos que a la clase media o a los demás) para desvirtuar su rol.[5] Alcanza con “conservar” el IRPF pero subir el mínimo no imponible a treinta mil pesos para reducir la progresividad. 

En el caso del Frente Amplio, el programa enuncia de forma general que el objetivo no son “menos impuestos, sino mejores y más justos”. Si bien recientemente dicho partido ha caído en la tentación de prometer deducciones varias y aumentos del mínimo no imponible en el IRPF, no se ha planteado reducir las tasas y, lo que es más importante, se plantea continuar con la sustitución de impuestos indirectos (IVA, IMESI) por impuestos (directos) a la riqueza y al ingreso.[6] Como se señaló antes, esto implica transitar hacia un sistema más cercano a lo observado en países desarrollados, en cuanto supone un mayor peso de impuestos directos sobre los indirectos. A partir del programa del Frente Amplio y a lo realizado en los últimos dos gobiernos, es razonable esperar que un eventual tercer gobierno continúe con la política de aumento del peso del IRPF frente al IVA, lo que redundaría en un sistema impositivo más justo.

La política tributaria ha sido y será un tema de primer orden en las campañas políticas y está bien que así sea. Al igual que en elecciones anteriores, las propuestas del Partido Nacional y Colorado por un lado, y del Frente Amplio por el otro, son muy diferentes. Mientras los “partidos fundacionales” proponen eliminar o minimizar el componente redistributivo de la recaudación tributaria, el Frente Amplio propone aumentarlo. A su vez, las acciones históricas de cada uno de los partidos, tanto en el poder ejecutivo como en el legislativo, han sido coherentes con estas tendencias generales, lo que supone para la ciudadanía una confirmación adicional sobre el carácter siempre contingente de las propuestas electorales. En un contexto en el que se maneja la idea de que, independientemente de quien gane la elección, existiría en Uruguay cierta continuidad en la política económica, vale aclarar que en octubre se eligen, entre otras cosas, propuestas tributarias muy distintas en Uruguay.

Guillermo Alves / Matías Brum
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[1] ¿Cómo se calculó esto? Tomando un ingreso de $50.000 y restando los aportes a BPS y FONASA. Luego considerando que hasta $28.910 no se paga IRPF, y todo ingreso por encima de ese monto paga las franjas ya existentes (15% y 20%).
[2] En el ejemplo anterior, implica una reducción impositiva del 2,7% para ingresos de $30.000, pero del 3,5% y del 4,5% para ingresos de $50.000 y $60.000 respectivamente.
[3] La aplicación del IRPF a rentas inmobiliarias (alquileres) es diferente que a otras rentas (y en especial a rentas del trabajo). Los ingresos por alquileres pagan el 12% después de deducciones y están exentos alquileres de menos de $7.000. Siendo un tema complejo (y dado que solo el Partido Colorado tiene propuestas relativas a las rentas inmobiliarias) lo dejamos de lado en este post.
[4] En particular, retomando el ejemplo anterior de individuos sin hijos ganando $30.000, $50.000 y $60.000, con el sistema actual pagan, respectivamente, $798 (el 2.66% de su ingreso nominal), $4.054 (el 8.1% de su ingreso nominal) y $5880 (9.8% del ingreso nominal). Los cambios en las franjas y en las bandas implicarían pagos de $0 (mejora de 2.66%), $1.411 (mejora de 5.75%) y $2806 (mejora del 3.4%).
[5] ¿Cómo una deducción podría ser más funcional a uno u otro sector? Por ejemplo permitir deducciones por gastos en educación tendrá distinto efecto si las deducciones están topeadas en, por ejemplo, $1.500 al mes, que si están topeadas en, por ejemplo, $15.000 al mes. En el segundo caso son los hogares de mayores ingresos los que pueden disfrutar en mayor medida de las deducciones.
[6] Vale recordar que reducciones a los impuestos indirectos afectan a toda la población. Una persona que hoy gana $30.000 nominal paga $798 de IRPF y tiene un sueldo liquido de $23.314. Si gasta todo su ingreso, con un IVA de 22%, esa persona compra bienes y servicios por valor de $19.110 y paga $4204 de IVA. Bajo las propuestas del PC o del PN esa persona ahorraría los $798 de IRPF. Pero con un IVA al 18%, comprar la misma cantidad de cosas implica pagar un IVA de $3.440, $764 menos que antes.
Foto: http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Justice#mediaviewer/File:Edward_Onslow_Ford_-_Justice.jpg 
Una versión anterior de este artículo fue publicada aquí como parte de una serie de artículos sobre propuestas de política económica en las elecciones de octubre en Uruguay. Agradecemos los comentarios de Carolina Campo y Virginia Cabrera. Esto no implica que ellas compartan parcial o totalmente lo escrito.


