Es la biología, estúpido!

Cómo deje de ser un cientista social arrogante

Dudé mucho si escribir esta nota porque ya conozco lo que es ser defenestrado por buena parte de mis colegas cientistas sociales por ser fascista, racista, carente de corazón, moral, o peor aún, de no ser de izquierda. Pero luego pensé, dado que carezco de corazón y moral poco tengo para perder.

Hace unos 5 años daba un curso de criminología en Uruguay donde incluía un módulo de teorías biológicas del crimen. Si bien hacia un esfuerzo por ser justo, mi conclusión era que estos enfoques eran bastante problemáticos y que la evidencia empírica era bastante contundente señalando la debilidad explicativa de esta perspectiva. Y esto a mi me tranquilizaba porque, honestamente, me angustiaba pensar que podrían haber factores heredados que condenaran de antemano a algunas personas a caer en conductas delictivas y a ser perseguidos y castigados injustamente por las instituciones penales.

5 años después, tengo que reconocer dos cosas: Primero, estaba equivocado respecto a la irrelevancia explicativa de los modelos biológicos, seguramente porque había estudiado el tema en forma sesgada y prejuiciosa (como corresponde a un cientista social ignorante en genética, biología, neurociencia, etc..) ¿Tal vez un mecanismo mental de wishful thinking afectó la forma en que recabé la evidencia?. Segundo, que la angustia que me generaba la posibilidad de la influencia biológica es falaz y se basaba en una visión simplista y limitada del enfoque biológico, y lo que es más, también afectaría al uso y aplicación de las propias ciencias sociales (ver la segunda crítica del/en el siguiente apartado).

En lo que queda quiero profundizar un poco en qué me hizo cambiar de opinión respecto al enfoque biológico en crimen, lo cual implicará: contarles algunas criticas injustas que suele recibir la biología del crimen; hacer un pantallazo rápido y furioso de la actualidad de algunos estudios biológicos; y finalmente concluir con un llamado de atención a que los cientistas sociales uruguayos que nos dedicamos al crimen no ignoremos la biología [1].

Cuatro formas jodidas que los cientistas sociales usamos para descartar el enfoque biológico

Quisiera primero hablar de cuatro resistencias inmediatas que genera el enfoque biológico en el cientista social ignorante y soberbio. Las cuatro constituyen variantes de la falacia del espantapájaros que consiste en construir una caricatura exagerada y deteriorada del argumento o teoría al que nos oponemos para facilitar su critica.

 1. “¿Cómo vas a venir a revivir al médico italiano fascista ese de Lombroso y el análisis de los cráneos?” [2]  Primer ataque falaz e innecesario. En las últimas tres décadas ha tenido lugar un desarrollo extraordinario de la neuro criminología (y luego daré algunos ejemplos). Nadie serio pretende en la actualidad usar ni los métodos ni las teorías de Lombroso para explicar el delito. Es como si para criticar un análisis económico citáramos a Adam Smith o David Ricardo. Aunque estas criticas generan vergüenza ajena dada su ordinariez, son moneda corriente y lo más triste, no sólo en Uruguay, también en el ámbito internacional. De hecho, hace poquito participé en Nueva York en un taller con expertos de bastante nivel y me tiraron a Lombroso por la cabeza con total alegría.

