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Que no se nos escape la tortuga: igualdad y justicia distributiva

Esta nota es estimulada por un comentario anónimo de un lector del blog a la nota escrita la semana pasada sobre igualdad (Gente Divina). El comentario, que trasmite una honesta preocupación por el problema de la desigualdad, consiste en tres afirmaciones que uso como disparadores para la discusión. Para muchos una sociedad distributivamente justa no requiere un principio de igualdad; para otros una sociedad justa no tolera desigualdades profundas. La nota discute las nociones de justicia e igualdad a la luz de ejemplos del Uruguay tomando partido por el supuesto de no tolerancia hacia desigualdades profundas. 
            La primera afirmación, “de nada vale la igualdad si igualamos para abajo”, manifiesta una preocupación por generar riqueza para distribuirla en lugar de distribuir miseria. Imaginemos a un individuo igualitario. La preocupación que orienta su accionar podría surgir de ésta pregunta: ¿por qué alguna gente está tan mal dado que hay gente que está tan bien? La pregunta refiere al problema de la distancia relativa entre los miembros de una misma sociedad e interpela al igualitarista que se encuentra entre “la gente que está tan bien” sobre la posibilidad de renunciar a una parte de sus ingresos en favor de quienes están “tan mal”. “Igualar para abajo” puede referir al problema de desincentivar la generación de riqueza. Sin embargo, nuestro igualitarista reconoce que, una vez generada la riqueza, redistribuir para paliar desigualdades profundas implica necesariamente la renuncia a parte del ingreso generado por sí mismo.
            La segunda afirmación del comentario está atada a este punto: “la desigualdad se reduce aumentando los ingresos de los que menos tienen y no acosando a los que más tienen”. Esto no es necesariamente cierto (obviando la connotación negativa del verbo ‘acosar’). Si los ingresos de los que menos tienen crecen, pero en menor medida que los ingresos de los que más tienen, entonces la desigualdad aumenta. La pobreza puede disminuir, pero la desigualdad aumenta. La principal corriente de liberalismo igualitarista, liderada por el trabajo del filósofo J. Rawls, propone que si una desigualdad favorece a los que están peor, entonces ésta es deseable frente una situación de mayor igualdad pero menos favorable para quienes están peor. Esto se conoce como el “principio de diferencia”. Uno de los filósofos que más ha discutido éste principio es G.A. Cohen, quien lo considera un piso mínimo de justicia distributiva. Tomemos este piso como criterio para analizar un conjunto de desigualdades existentes en el Uruguay ante el espejo de la justicia distributiva. Este principio de diferencia puede no serle suficiente a nuestro igualitarista, pero si la desigualdad analizada no satisface dicho principio, menos puede satisfacer un igualitarismo más estricto.  
Los siguientes dos ejemplos involucran a un igualitarista que es muy favorecido por una distribución determinada. Esto nos permite reflexionar sobre, como afirma el comentario que disparó esta nota, por donde a cada uno “se le escapa la tortuga” de la igualdad. El primer ejemplo es la reforma tributaria de 2006. La reforma genera una desigualdad en tanto el porcentaje de tributación de las diferentes categorías de ingreso difiere y lo hace de forma que quienes están peor no tributan y quienes están mejor tributan mucho. Apliquemos el principio de diferencia: la desigualdad mejora la situación de quienes están peor. Si soy un igualitarista y me encuentro en un grupo favorecido de la sociedad, entonces la reforma va en el mismo sentido que mi ideal moral.
Este igualitarista podría, sin embargo, argumentar que el impuesto es excesivo. En la figura que sigue se observa el promedio para el periodo 1990-2007 del índice Gini de distribución de ingreso y la tasa máxima del impuesto a las personas (IRPF en Uruguay) para diferentes grupos de países [1]. Los datos son del Banco Mundial y los círculos azules son promedios de países agrupados por tipos de capitalismo (Bogliaccini 2011) [2]. Dos conclusiones importantes se desprenden para que este igualitarista ataje la tortuga: primero, existe una correlación entre pagar más impuestos y reducir la inequidad, incluso controlando por nivel de desarrollo. Segundo, que el impuesto a la renta en Uruguay es menor que en los países desarrollados.


El segundo ejemplo atañe a un igualitarista que sea funcionario público y goce de inamovilidad laboral. Esta inamovilidad genera una distribución desigual de los riesgos de empleo de los trabajadores uruguayos. Como sucedió en 2002, cuando el país entra en crisis el desempleo afecta desproporcionalmente al sector privado de la economía. ¿Contribuye esta desigualdad a mejorar la situación de quienes están peor? Ciertamente no, dado que los sectores menos favorecidos de la población tienen empleos mayormente informales y cuentapropistas (Filgueira et al. 2005).
            En conclusión, sugiero que una sociedad que desee avanzar hacia un desarrollo con un componente fuerte de justicia distributiva sin que “se le escape la tortuga” de la igualdad, debe avanzar hacia formulas redistributivas de fuerte gasto pero universalistas, no particularistas. Las formulas particularistas, que en Uruguay abundan, favorecen a los sectores con mayor capacidad de presión, que casi nunca son los que “están tan mal”. Este es, en mi opinión, nuestro principal desafío redistributivo.   


[1] El índice de Gini varía entre 0 y 1, siendo 0 un mundo totalmente igualitario y 1 uno totalmente desigual. En el mundo, los países varían entre más o menos 0.24 (nórdicos) y 0.67 (Sierra Leona).
[2] Nórdicos: Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca; Mediterráneos: Francia, España, Italia y Portugal; Liberales: US, UK, Nueva Zelanda y Australia; Continentales: Alemania, Holanda, Austria y Bélgica; Asiático: Japón y Corea.    

Bogliaccini, J. Varieties of capitalism in peripheral political economies. Notas presentadas en Conferencia sobre ‘Dualización del mercado laboral en América Latina y Europa’. Chapel Hill, Abril de 2011.
Cohen, G.A. 2008. Rescuing Justice and Equality. Harvard University Press. Cambridge.
Rawls, J. (1971 and) 1999. A theory of Justice. Harvard University Press. Cambridge.
Filgueira, F., Rodriguez, F. Rafaniello, C. Lijstenstein, S y P. Alegre. 2005. Estructura de riesgo y arquitectura de protección social del Uruguay actual: crónica de un divorcio anunciado. Revista PRISMA, no. 21. Universidad Católica del Uruguay.

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