jueves, 18 de septiembre de 2014

Otro concepto de apertura: ¿cómo nos orientamos a la innovación?

Uruguay se encuentra en una de las regiones con menos aporte a la innovación. Sin embargo, al igual que otros países vecinos, Uruguay comienza a generar recursos e instituciones que permitan cambiar esta situación. La ANII en si misma es una gran noticia, en particular por sus vínculos con el sector productivo, sus becas de formación en el país y el exterior, y los fondos de investigación que lentamente comienzan a aparecer. [1] Sin embargo, este tipo de esfuerzos necesita una contrapartida desde las universidades en términos de adecuación de estructura, procesos e incentivos. Aunque tenemos sí institutos foráneos que se han instalado en el país con una orientación decidida a la innovación, algunas unidades dentro de las universidades aquí y allá que han logrado adaptarse, o iniciativas innovadoras de carácter individual, en general nuestras universidades no han logrado aún adecuarse para favorecer dinámicas innovadoras.

La nota se basa en la idea de que el sistema universitario debiera ser el núcleo duro de estos procesos de innovación. En este sentido, no hemos logrado adaptarnos y generar complementariedades con dos procesos clave: el primero es la globalización, que expone al país a un escenario competitivo por los recursos más formados, propios y ajenos. El segundo es la entrada en la sociedad del conocimiento, que exige una actualización profesional constante.

Paso a explicar. Salvo algunas excepciones en que Uruguay cuenta con la infraestructura y recursos idóneos para formar investigadores competitivos a nivel global, la formación de recursos de alta calidad en Uruguay es una estrategia ineficiente en comparación con comprar dicha formación en el mercado internacional (al menos para la etapa en que nos encontramos ahora). Es decir, debiéramos concentrarnos en ofrecer las condiciones propicias para que uruguayos o extranjeros formados en el exterior decidan instalarse a trabajar en nuestras universidades. Esto es así porque, recordando el proceso de revolución científica propuesto por Khun [2], Uruguay se encuentra en el estadio de cambio paradigmático. En este estadio existe un desafío de coordinación entre una generación que ocupa los lugares de investigación y liderazgo, y la generación que vuelve formada pero no encuentra un lugar en el país.

Dicha coordinación se viene resolviendo en forma insatisfactoria, de modo que los jóvenes formados tienden a irse a otros países luego de angustiosos procesos insatisfactorios de inserción en Uruguay y los investigadores residentes pierden el beneficio de actualizarse al recibir en el seno de sus instituciones a jóvenes recién formados en centros de excelencia internacional. No logramos complementariedades virtuosas. Es necesario repensar las estructuras, procesos e incentivos de nuestro sistema universitario para lograr mejores niveles de innovación orientada al desarrollo.

A modo de ejemplo anecdótico para ilustrar el problema tenemos el mecanismo de captación de recursos humanos dominante en nuestro sistema universitario. En general, no contamos con concursos competitivos que permitan a jóvenes doctores recién llegados acceder a puestos de dedicación total sin pasar por el tortuoso proceso de tener que ascender en una escala anacrónica por los siguientes 5 a 10 años luego de su llegada. Tampoco contamos en general con procesos de evaluación que eventualmente permitan reemplazar a quien no logra estándares adecuados de productividad.