2. “Con tu enfoque biologicista lo que haces es plantear un mundo determinista donde hay un grupo de individuos que están de antemano condenados a delinquir”. Uno puede compartir que lo mejor sería vivir en un mundo donde las personas seamos lo más libres y autónomas posibles. Pero parece inapropiado que ese deseo nos lleve a descartar enfoques o resultados de investigación porque no coinciden con el mundo en que nos gustaría vivir. Pero además, adjudicarle determinismo a los enfoques biológicos es injusto. Si uno se toma el trabajo de leer las versiones actuales observará que hay un rechazo total hacia asumir que las personas están determinadas biológicamente a comportarse de una manera específica. De hecho, las mejores versiones del enfoque biológico jamás conectan los rasgos biológicos con el comportamiento sino con predisposiciones, tendencias, vulnerabilidad, u orientaciones que pueden potencialmente actualizarse en comportamiento. Como casi toda la ciencia que conozco que intenta explicar los bichos raros que son los humanos, los modelos son probabilísticos, no determinísticos. O sea, ni determinismo, ni asociación directa entre aspectos biológicos y comportamiento. Pero además, como señaló hace muuuucho tiempo Dawkins en The Extended Phenotype (1982) hay algo mas grave y básico. ¿Por qué ponemos el grito en el cielo cuando nos muestran una asociación entre un factor biológico y una conducta de riesgo, y no tenemos una reacción parecida cuando ese factor es social o cultural? ¿Por qué no nos aterroriza igualmente la posibilidad del determinismo? En principio no hay diferencia entre causas genéticas y causas ambientales. Algunas causas de ambos tipos serán difíciles de revertir, otras mas fáciles, pero lo importante es que no hay nada que indique a priori que las influencias genéticas tengan que ser mas irrevocables que las ambientales.

 3. “Con el enfoque biologicista ignoras toda la investigación criminológica que ha demostrado la importancia del ambiente, de lo social, cultural, económico, las instituciones, etc”. Nuevamente, es ridículamente injusto. Los enfoques recientes de la biología entienden al comportamiento delictivo como una interacción entre la conformación biológica y el entorno físico y social. Los estudios conducidos por Sarnoff Mednick son un ejemplo de investigación bio-social. Mednick y Kandel (1988) observaron como los jóvenes con mayores anomalías físicas como marcadores de mal desarrollo neuronal en la etapa fetal tenían mayores probabilidades de involucrarse en comportamientos violentos. No obstante, también demostró que si además los sujetos pertenecían a hogares inestables y desestructurados la probabilidad de comportamiento violento crecía exponencialmente. Otro ejemplo de investigación bio-social es el estudio clásico de Moffit, Caspi y otros colegas (2002) donde muestran cómo la combinación de bajos niveles del gen MAOA y el haber sufrido serios problemas de abuso infantil, incrementan áltamente la probabilidad de ser adultos con un involucramiento delictivo serio y persistente. Miren si será moneda corriente y relevante el análisis de las interacciones bio-sociales en crimen, que en una de las publicaciones más recientes e interesantes en la disciplina es el “Handbook of Bio-Social Criminology” de Routledge editado por De Lisi & Vaughn (2014).

 4. “¿Cómo vas a venir a plantear ese enfoque biologicista que lo que propone es el desarrollo de políticas preventivas estigmatizadoras eugenésicas de detección temprana?” Lamentablemente muchos autores han planteado explícita o implícitamente políticas de este tipo. Inclusive, el propio Adrian Raine en su último libro, The Anatomy of Violence: The Biological Roots of Crime’, sugiere, en el capítulo 11, un mundo bastante aterrador que no tiene mucho que envidiar a distopías mostradas en películas como “Minority Report” o la “Naranja Mecánica”. No obstante, rechazar a los enfoques biológicos del crimen por estas razones constituye una falacia ‘ad consecuentiam’, donde no evaluamos el aporte al conocimiento de estos enfoques sino por las consecuencias negativas de su aplicación práctica a la solución de problemas. Algo parecido a descartar la física de Einstein porque permitió desarrollar la bomba nuclear. Pero adicionalmente, creo que es importante nuevamente no aferrarse a las peores versiones. Dentro del enfoque biológico se están desarrollando una serie de recomendaciones de política pública alternativas en relación a la prevención del delito, las cuales están basadas en estudios empíricos que muestran interesantes, costo-efectivas y prometedores resultados en este ámbito.. Por ejemplo/en este sentido, existen estudios que han mostrado cómo el uso de dietas pobres en vitaminas y minerales generan problemas en ciertas funciones cerebrales ayudando a provocar comportamientos violentos y antisociales (Schoenthaler & Bier, 2000). A raíz de ello, Raine junto a otros colegas han mostrado como incluir suplementos de Omega 3 en tratamientos permite reducir problemas de agresión tanto en niños como en adultos. Otros estudios han demostrado que el uso de la meditación – mindfulness ayuda a controlar las emociones negativas a través de la regulación de la actividad de la amigdala y el cortex prefrontal (Murakami et al., 2015). Estudios de neuroimagen relacionan dichas estructuras con las emociones y la impulsividad, respectivamente.

  ¿Y sí que tienen para decir los enfoques biológicos del crimen más recientes?

 En los últimos 30 años ha habido un resurgimiento de la neurocriminolgía debido a la publicación de estudios que ponen de manifiesto la importancia del componente biológico en la explicación del comportamiento violento y criminal.. Quisiera mostrarles algunos ejemplos de dichos estudios pertenecientes a diferentes áreas dentro del enfoque biológico. En primer lugar, existen algunos estudios que describen casos clínicos en los que pacientes que han sufrido accidentes o algunas enfermedades como la demencia o epilepsia ), muestran alteraciones notables del comportamiento debido a que áreas cerebrales se han visto afectadas. Por ejemplo, Raine (2014) relata un caso ilustrativo donde se observó cómo la presencia de un tumor afectó el su comportamiento sexual del paciente, particularmente en relación al consumo de pornografía infantil y el abuso de su hijastra. Una vez que el tumor fue extraído dichos comportamientos desaparecieron. Algunos años después, estos comportamientos volvieron a aparecer, y los análisis clínicos posteriores demostraron que lo que también había vuelto a aparecer era el tumor que se había extirpado inicialmente!

 En segundo lugar, existe una larga tradición de estudios genéticos que utilizan los estudios de familias, gemelos (idénticos y mellizos) y adopción para comparar qué porcentaje de la conducta criminal es explicado por el ambiente y qué porcentaje es explicado por la herencia (es decir, genética). Sorprendentemente (al menos para un cientista social terco y resistente a creer en la biología, como lo fuí buena parte de mi vida), muchos estudios han demostrado que existe una asociación consistente y significativa entre la herencia y el comportamiento delictivo. Estudios genéticos de delincuentes persistentes (es decir, que continúan delinquiendo durante buena parte sus vidas) han mostrado que el componente genético explica entre el 56% y 70% la probabilidad de ser clasificado como persistente (Barnes et al 2011). En lo que refiere a agresiones sexuales, algunas investigaciones muestran que el 40% es causada por factores genéticos ajenos al ambiente (Långström et al., 2014). Finalmente, estudios genéticos de violencia doméstica encontraron que la herencia lograba explicar hasta aproximadamente un 50%! (Barnes et al. 2013).

 Un tercer tipo de estudios a tener en cuenta son los estudios fisiológicos, los cuales básicamente buscan asociar el delito y la desviación a problemas asociados a las funciones vitales del sistema nervioso simpático como el ritmo cardiaco, la conductancia de la piel y ondas cerebrales mediante el uso de anillos emocionales o electrocardiogramas. Estudios en los últimos diez años han mostrado que la psicopatía y las reacciones agresivas en todas las edades están asociadas con la baja tasa cardiaca y con la conductancia de la piel (Raine et al. 2014; Lorber, 2004). Este ha sido el marcador biológico más replicado en la literatura.

Finalmente, las técnicas de neuroimagen han constituido una auténtica revolución en el ámbito de la neurociencia. Estos estudios emplean scanners y buscan medir anormalidades del cerebro tanto en su forma o estructura, como en el tipo de funcionalidad y activación que poseen diferentes áreas cerebrales. [3]  Umbach y otros colegas (2015) así como Yang y Raine (2009) han encontrado que cuando el cortex prefrontal o la amígdala exhiben menores niveles de volumen o anormalidades en el funcionamiento, hay mayores probabilidades de que los individuos exhiban falta de miedo y empatía, agresividad y comportamiento antisocial.