De este modo, Uruguay no logra completar la transición. Los jóvenes doctores no vuelven o no consideran a Uruguay como destino laboral y el país permanece fuera de los circuitos globales de investigación y desarrollo académico. Se insiste en integrar a los recién llegados en puestos y escalas salariales anacrónicas e incapaces de competir con la oferta global, que no les permiten desarrollar –siguiendo a Lakatos [3]- sus Programas de Investigación. Ante la propuesta de trabajar en programas de investigación ajenos hasta la vejez, éstos se marchan y la transición nunca se completa. 
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[1] Ver memoria 2006-2013 de la ANII: http://www.anii.org.uy/web/content/anii-presenta-su-memoria-2006-2013 
[2] Khun, Thomas. “Th estructure of cientific revolutions”
[3] Lakatos, Imre. "La metodología de los Programas de investigación científica"

jueves, 11 de septiembre de 2014

Epistemología oriental. Tragicomedia en tres actos.



[Nota del editor: reproduzco un curioso manuscrito inédito que encontré en los archivos de Harvard University en Cambridge, Massachusetts. La autora sería una tal María Eugenia Renán. La busqué en Google o gugleé, pero sin suerte.]



Epistemología oriental. Tragicomedia en tres actos.

Por María Eugenia Renán



Personas que hablan en ella:

- Calibán
- Mariel
- Próspero Silva
- Mozo (que guarda un cierto parecido con Nicolás Rotundo)
- Parroquiano (que guarda un cierto parecido con Fabián O’Neill)



La acción, en Montevideo, en un bar cercano a la Facultad de Ciencias Sociales. Calibán, Mariel, y Próspero Silva, cada uno con su copa. El reloj marca las once y cuarto de la noche.







[Acto primero.]



- CALIBÁN:

El éxito de las ciencias sociales estadounidenses es hoy por hoy rotundo. ¿Quién puede negarlo? Más que las universidades francesas o alemanas, las universidades estadounidenses lideran la producción de conocimiento en sociología, economía, y ciencia política. Más que el francés o el alemán, el idioma de las ciencias sociales hace ya tiempo es el inglés. Las universidades en Estados Unidos, dotadas de enormes recursos, ofrecen condiciones inmejorables para la investigación, y así atraen a los mejores estudiantes y profesores del mundo entero. Académicos del mundo entero intentan publicar los resultados de sus investigaciones en revistas en idioma inglés, aun cuando los mismos versen sobre la realidad social de Paraguay, Alemania, o China. Ya que se considera, y con mucha razón, que estas revistas son de mejor calidad que las revistas locales, en idioma español, alemán, o mandarín.

El éxito de las ciencias sociales estadounidenses, pues, nos plantea una pregunta práctica a las academias y universidades de otros países, como el nuestro. ¿Debemos tratar de emular el modelo estadounidense? ¿Contribuiría esto a que nuestras ciencias sociales se desarrollaran más y mejor? Respondo con un rotundo “sí.” ¿Hay argumentos válidos para oponerse al acercamiento epistemológico y metodológico anglosajón? Respondo con un rotundo “no.” Esos supuestos argumentos son en realidad meros prejuicios ideológicos. Son ideas pertenecientes a otra generación, hoy por suerte totalmente obsoletas.

¿Qué hacer, entonces? Si bien los recursos de los cuales disponen los sociólogos, politólogos, y economistas en Estados Unidos son incomparables, y en eso sí que son inimitables, podemos empezar por imitar su modo o estilo de pensamiento. En otras palabras, debemos adoptar el acercamiento epistemológico típico de las ciencias sociales estadounidenses, y en especial lo que ellos denominan “mainstream.” Colegas orientales, jóvenes latinoamericanos: rechacemos el estilo ensayístico, especulativo, y literario que todavía seduce a muchos de nuestros intelectuales a principios del siglo XXI. Incentivemos la investigación empírica rigurosa, como se hace en Harvard, Princeton, y NYU. Aceptemos argumentos sólo en tanto hayan sido corroborados de modo sistemático y metodológicamente sofisticado.