  Y entonces…?

 Por todo esto creo que el hecho de que buena parte de los cientistas sociales que estudian el crimen rechacen tajantemente a la biología es algo grave y debe llevarnos a la reflexión. Creo que es importante que los cientistas sociales del crimen cambien radicalmente la actitud frente a la biología y tengan una actitud menos arrogante al respecto. Es posible que mucho de lo que creemos respecto a los determinantes del delito y la violencia sea parcialmente cierto o incluso falso debido a sesgos de nuestros estudios que rara vez o nunca controlan por variables de tipo biológico. Si de verdad queremos hacer valer nuestros resultados o estudios, o incluso si queramos aferrarnos ala hipótesis de que la biología tiene poco para aportar explicativamente, deberemos empezar a adquirir formación y entrenamiento en el área o, al menos, asociarnos con partners/colegas que sepan del tema para poder demostrarlo/rebatirlo empíricamente. Un debate abierto y sin censuras de parte de las revistas especializadas y de los organismos financiadores enriquecería enormemente la disciplina. Al mismo tiempo, creo que es legítimo rechazar, por razones morales, ciertas políticas sugeridas desde/por este enfoque. Pero igualmente me pregunto: ¿sería moralmente aceptable y correcto, ignorar los recientes resultados derivados de la biología aún cuando pudiéramos en parte utilizarlos para pensar políticas no intrusivas y no estigmatizadoras que ayudaran a ofensores, victimas y sus familias? Ojala que esta duda te despierte la curiosidad por explorar esta temática con menor prejuicio tal como me paso a mi.

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[1] Buena parte de lo que sigue en esta nota (sino toda) esta basada en una presentación que hicimos con tres colegas (María Julia Acosta, Santiago Peyru, y Olga Sánchez de Ribera) en El III Congreso Nacional de Sociología en Uruguay. De hecho la revisión teórica con los cuatro enfoques fue desarrollada en concreto por Sánchez de Ribera y acá se la robo en forma descarada y sicopática (las ventajas de no haber sido detectado tempranamente por alguno de los estudios biológicos que luego describiré…)


[2] Uno de los padres fundadores de la criminología por introducir el método científico en la disciplina, pero por otro lado, muy cuestionado por los métodos usados, deformaciones y asimetrías fisiológicas. Postuló que la propensión al crimen de los ofensores podía ser deducida de rasgos fisonómicos (asimetrías craneales, formas de mandíbula, orejas, etc.). Terminó sus días escribiendo sobre casas embrujadas…

[3] Los tipos de estudios mas utilizados son MRI (imagen de resonancia magnética), fMRI (imagen de resonancia magnética funcional, y PET (tomografía de emisión por positrones).



Referencias

 DeLisi, Matt and Vaughn, Michael G (2014) ‘The Routledge International Handbook of Biosocial Criminology’

 Lorber, M. F. (2004). Psychophysiology of aggression, psychopathy, and conduct problems: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 130,531-552.

 Mednick y Kandel (1988) Genetic and perinatal factors in violence, in Mednick & Moffit (ed.) Biological contributions to crime causation, 121 – 134.

 Caspi et al (2002) ‘Role of genotype in the cycle of violence in maltrated children’, Science 297, 851 – 854.

 Raine, Adrian (2014) ‘The Anatomy of Violence: The Biological Roots of Crime’

 Schoenthaler, Stephen and I. Bier. (2000). The effect of vitamin-mineral supplementation on juvenile delinquency among American schoolchildren: A randomized double-blind placebo-controlled trial. Journal of Alternative and Complementary Medicine, 6, 7−18.

 Umbach, R., Berryessa, C., & Raine, A. (2015). Brain Imaging Research on Psychopathy: Implications for Punishment, Prediction, and Treatment in Youth and Adults. Journal of Criminal Justice, http://dx.doi.org/10.1016/j.jcrimjus.2015.04.003

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