Por fin, tengamos presente que la historia del pensamiento social, político, y económico es irrelevante para la práctica científica (a pesar de su interés intrínseco, o como curiosidad histórica). Los físicos no pierden el tiempo estudiando la Física de Aristóteles o Dos nuevas ciencias de Galileo. ¿Por qué los politólogos habrían de tener que estudiar reliquias como la Política de Aristóteles, los Seis libros de la república de Bodin, o el Leviatán de Hobbes? ¿Por qué los economistas habrían de tener que estudiar a los fisiócratas, Smith, y Ricardo, y los sociólogos a Durkheim, Simmel, y Carlos Rama? La historia de la ciencia es una cosa; la ciencia es otra.



[El mozo, que guarda un cierto parecido con Nicolás Rotundo, asiente. Los demás guardan silencio. Mariel hace que no con la cabeza. Se prende un pucho y lentamente empieza a hablar. (Aparentemente en el bar se puede fumar.)]



- MARIEL:

Qué sarta de disparates y sinsentidos. Las ideas pertenecientes a otra generación, hoy por suerte totalmente obsoletas, son las que acabamos de escucharte expresar, Calibán. No te lo tomes a mal, pero deberías mirar menos TED talks e ir más a la biblioteca. La filosofía y la sociología de la ciencia han demostrado que no existe una perspectiva epistemológica o estilo de pensamiento superior. Autores como Kuhn, Ludwik Fleck, y David Bloor nos han enseñado que las proposiciones científicas sólo tienen sentido dentro de una comunidad o paradigma. De esto se sigue que es imposible cotejar el conocimiento producido por distintas comunidades científicas; son literalmente inconmensurables.

Kuhn y sus discípulos han estudiado mayormente las ciencias naturales, pero sus argumentos se aplican a fortiori a las ciencias sociales. En este sentido, la investigación social, política, y económica en Estados Unidos no es mejor que la uruguaya. Son tradiciones diferentes, que parten de presupuestos epistemológicos diferentes, que tienen objetivos diferentes, y cuyo mérito no puede ser juzgado sino desde dentro. Es un poco como los estilos y escuelas en la historia del arte. O como los idiomas; el guaraní no es ni mejor ni peor que el turco.

Es más, te puedo explicar sociológicamente el propio hecho de que vos, Calibán, veas a los Estados Unidos como el modelo a seguir. Las ciencias sociales se han globalizado, y esta globalización ha incrementado la hegemonía o dominación epistemológica estadounidense, una de cuyas causas es justamente los recursos que mencionabas antes.



- CALIBÁN:

Y dale con las teorías de la conspiración…



- MARIEL:

Para nada; yo no dije que hubiera intencionalidad, ni reuniones secretas en Washington o Nueva York. Tampoco dije que el positivismo yanqui estuviera alineado con los intereses reaccionarios de la burguesía internacional y el capitalismo imperialista y ese tipo de cosas. Pero sería ingenuo no reconocer que los recursos materiales tienen un efecto en la difusión y aceptación de las ideas científicas. Un efecto estadísticamente significativo, sin lugar a dudas. Si no entendés eso, no entendés nada de sociología del conocimiento.

¿Qué hacer, entonces? ¿Tratar de convertir a nuestras ciencias sociales en una copia berreta de las ciencias sociales estadounidenses? Por supuesto que no. Primero que eso sería irracional. Además, el que haya tradiciones epistemológicas locales no nos debería avergonzar. Colegas orientales, jóvenes latinoamericanos: en las ciencias sociales hay una rica tradición o paradigma latinoamericano. Desarrollemos y mejoremos este acercamiento epistemológico, que aprovecha lo que tenemos y lo que somos. El conocimiento humano no puede ser totalmente objetivo. Un economista, politólogo, o sociólogo es a fin de cuentas un ser humano, no un dios, y entonces debe observar la realidad desde una perspectiva particular. Cada perspectiva permite ver algo distinto. ¿Por qué no usar esta ventaja comparativa y maximizar las potencialidades que nos ofrece?

Por fin, tenemos que combatir la “nordomanía” imperante, como nos lo pedía Rodó en el novecientos. Alguno recordará sus palabras a César Zumeta, refiriéndose al Ariel: “Le envío un ejemplar de un libro mío que acaba de salir de la imprenta. Es como Ud. verá, algo parecido a un manifiesto dirigido a la juventud de nuestra América sobre ideas morales y sociológicas. Me refiero en la última parte a la influencia norteamericana. Yo quisiera que este trabajo mío fuera el punto inicial de una propaganda que cundiera entre los intelectuales de América. Defiendo ahí todo lo que debe sernos querido como latinoamericanos y como intelectuales.”



- PARROQUIANO (que guarda un cierto parecido con Fabián O’Neill):

Tenés razón. Yanqui go home. Viva el espiritualismo. Las espirituosas. Y el Espinillar.



- PRÓSPERO SILVA:

Amigos míos: en mi modesta opinión nos estamos apresurando. Nos está faltando claridad conceptual. Por un lado no entiendo qué es ese tal “modelo estadounidense.” Me parece una caricatura de cuarta. Tampoco me queda claro en qué sentido estamos hablando de comunidades epistemológicas, siendo que dentro de cada país hay diferencias epistemológicas y metodológicas enormes. De hecho, dentro de cada país hay desacuerdos y debates explícitos sobre epistemología y metodología.

Y qué decir de la idea de una epistemología latinoamericana o una epistemología oriental. Hay costumbres uruguayas, como tomar mate, el asado, e ir el domingo (o el sábado) al Paladino. Hay escritores uruguayos, como María Eugenia Vaz Ferreira, Marosa, y Leo Maslíah. Hay científicos uruguayos, como Clemente Estable, Rodolfo Tálice, y Henry Engler. Hay ilustres institutos de ciencia política uruguayos. ¿Pero una epistemología específicamente uruguaya? ¿O al menos latinoamericana? Es un argumento cuando menos discutible que los científicos sociales uruguayos exhiban un “estilo” de pensamiento; que piensen de una forma particular. Y en todo caso es una hipótesis empírica, cuyo valor de verdad desconozco.

Y aparte, Mariel, vos salís hablando de Kuhn, Fleck, y Bloor, pero nos estás contando la mitad de lo que aprendiste en la biblioteca. La mitad que te conviene. Es verdad que las ideas, las creencias, y el conocimiento tienen causas sociales; la sociología nos ayuda a explicar la prevalencia y popularidad de ciertas creencias, incluso de ciertas teorías científicas y presupuestos epistemológicos. Pero esta es una proposición autorreferencial, es decir, que también se aplica a sí misma. ¿Acaso tus creencias y tu conocimiento no están determinados socialmente también? ¿Cómo es posible que vos tengas más claridad que el común de los mortales y el común de los orientales? Calibán y sus amistades proponen emular la epistemología de los economistas, politólogos, y sociólogos estadounidenses; Mariel y sus amistades la rechazan terminantemente. Si la sociología es capaz de explicar aquella postura, también debería ser capaz de explicar ésta, ¿no?

En fin, como decía Epiménides, aquel recordado lateral derecho del Panathinaikos, es menester…



- MOZO (que guarda un cierto parecido con Nicolás Rotundo) [interrumpiendo]:

¿Te sirvo otra cañita, Próspero?



[Fin del primer acto.]







[Nota del editor: sobre la universidad y la investigación en Uruguay, ver también las notas de los compañeros Majo Álvarez (“Asentamientos, académicos y política”); Juan Bogliaccini (“La investigación científica: pertinencia y validez”); Carlos Bianchi (“¿Quién define los criterios de evaluación de la investigación en ciencias sociales en Uruguay?”); Aníbal Corti (“La investigación científica en el Uruguay”); y Cristian Pérez Muñoz (“Exigirnos más” y “Rankings y mediciones para llorar y reír”).]